El español que ideó un traje de astronauta antes de que existiera la carrera espacial

Montaje con IA

Emilio Herrera Linares tuvo una buena amistad con Albert Einstein y su trabajo alcanzó reconocimiento internacional, incluso anticipó muchas de las características de los trajes espaciales modernos.

Todos conocemos los nombres que han marcado la historia de la humanidad, personajes como Nikola Tesla, Isaac Newton, Albert Einstein, Marie Curie, Von Braun, Darwin, etc. Figuras que cambiaron para siempre nuestra forma de entender el mundo. 

Pero, entre esas leyendas, también hay otras que apenas se mencionan, a pesar de haber aportado ideas revolucionarias, y una de ellas fue un español. Se llamaba Emilio Herrera Linares, y diseñó un traje espacial décadas antes de que el ser humano siquiera soñara con pisar la Luna.

En 1935, cuando la palabra astronauta no existía ni en los titulares, este ingeniero granadino ya había desarrollado un traje presurizado para volar a la estratosfera. Un prototipo tan adelantado a su tiempo que inspiraría años más tarde a la NASA para vestir a sus astronautas en la misión Apolo 11.

El traje espacial adelantado a su tiempo

La idea no era una fantasía, Herrera había planteado una ascensión en globo a más de 25.000 metros de altitud con el objetivo de estudiar la radiación cósmica desde el borde de la atmósfera terrestre. Nadie lo había intentado y, para lograrlo, diseñó un traje que debía proteger al piloto en condiciones extremas: frío extremo, presión, falta de oxígeno y exposición directa a la radiación solar.

El traje estaba formado por varias capas, una interior de lana, una intermedia de caucho y una tercera de tela reforzada con cables de acero. Todo eso, recubierto por una capa exterior plateada que evitaba el recalentamiento. 

Asimismo, el casco era de acero y aluminio, con triple cristal para filtrar la luz solar. También incluía un micrófono para permitir la comunicación por radio y un sistema que permitía movilidad en las articulaciones mediante fuelles de tipo acordeón.

El vuelo estaba previsto, el equipo listo, el globo preparado, pero el estallido de la Guerra Civil en 1936 lo detuvo todo, por lo que al final el proyecto se canceló y, por ende, el traje no pudo ser probado. Lo que iba a ser un hito científico quedó congelado por la política y el conflicto armado de la época.

Herrera, sin embargo, no fue solo un pionero en inventar el primer traje espacial, sino que fue también protagonista en los orígenes de la aviación moderna en España. En 1914, se convirtió en el primer hombre en cruzar en avión el estrecho de Gibraltar

Años más tarde, impulsó un proyecto para establecer una línea aérea transatlántica junto a Leonardo Torres Quevedo, aunque finalmente la idea fue desarrollada por ingenieros alemanes. También colaboró con Juan de la Cierva, en los primeros modelos del autogiro, considerado un antecesor del helicóptero.

Otro de sus grandes legados fue la creación del Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos, que abrió sus puertas en 1921 equipado con un túnel de viento de última generación para la época. Durante un tiempo, este centro colocó a la aviación española en el mapa de la innovación europea.

Una vida marcada por el exilio

Nacido en Granada y formado en el rigor militar, Emilio Herrera combinó desde temprano la disciplina con una inquietud intelectual poco común. Su imaginación, alimentada por las aventuras científicas de Julio Verne y los avances tecnológicos de principios del siglo XX, lo llevó a interesarse profundamente por la ciencia y la ingeniería.

Cuando estalló la Guerra Civil, tomó una decisión que marcaría su vida, y es que a pesar de su origen monárquico, optó por permanecer fiel a la Segunda República y asumió una posición de responsabilidad dentro de la aviación republicana. Tras la derrota, se exilió en Francia, donde continuó investigando en soledad, apartado del respaldo institucional y lejos de su país.

En el exilio, rechazó trabajar con el régimen nazi, que le ofreció un puesto en su programa aeronáutico, y años más tarde declinó colaborar con la NASA. Su única exigencia era que el traje espacial llevara la bandera española, ante la negativa, se negó rotundamente a participar.

Durante su vida en París, entabló una relación de admiración mutua con Albert Einstein, quien incluso lo propuso como asesor científico para la UNESCO. Aunque no trabajaron juntos, la estima entre ambos científicos reflejaba el calibre intelectual de Herrera, un hombre que vivió con principios, incluso cuando eso significaba renunciar al reconocimiento internacional.

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