Ser gamer de PC se está convirtiendo en una actividad de lujo por los altos precios de las tarjetas gráficas

No solo la Nvidia GeForce RTX 5090 y la AMD Radeon RX 9000, muchas tarjetas gráficas superan los 1.000 euros y dedicarse profesionalmente a videojuegos es un lujo.
¿Estás montando tu propio PC Gaming? Buscar los componentes adecuados que se adapten a tu presupuesto y objetivos es relativamente sencillo. Puedes encontrar el procesador, monitor con buena calidad, la memoria RAM y disco duro SSD a precios asequibles hasta que te topas con la inversión de la tarjeta gráfica.
Hoy en día, un ordenador de gama media puede costarte entre 700 y 1.500 euros, lo mismo que puede valer una GPU actual que ofrezca la capacidad necesaria para dedicarse a ser gamer. Es decir, vale igual que un PC entero y eso definitivamente es un problema porque ahora no habrá las mismas posibilidades.
Los actuales modelos de Intel, AMD y Nvidia requieren de una inversión elevada para el usuario promedio, pues muchos jugadores no están logrando actualizar el hardware a componentes actuales por esa misma razón. De hecho, ya hay una tarjeta gráfica de la compañía de Jensen Huang que supera los 2.000 euros, un lujo para millones.
Tener un PC gaming actualizado requiere de una inversión de 4.000 a 8.000 euros

El problema actual del mundo del gaming es que la GPU se está convirtiendo en un verdadero obstáculo. En los comienzos de esta ola de tarjetas gráficas que poco a poco han ido evolucionando, las opciones que en ese momento eran actuales y modernas no eran tan costosas.
Evidentemente, aquí entran varios factores, como la inflación que ha habido durante los años en la industria, así también como el avance tecnológico que hace que fabricar este tipo de componentes sea más complicado y costoso para las grandes compañías.
Sin embargo, lo que ha sucedido en los últimos años es realmente preocupante para las personas que se dedican a esto por afición o por profesión. Un ejemplo de ello es la nueva serie de tarjetas de Nvidia, especialmente la GeForce RTX 5080 que vale aproximadamente 1.200 euros o la RTX 5090 más de 2.400 euros.
Considerando eso, para montar un ordenador realmente actual se necesitan de 4.000 a 8.000 euros, ya que se pensaría en al menos un procesador AMD Ryzen 9 o Intel Core i9, al menos 32 GB de memoria RAM DDR5, 2 TB de disco duro SSD NVMe y una RTX 5080. Definitivamente, esto podría hacer que las ventas disminuyan considerablemente durante los próximos años.
¿Por qué las tarjetas gráficas aumentaron tanto de precio?

Si en un principio eran más asequibles, ¿qué fue lo que hizo que cambiara el mercado para siempre? Sin duda, cuando Nvidia presentó la 5090, el precio fue algo impresionante para millones e incluso llegó a ser polémico por algunos reclamos que hacían usuarios.
Analizando todo lo que ha pasado hasta ahora, hay dos puntos de inflexión que hicieron la diferencia Primero está la minería de criptomonedas que requiere de la inversión de este tipo de hardware para poder obtener beneficios, lo cual ha disparado la demanda a nivel masivo, pues las personas invierten mucho para poder mantenerse solo con esto.
Por otro lado, está el efecto de la pandemia de COVID-19 que influyó en todo el mundo, donde con la cuarentena, tanto los trabajadores, como los gamers se centraron en mejorar sus ordenadores y lo mismo sucedió para las empresas de gran magnitud. La era de hacer todo online o mantener entretenimiento por estos dispositivos también hizo que creciera la exigencia en ventas.
El problema es que los fabricantes siguen vendiendo con efectividad a las grandes marcas y mientras haya demanda, los precios altos se mantendrán. Esto no es un problema para los inversores, sino que recae principalmente en los usuarios promedios, ya que no tienen las mismas posibilidades de obtener este tipo de GPUs tan fácil.
Ahora que se aproxima Battlefield 6 y GTA VI, millones de jugadores tienen el objetivo de mejorar su hardware para ejecutar estos videojuegos de alta exigencia sin problemas, pero eso va a ser más complicado de lo que se imaginaban.