Ni Barcelona ni Londres o Venecia, así se vería la Tierra si todo el hielo se derritiera: un vídeo que te dejara sin palabras

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Si todo el hielo terrestre se derritiera, el mar subiría unos 66 metros y cambiaría las costas del planeta, pero hablamos de un proceso de miles de años, no de algo previsto a corto plazo.
Imaginar cómo cambiaría la Tierra si desapareciera prácticamente todo el hielo almacenado sobre los continentes permite hacernos una idea de la enorme cantidad de agua que permanece hoy fuera de los océanos.
Una conocida animación de Science Insider permite imaginar ese escenario extremo y redibuja los continentes suponiendo que desaparece prácticamente todo el hielo que hay sobre tierra firme.
La cifra utilizada en esos mapas ronda los 66 metros de aumento medio global, equivalentes a 216 pies, aunque el USGS maneja actualmente una estimación cercana a 70 metros.
Cabe señalar que la mayor parte del agua está concentrada en dos enormes depósitos: la Antártida, que aportaría unos 58 metros, y Groenlandia, alrededor de otros siete, mientras que los glaciares terrestres completarían el resto.
National Geographic, cuyos mapas de 2013 sirvieron de base para el vídeo publicado en 2015, situaba un planeta prácticamente libre de hielo en escalas superiores a 5.000 años bajo un calentamiento sostenido.
Por otro lado, el IPCC proyecta para finales de este siglo aumentos mucho menores, desde 0,28–0,55 metros con emisiones muy bajas hasta 0,63–1,01 metros con emisiones muy altas.
Europa perdería buena parte de sus actuales zonas costeras

Con una subida semejante, Países Bajos y Dinamarca perderían extensas superficies y el Mediterráneo penetraría mucho más tierra adentro. Venecia, situada prácticamente al nivel actual del mar, dejaría de parecerse a la ciudad que conocemos.
Londres sufriría una transformación enorme alrededor del Támesis. Barcelona también perdería amplias zonas costeras y bajas, pero sería incorrecto decir que desaparecería completamente.
Fuera de Europa, Florida quedaría prácticamente bajo el agua y la costa atlántica de Estados Unidos cambiaría drásticamente. Por otro lado, el Central Valley de California podría convertirse en una gran entrada marina.
En Sudamérica, el Atlántico penetraría profundamente por las cuencas del Amazonas y Paraguay, mientras grandes zonas costeras de Argentina, Uruguay y Brasil cambiarían de forma.
Asia también sufriría enormes alteraciones, especialmente las regiones bajas y densamente pobladas como Bangladesh. África perdería proporcionalmente menos territorio que otros continentes, aunque ciudades y áreas costeras como Alejandría quedarían expuestas.
Es importante señalar que decenas de metros de subida obligarían a abandonar enormes superficies actualmente habitadas. No se trataría únicamente de viviendas, sino de puertos, carreteras, aeropuertos, industrias, redes eléctricas y terrenos agrícolas situados en zonas bajas que tendrían que desaparecer, trasladarse o reconstruirse tierra adentro.
Las costas actuales concentran además grandes ciudades y actividad económica, por lo que un cambio de esa escala modificaría dónde puede vivir la población y cómo se conectan países enteros.
No todo el hielo tiene el mismo efecto
Cabe señalar que, cuando se derrite una capa situada sobre Groenlandia o la Antártida, el agua que estaba almacenada fuera del océano termina incorporándose a él.
Y es que el hielo marino funciona de otra manera porque ya está flotando y desplazando agua. Su desaparición tiene consecuencias climáticas importantes, pero su aportación directa al nivel del mar es mínima.
Tampoco debemos imaginar el océano como una bañera que sube exactamente 66 metros en todas partes, ya que la pérdida de enormes masas de hielo modifica la gravedad, la rotación terrestre y la deformación de la corteza, generando distintas huellas del nivel del mar según la región.
El proceso actual está a una escala completamente diferente, aunque ya es medible. De hecho, la NASA registraba en agosto de 2026 unos 100,7 milímetros más de nivel medio global que en 1993, algo más de diez centímetros.
Eso explica el verdadero valor de estos mapas. No enseñan cómo será necesariamente nuestro planeta dentro de unas décadas, sino la enorme cantidad de agua que continúa almacenada sobre los continentes y hasta qué punto las costas actuales dependen de que permanezca allí.
