Polémica en Japón: prohibir casarse a las mujeres mayores de 25 años y otras propuestas de “ciencia ficción” para mejorar la natalidad

El fundador del Partido Conservador nipón ha tenido ocurrencias como extirpar el útero de las mujeres mayores de 30 años, por las que ha tenido que pedir perdón.
Hace ya bastante tiempo que la baja tasa de natalidad es un problema a tener en cuenta en Japón. Ya se comentó hace tiempo que, si la cosa no cambia, para el año 2531 todos los japoneses tendrán el mismo apellido, Sato. Pero a pesar de que no se trata de un tema para tomarse a broma, los dirigentes japoneses no parecen capaces de dar con tecla para solucionarlo, más bien al contrario.
Su primera propuesta para remediarlo fue recibida con cierto asombro: hacer una especie de app para solteros. Una especie de Tinder, a ver si de esta forma los japoneses le daban una oportunidad a aquello de experimentar romances. Pero en esta ocasión han surgido otras propuestas que han dado la vuelta al mundo. Más bien pareces medidas de una serie de ciencia ficción distópica.
Las medidas más polémicas de Japón
Las ocurrencias se han forjado en la mente de Naoki Hyakuta, un novelista reconvertido en político, conocido por ser uno de los fundadores del Partido Conservador del país del sol naciente. Tal y como recogen algunos medios especializados en Japón, Hyakuta ha decidido plantear algunas propuestas para remediar una realidad incontestable: que los japoneses cada vez tienen menos hijos.
Entre sus ingeniosas ideas se encuentran la posibilidad de que las mujeres japonesas mayores de 25 años tengan prohibido casarse, o que se impida a las ciudadanas mayores de edad ingresar en la universidad. Pero si esto ya suena un poco a novelas distópicas de ciencia ficción como 1984, incluso ha ido más allá y ha soltado, como posibilidad, que a las mayores de 30 años se les estirpe el útero.
El problema nipón de la natalidad
Ante la controversia generadas por sus palabras, el propio Naoki Hyakuta se ha visto obligado a matizar lo que dijo, asegurando que se sacaron de contexto, y que hablaba en un sentido hipotético y exagerado, como si se tratara de una historia de ciencia ficción, para poner de manifiesto su preocupación por el poco tiempo que según él tienen las mujeres para ser fértiles.
Con todo, ha perdido perdón públicamente. Eso sí, no ha querido profundizar en el problema de fondo. Más allá de que las mujeres niponas estudien, se casen o no, vivir en Japón es caro, muy caro, lo que provoca que muchas parejas decidan no tener descendencia. Por no hablar de que culturalmente los japoneses dedican muchas horas al trabajo, renunciando al tiempo libre.
De la misma forma -y aquí existen semejanzas con lo que sucede en España-, el precio de la vivienda en las principales ciudades de Japón, como Tokio u Osaka es desproporcionadamente alto, lo que también dificulta a los ciudadanos contar con una base sólida para plantearse crear una familia.
En realidad, el problema demográfico japonés no es único en el mundo, muchos otros países, empezando por España, también lo sufren. Con el añadido de que en Japón, al contrario de lo que sucede en naciones como la nuestra, los extranjeros lo tienen complicado para asentarse en su territorio, dificultando aún más que sus cifras de natalidad aumentan hasta unos mínimos viables.