Steve Wozniak, cofundador de Apple: "No importa cuántas veces fracases, lo importante es seguir intentándolo"

Steve Wozniak
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El cofundador de Apple afirma que seguir intentándolo no significa repetir el mismo error, sino ajustar el rumbo basándose en la experiencia acumulada de cada intento fallido.

Fracasar forma parte del trabajo y de la vida mucho más de lo que solemos ver desde fuera. Si miramos la carrera de Steve Wozniak, cofundador de Apple, no vemos una línea recta de aciertos, sino una sucesión de pruebas, errores y ajustes.

La frase "lo importante es seguir intentándolo" tiene sentido solo cuando se traduce en práctica diaria, en las pequeñas decisiones de cualquier persona que quiere superarse.

Wozniak avanzaba a base de prototipos

Cabe señalar que Wozniak se hizo conocido no por hablar de éxito, sino por construir cosas. Antes de Apple I y Apple II hubo placas que no arrancaban, componentes mal elegidos y diseños que se quedaban cortos. 

Al final cada fallo era un dato más para la siguiente iteración, donde cambiaba una pieza, reorganizaba el circuito, simplificaba lo que veía demasiado complejo y a comenzar de nuevo.

Este enfoque es muy típico de buena ingeniería, ya que no esperas a tener la idea perfecta para empezar, sino que arrancas con algo que sabes que no será definitivo, lo llevas lo suficientemente lejos como para ver dónde se rompe y a partir de ahí mejoras. 

El número de intentos fallidos importa poco si cada uno te deja un aprendizaje concreto. Por ello, cuando trabajas en producto o en desarrollo, el miedo a fallar es un freno habitual. 

Eso sí, cuando sucede, retrasa lanzamientos, bloquea decisiones y alimenta esa sensación de que "aún no está listo". 

Ese ciclo se ve en casi todo lo que usas a diario, como aplicaciones que han cambiado por completo su interfaz con los años, servicios que al principio eran muy básicos y sistemas que empezaron con un solo caso de uso y hoy cubren muchos más. 

Qué significa seguir intentándolo en serio

Quedarte solo con la frase puede llevarte a una lectura equivocada. No se trata de fallar sin límite ni de repetir lo mismo esperando un resultado distinto. Seguir intentándolo implica al menos tres cosas claras.

La primera es no medir tu valor solo por cuántas veces algo no ha salido bien. Un proyecto rechazado, un lanzamiento que no funciona o una prueba fallida dicen más del contexto y del momento que de tu valía.

Por otro lado, la segunda es mirar de frente cada tropiezo. Preguntarte qué parte dependía de ti, qué datos no tenías, dónde asumiste algo que no era cierto. Este análisis es incómodo, pero es lo que convierte el fallo en información útil.

La tercera es cambiar algo en el siguiente intento, que es ajustar el alcance, variar el enfoque, probar con otro público, simplificar el problema. Seguir intentándolo significa mover la palanca.

Cómo lo puedes aplicar en tu trabajo

Si quieres bajar esta lógica a tu día a día, te conviene diseñar tus propios espacios seguros de fallo. En lugar de apostar todo a un único gran lanzamiento, trocea el trabajo en pruebas pequeñas. 

Un prototipo con pocas funciones, un borrador con un cliente, un test A/B con un grupo reducido de usuarios. Si algo se rompe, el coste es asumible y lo aprendido compensa.

Otro hábito útil es documentar qué no ha funcionado, y no para llenar informes eternos, sino para dejar constancia de las decisiones que tomaste y de sus efectos. 

Al final, el fracaso no es algo que tengas que buscar, pero tampoco es una sentencia definitiva cuando aparece. Es una señal que te indica que, tal como lo estás haciendo, no llegas donde querías, pero puedes ignorarla, puedes rendirte o puedes ajustar.

Si asumes que vas a pasar por varios ciclos antes de que algo cuaje, cambias la forma de tomar decisiones. Te permites lanzar antes, pedir opinión y cerrar proyectos que ya no tienen sentido.

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