Microsoft compró tanto software para probar Windows 95 que rompió el sistema de cobro de una tienda

El equipo de desarrollo de Windows 95 compró casi todos los programas para PC que la caja registradora se bloqueó al superar los 10.000 dólares, obligándoles a fraccionar el pago.
En los años 90, lanzar un sistema operativo significaba enfrentarse a un reto técnico mayúsculo, ya que no solo debía funcionar correctamente, sino hacerlo con decenas de programas creados por terceros, sin margen para errores ni actualizaciones de última hora.
Microsoft lo sabía bien cuando se preparaba para el lanzamiento de Windows 95, una versión clave que marcaría un antes y un después en la historia de la informática. Fue en ese contexto cuando el equipo de desarrollo decidió poner a prueba el sistema.
Decidieron comprar todos los programas disponibles en una tienda de software estadounidense para probar uno por uno si funcionaban bien con el nuevo sistema. Pero nadie se imaginó que aquella compra terminaría colapsando la caja registradora del establecimiento.
El ingeniero a cargo tuvo que improvisar, donde dividió la factura en tramos más pequeños para completar la operación y llevarse todo. Lo curioso es que no fue una compra cualquiera, sino una estrategia real para garantizar que Windows 95 estuviese preparado para el mundo real.
Un sistema de cobro no preparado para Windows 95
Según Raymond Chen, uno de los veteranos más reconocidos dentro de Microsoft, afirma que uno de los desarrolladores principales de Windows 95 cogió su camioneta, fue hasta una tienda Egghead Software y compró una copia de absolutamente todo el software que tenían en las estanterías.
Se trataba de una oportunidad única para asegurar que la compatibilidad con el ecosistema de aplicaciones y programas de aquel tiempo estuviera garantizada desde el primer día de lanzamiento del sistema operativo.
Cabe señalar que en los años 90 no existían actualizaciones automáticas, ni parches instantáneos de nuevas versiones, ni soporte remoto. Cada fallo que se presentara en la versión final podía suponer un problema real para los usuarios.
Por eso, desde Microsoft se plantearon una estrategia poco convencional, pero extremadamente eficaz, que era comprar el software más popular del mercado y probarlo internamente antes del estreno oficial de Windows 95.
Sin embargo, el sistema de la propia tienda no pudo gestionar el pedido, sobre todo porque la compra superaba los 10.000 dólares, y la caja registradora —como muchas en aquella época— tenía un límite integrado que bloqueaba transacciones por encima de esa cantidad.
El motivo era práctico, pero se asumía que ningún cliente haría compras de ese valor con un pago directo, sino mediante una orden de compra corporativa. En ese instante, el ingeniero de Microsoft, lejos de abandonar el plan, buscó una solución inmediata.
Y en su búsqueda dividió el pedido en múltiples pagos parciales que no sobrepasaban el umbral. De esta manera, logró completar la compra y salir de la tienda con docenas de programas bajo el brazo. Un pequeño gesto que ilustra bien la mentalidad de aquellos años. De vuelta en las oficinas de Microsoft, el lote de software fue depositado en la cafetería de la empresa.
Allí, cada miembro del equipo de Windows 95 tenía la tarea de elegir dos programas, instalarlos en sus máquinas, probarlos a fondo y reportar cualquier incompatibilidad, por mínima que fuera. Era un trabajo manual y prolongado, pero también muy efectivo para detectar errores importantes.

Este sistema no solo ayudó a detectar errores antes del lanzamiento, sino que convirtió el proceso de compatibilidad en una responsabilidad compartida. No era un equipo aislado de calidad, eran los propios desarrolladores quienes se implicaban directamente para pulir la experiencia del usuario final.
Hoy, las versiones preliminares de Windows y de cualquier otro sistema operativo se prueban en ciclos automáticos, se corrigen errores en remoto y se despliegan parches en tiempo real. Pero hace apenas tres décadas, ese nivel de respuesta inmediata no existía.
La única forma de asegurar estabilidad era probar, comprobar y volver a probar. Es por esta razón que la historia de la caja registradora bloqueada en Egghead Software puede sonar curiosa, incluso simpática, pero encierra una lección importante, que es garantizar que las cosas funcionen no es solo cuestión de tecnología, sino de compromiso.
En ese momento, Microsoft no dudó en vaciar una tienda si eso ayudaba a que Windows 95 funcionase como debía. Y aunque ahora se hable de inteligencia artificial, asistentes virtuales o diseño, esa misma obsesión por la compatibilidad sigue siendo el motor de cualquier gran lanzamiento.

