Un artista cobra 14.000 euros por 10 horas de trabajo con IA y lo deja claro: "Nadie está a su nivel"

Miles Malec defiende públicamente el uso de la inteligencia artificial para generar ilustraciones, argumentando que reduce costes y mejora la productividad.
En un sector cada vez más influido por la inteligencia artificial, un artista digital ha logrado lo que muchos aún ven como improbable: generar más de mil ilustraciones en seis meses trabajando apenas unas horas y cobrando 14.000 euros mensuales.
Lo ha hecho como parte del equipo creativo de Champions of Otherworldly Magic, un nuevo juego de cartas coleccionables que apuesta abiertamente por un modelo de producción artística basado en IA.
Su caso ha desatado un intenso debate sobre los límites entre arte, automatización y reconocimiento profesional, justo cuando herramientas como ChatGPT y GPT-4o son capaces de generar imágenes Ghibli o cualquier otro estilo al alcance de un clic.
El que domine la IA ganará más dinero
Detrás de este proyecto se encuentra Miles Malec, CEO y cofundador de Champions TCG, quien ha defendido públicamente el uso de inteligencia artificial como herramienta principal de diseño digital. El secreto no está en reducir costes, sino en pagar bien a quienes dominan esta nueva tecnología.
Su artista principal, que no ha sido identificado, ha generado más de mil ilustraciones con IA en apenas medio año, alcanzando un nivel de calidad que, según la empresa, ningún otro profesional ha igualado. Este enfoque ha permitido a la compañía desarrollar un universo visual amplio y coherente sin contar con un equipo numeroso de ilustradores.
El resultado, afirman, es un flujo de trabajo optimizado, más ágil y, sobre todo, sostenible a nivel económico. La inversión en este tipo de talento, lejos de buscar un ahorro, responde a una estrategia de posicionamiento en un mercado donde cada carta de este juego compite por atención.
A través de X (Twitter), el equipo de Champions of Otherworldly Magic compartió que el artista detrás de este volumen de trabajo no parte de un lienzo en blanco, sino que su labor comienza con herramientas de IA generativa que producen imágenes en función de prompts precisos.
A partir de ahí, interviene en el diseño: afina los rasgos, corrige errores anatómicos, ajusta paletas de color y se asegura de que cada personaje encaje dentro del estilo del juego. Según Malec, el resultado son diseños únicos, sin los errores habituales de la generación automática de los chatbots, como dedos duplicados o proporciones irreales.
Su trabajo consiste, más que en dibujar a mano, en dirigir creativamente la herramienta de IA y convertir sus resultados en piezas coherentes, funcionales y visualmente atractivas. Esta mezcla de dirección artística y dominio técnico es lo que, según la empresa, justifica una remuneración elevada. El proceso no es automatizado: requiere criterio, formación y una visión clara del producto final.
Champions TCG ha generado un aluvión de reacciones en redes sociales. Mientras algunos aplauden el enfoque como una adaptación a los tiempos que corren, otros lo critican como una amenaza directa a la profesión artística.
Las críticas se intensifican al saberse que muchas de estas imágenes también están vinculadas a la venta de NFT, lo que suma una capa más de controversia en un entorno ya dividido por las tecnologías como ChatGPT, Gemini o Midjourney.
Los artistas señalan que este tipo de prácticas no solo precarizan el trabajo creativo y visual, sino que fomentan una visión del arte como un producto de consumo masivo sin alma gracias a esta tecnología que avanza a un ritmo acelerado.
Cabe señalar que para los ilustradores, la idea de que un solo artista, ayudado por algoritmos, reemplace a un equipo completo es vista como una desvalorización de años de formación y experiencia.
¿Es esto el futuro del arte digital?
Más allá de este caso, lo que representa este modelo es una nueva forma de entender el diseño visual. Una en la que la IA ya no es una herramienta complementaria, sino el eje central del proceso. Lo que antes requería semanas de trabajo ahora puede resolverse en cuestión de días, e incluso horas, si se domina bien la tecnología.
Esto redefine tanto el rol del artista como el concepto: ya no basta con saber ilustrar, también hay que saber interactuar con algoritmos, prompts, corregir sus fallos y darles sentido estético. Este cambio afecta no solo al arte digital, sino también a sectores como la publicidad, la animación o los videojuegos, donde la velocidad y el volumen de contenido visual son clave.
