China construye su propia "estación espacial" a 2 km de profundidad bajo el mar

Fabien Cousteau/Yves Béhar

El país oriental construye un laboratorio submarino a 2.000 metros de profundidad en el Mar de China Meridional para investigar hidrato de metano, minerales estratégicos y biodiversidad.

China ha iniciado la construcción de un laboratorio submarino en el Mar de China Meridional, una infraestructura pionera que estará situada a 2.000 metros bajo el agua. Esta base, diseñada para la investigación científica y la exploración de recursos naturales, también podría servir para reforzar la presencia de Pekín en una de las regiones más disputadas del mundo. 

Además del estudio de los ecosistemas de emanaciones frías, la instalación permitirá analizar yacimientos de hidrato de metano y minerales estratégicos, claves para la tecnología y la energía del futuro.

El investigador Yin Jianping, del Instituto de Oceanología del Mar de China Meridional de la Academia China de Ciencias, ha revelado detalles sobre el diseño de la base en un artículo publicado en la revista Manufacturing and Upgrading Today, citado por el South China Morning Post

Conocida como una "estación espacial en el mar", la estructura estará enlazada a la red de fibra óptica submarina de China y alojará a seis científicos, quienes trabajarán en sus módulos hasta un mes sin exposición a la luz natural.

Una estación de investigación en las profundidades

El nuevo laboratorio submarino estará dotado de tecnología avanzada para soportar una presión 200 veces superior a la del nivel del mar. Se estima que la base pueda albergar hasta seis científicos durante estancias prolongadas, con un sistema de soporte vital de última generación que garantice su seguridad. 

Además, contará con una conexión a la red de fibra óptica submarina china, lo que permitirá una transmisión de datos en tiempo real.

Recreación de cómo sería la "estación espacial" submarina Proteus
Recreación de cómo sería la "estación espacial" submarina Proteus

Uno de los objetivos principales es el estudio del hidrato de metano, una posible fuente de energía alternativa con menor impacto ambiental que los combustibles fósiles convencionales. Este gas natural, atrapado en estructuras de hielo, es abundante en el lecho marino y su extracción eficiente podría convertir a China en un líder mundial en su explotación.

El Mar de China Meridional es una zona rica en recursos naturales, pero también una de las más disputadas a nivel internacional. Pekín reclama amplias áreas de este territorio, lo que ha generado tensiones con países vecinos como Filipinas, Vietnam y Malasia. 

La construcción de esta base refuerza la presencia china en la zona y le otorga una plataforma científica con aplicaciones potenciales en el ámbito de la seguridad marítima.

El proyecto incluye la vigilancia de los movimientos tectónicos para mejorar los sistemas de alerta temprana de terremotos y tsunamis. También se espera que la base facilite el monitoreo de la biodiversidad marina, lo que podría contribuir al descubrimiento de nuevas especies y aplicaciones en el sector biofarmacéutico.

Uno de los aspectos más ambiciosos del laboratorio submarino es la investigación de los depósitos de minerales estratégicos. Se sabe que el lecho marino en esta región alberga importantes reservas de tierras raras, cobalto y níquel, elementos esenciales para la fabricación de dispositivos electrónicos, baterías y componentes tecnológicos avanzados.

Para llevar a cabo estas investigaciones, la base contará con sumergibles autónomos, buques de superficie especializados y un buque perforador que ayudará en la extracción de muestras. Este despliegue tecnológico permitirá estudiar la viabilidad de explotar estos recursos sin causar un impacto ambiental significativo.

Comparaciones con otros proyectos internacionales

China no es el único país interesado en construir laboratorios submarinos. Estados Unidos también ha anunciado planes para desarrollar una instalación similar, aunque a menor profundidad. El proyecto Proteus, liderado por Fabien Cousteau, se centrará en la investigación oceánica desde una ubicación a unos 20 metros bajo el mar.

Sin embargo, la iniciativa china destaca por su profundidad sin precedentes y su combinación de investigación científica con intereses estratégicos y económicos. Si tiene éxito, esta base submarina podría marcar un hito en la exploración de los océanos y en la carrera por el aprovechamiento sostenible de los recursos marinos. 

El laboratorio submarino chino no tiene previsto entrar en funcionamiento hasta 2030. Aunque el proyecto representa un desafío tecnológico y logístico, su potencial impacto en la ciencia, la energía y la geopolítica es enorme. 

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