Joseph Jebelli, neurocientífico: "No hacer nada es la clave para reducir el riesgo de Alzheimer"

El descanso ayuda a reducir Alzheimer
El descanso ayuda a reducir las probabilidades de padecer AlzheimerGenerado con IA

El descanso no es un lujo, es un mecanismo fisiológico esencial del cerebro que contribuye a protegerlo frente al Alzheimer y a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.

Durante años, la prevención del Alzheimer se ha centrado en factores como la alimentación o el ejercicio, pero la investigación en neurociencia está desplazando parte del foco hacia algo mucho más cotidiano, el descanso.  

Cada vez hay más evidencia de que el sueño profundo no es solo recuperación, sino un proceso activo en el que el cerebro elimina sustancias asociadas a esta enfermedad.

El neurocientífico Joseph Jebelli ha confirmado esta idea, en la cual ha declarado que el descanso no es tiempo perdido, sino que es uno de los momentos en los que el cerebro realiza tareas esenciales para su mantenimiento.

Entre ellas, eliminar sustancias que están directamente relacionadas con el desarrollo del Alzheimer. Y es que durante el descanso, especialmente en las fases de sueño profundo, la actividad cerebral cambia de función, por lo que deja de centrarse en procesar estímulos externos y pasa a realizar tareas internas. 

Es en ese momento cuando se activan mecanismos que no funcionan igual mientras estás despierto, ya que el cerebro entra en una fase de mantenimiento que resulta imprescindible para su equilibrio.

No hacer nada no significa que el cerebro esté inactivo

Cabe señalar que durante el sueño profundo se pone en marcha un sistema que actúa como una red de limpieza. Su función es eliminar residuos generados por la actividad neuronal a lo largo del día.

Entre esos residuos se encuentran proteínas como la beta-amiloide, asociada al Alzheimer, que, en condiciones normales, el cerebro es capaz de eliminar de forma eficiente. 

Sin embargo, el problema aparece cuando ese proceso se ve interrumpido o reducido. Significa que dormir mal no solo implica cansancio, sino que ese sistema no trabaja como debería y que los desechos empiezan a acumularse.

La acumulación de ciertas proteínas en el cerebro es uno de los factores más estudiados en el desarrollo del Alzheimer. Lo que muestran las investigaciones recientes es que el sueño profundo tiene un papel directo en ese proceso.

Cuanto peor es la calidad del descanso, menor es la capacidad del cerebro para eliminar esos residuos. Y, con el tiempo, esa acumulación puede contribuir al deterioro cognitivo.

Es importante mencionar que no se trata de una causa única ni de una relación inmediata, pero sí de un factor que influye de forma clara en el riesgo.

El cerebro también necesita parar para funcionar mejor

La evidencia científica ha ido reforzando esta idea de forma consistente, en la cual distintas investigaciones han demostrado que las personas con peor calidad de sueño tienden a mostrar mayor acumulación de proteínas asociadas al Alzheimer.

También se ha observado que el sueño profundo y ciertas fases del sueño tienen un impacto directo en la memoria y en la salud cerebral a largo plazo. Este cambio de enfoque es relevante porque sitúa el descanso como un elemento activo dentro de la prevención, no como un hábito secundario.

El mensaje no es que descansar sea una solución por sí misma, sino que forma parte de un conjunto de factores que influyen en la salud del cerebro.

Durante años, la atención se ha centrado en la alimentación, el ejercicio o la estimulación cognitiva, pero ahora, el descanso empieza a ocupar un lugar igual de importante.

De este modo, dormir bien deja de ser una recomendación con impacto real, por lo que la idea de que estar activo todo el tiempo es positivo no encaja con cómo funciona el cerebro. 

El planteamiento que defiende Jebelli no es nuevo, pero sí cada vez más relevante, por lo que entender el descanso como parte del funcionamiento del cerebro cambia la forma en la que se aborda la salud a largo plazo.

Este proceso no se percibe, pero sus efectos sí. Y en enfermedades como el Alzheimer, donde los cambios comienzan años antes de los síntomas, ese tipo de mecanismos pueden ser determinantes.

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