Netflix tiene una de las películas menos conocidas del Studio Ghibli, pero es una obra maestra absoluta

A pesar de que nunca tuvo la fama de El viaje de Chihiro, La princesa Mononoke o Mi vecino Totoro, se trata de una de las producciones más emotivas del estudio.
Muchas veces las películas del Studio Ghibli suelen asociarse con la fantasía. Es natural, puesto que es habitual encontrarse en clásicos como El viaje de Chihiro o Mi vecino Totoro mundos mágicos dentro del mundo real. Cuando no directamente escenarios imposibles repletos de aventuras y un marcado mensaje ecologista. En Netflix hay buenos ejemplos de ello.
No obstante, el veterano estudio no siempre es así. Algunas de sus producciones, quizá menos conocidas pero de una gran calidad, renuncian a lo fantástico para ofrecer argumentos mucho más humanos. Es lo que sucede con el amor adolescente de Puedo escuchar el mar, o la trágica historia fraternal de La tumba de las luciérnagas. Pero hay un caso bastante menos conocido incluso.
Una joya del Studio Ghibli que puedes disfrutar en Netflix
Estrenada en 2011, La colina de las amapolas tuvo mucho menos repercusión que, por ejemplo, El chico y la garza. Menos repercusión, pero no por ello menos nivel. Quizá se debiese a que el mítico Hayao Miyazaki no estuvo en esta ocasión detrás de la dirección, sino que dejó su lugar a su hijo Goro. Eso sí, escribió el guion. Y, por suerte, ahora el film puede verse en Netflix.
La colina de las amapolas se ambienta en la ciudad de Yokohama, a comienzo de los años 60. En ese momento Japón se encuentra nada más y nada menos que saliendo de la posguerra, y el país vive una transformación increíble. Es una época singular, y de hecho el momento histórico juega un papel importante en la cinta, sobre todo a la hora de entender a sus protagonistas.
La principal es Umi Matsuzaki, una joven estudiante que vive junto al puerto. y que cada mañana iza señales marítimas en recuerdo de su padre desaparecido durante la guerra de Corea. Un día, Umi conoce a Shun Kazama, un estudiante entusiasta que lidera un movimiento estudiantil para salvar un edificio histórico: la Casa del Latin Quarter, sede de clubes escolares.
Aunque en un principio todo puede sonar algo típico, con una típica relación adolescente como telón de fondo, lo cierto es que la película esconde mensajes emocionantes y emotivos, como suele suceder con todas las películas del Studio Ghibli. Incluso teniendo en cuenta que la historia no es original, sino que está sacada de un manga creado por Chizuru Takahashi.
Otro punto de vista de la historia de Japón

Aunque quizá en España La colina de las amapolas no resulta tan conocida como otros de los clásicos del Studio Ghibli: La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro y demás, lo cierto es que en su país de origen logró un gran éxito. Solo hay que decir que se convirtió en el film más taquillero en 2011, lo cual no es cualquier cosa.
Ahora la película puede disfrutarse en Netflix y, la verdad, es que resulta recomendable hacerlo, a poco que te atraiga el mundo de la animación. Visualmente es una maravilla, y su historia puede ser atractiva para cualquiera. Otro buen ejemplo de lo que este equipo creativo nipón es capaz de hacer.