Un hombre paralizado recupera la capacidad de comunicarse de forma autónoma durante dos años gracias a un chip implantado en su cerebro

Un chip cerebral incrustado en la cabeza de una persona con ELA
Un chip cerebral incrustado en la cabeza de una persona con ELAImagen generada con IA

El sistema convierte señales neuronales en texto y voz. Permite generar más de 183.000 frases, escribir 56 palabras por minuto, controlar un ordenador y mantener conversaciones.

Un paciente con ELA, completamente paralizado y sin habla, ha logrado comunicarse de forma autónoma gracias a una interfaz cerebro-ordenador implantada en su cerebro. Si bien el sistema no le devuelve la voz de forma natural, al final convierte sus señales neuronales en texto, voz y capacidad para controlar el ordenador.

Cabe señalar que para muchas personas con parálisis severa, el mayor problema no está solo en no poder moverse, sino en depender de otros para expresar algo tan básico como una frase para comunicarse.

De acuerdo con el medio italiano La Repubblica, un hombre de 45 años, identificado como paciente T15, paralizado y sin habla debido a la esclerosis lateral amiotrófica, más conocida como ELA. Su cuerpo ya no puede ejecutar los movimientos necesarios para hablar, pero su cerebro sigue generando la intención de hacerlo.

Las palabras no salen de su boca, sino de una computadora conectada a un implante cerebral, donde el chip capta señales neuronales, el sistema las interpreta mediante algoritmos y un sintetizador transforma el resultado en una voz artificial parecida a la que el paciente tenía antes de perder el habla.

Aunque no es una cura para la ELA, sí es una tecnología de asistencia que traduce patrones cerebrales muy concretos en comunicación. Su importancia está en que no se trata de una tecnología experimental como tal, ya que el paciente puede usarla en casa, durante meses, en situaciones reales de su vida diaria.

¿Cómo funciona el chip implantado en el cerebro?

Chip para la IA inspirado en el cerebro.
Chip para la IA inspirado en el cerebro.Imagen generada con IA.

La tecnología pertenece al campo de las interfaces cerebro-ordenador. En términos sencillos, una interfaz de este tipo crea un puente entre la actividad cerebral y una máquina. En este caso, el sistema registra señales de la corteza motora, una zona implicada en los movimientos necesarios para hablar.

El implante utilizado incorpora cuatro matrices de microelectrodos colocadas quirúrgicamente en el cerebro, donde cada una de esas matrices detecta actividad neuronal cuando el paciente intentaba pronunciar palabras, aunque su boca no pudiera hacerlo.

Después, el ordenador procesaba esas señales y las convertía en unidades de lenguaje. Cabe señalar que el proceso requiere entrenamiento debido a que el sistema aprende a relacionar ciertos patrones cerebrales con fonemas, palabras e instrucciones.

Con el tiempo, esa traducción se vuelve más precisa. Por eso no basta con implantar un chip, sino que hacen falta algoritmos, modelos de lenguaje, calibración, así como una interfaz preparada para que el paciente pueda utilizarla de forma estable.

De señales neuronales a voz sintética

Chip cerebral
Chip cerebralNature

Este avance no se limita a mostrar texto en una pantalla, sino que el ordenador también puede leer las frases mediante un sintetizador de voz personalizado. Para ello se utilizaron grabaciones anteriores del paciente, de modo que la voz no sonara como una herramienta robótica, sino como una versión reconstruida de su propia voz.

Del mismo modo, el sistema y el chip cerebral permiten controlar el ordenador como si se tratara de un ratón cerebral. Al imaginar determinados movimientos, el hombre podía mover el cursor, seleccionar elementos en pantalla, escribir mensajes, navegar por internet, participar en videollamadas y mantener actividad laboral.

El paciente utilizó la interfaz durante más de 3.800 horas, casi a diario, durante un periodo cercano a dos años. Esa continuidad es clave porque demuestra que la tecnología puede funcionar fuera del laboratorio, con apoyo y sin investigadores presentes todo el tiempo.

Durante ese periodo generó más de 183.000 frases y casi dos millones de palabras. La velocidad media alcanzó unas 56 palabras por minuto, una cifra muy superior a la de muchos sistemas tradicionales de comunicación asistida. Además, trabajó con un vocabulario de unas 125.000 palabras, lo que permitió mantener conversaciones más naturales.

En pruebas controladas, el sistema llegó a superar el 99% de reconocimiento de palabras, mientras que en el uso cotidiano la mayoría de las frases fueron correctas o suficientemente comprensibles. No es una tecnología perfecta, pero sí lo bastante sólida como para sostener conversaciones y parte de la autonomía diaria.

Avances pequeños, pero reales

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Egidio D'Angelo, catedrático de Fisiología de la Universidad de Pavía e investigador del MNESYS, comenta que estas interfaces llevan décadas avanzando paso a paso. Su funcionamiento depende de captar señales bioeléctricas del cerebro, decodificarlas con sistemas informáticos y devolver al paciente una respuesta que le permita ajustar su uso.

Esa idea es importante para entender el momento actual, donde las interfaces cerebro-ordenador no han llegado de golpe. Avanzan con cirugía, pruebas clínicas, algoritmos cada vez más precisos y mucho trabajo de adaptación. Cada caso aporta datos para mejorar el siguiente, especialmente en pacientes con parálisis severa.

Neuralink, la empresa de Elon Musk, ha dado visibilidad mundial a este campo, donde sus implantes buscan que personas con lesiones medulares u otras parálisis puedan controlar dispositivos digitales mediante señales cerebrales.

Algunos pacientes ya han movido cursores, navegado por internet o utilizado ordenadores con este tipo de tecnología. La diferencia es que el caso de T15 destaca por la comunicación, el uso en casa y la combinación de texto, voz sintética y control del ordenador.

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