Experto español lanza un dardo contra las redes sociales: "Nos han hecho esclavos sin haber dado batalla"

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Mateo Valero sostiene que los usuarios han entregado una gran cantidad de información personal a plataformas como Facebook, Instagram, X o TikTok sin apenas cuestionarlo.

El avance tecnológico ha traído consigo grandes logros, pero también una dependencia silenciosa. En pleno 2025, uno de los nombres más influyentes de la ciencia en Europa, Mateo Valero, ha lanzado una advertencia que no pasa desapercibida: "Nos han hecho esclavos sin haber dado batalla"

Lo ha dicho durante el acto por el 20 aniversario del Barcelona Supercomputing Center (BSC), institución que dirige desde su creación y que se ha convertido en uno de los grandes centros de investigación tecnológica del continente.

Según él, hemos cedido, casi sin darnos cuenta, el control de nuestras vidas digitales a unas pocas plataformas. Y lo preocupante, afirma Valero, es que esta cesión de poder se ha producido con la complicidad de gobiernos, empresas y usuarios. 

Doctor en Ingeniería de Telecomunicaciones y referente en arquitectura de computadores, lleva dos décadas al frente del BSC, desde donde lidera proyectos en inteligencia artificial, computación cuántica, medicina personalizada o simulaciones para la lucha contra el cambio climático.

Dirige uno de los centros tecnológicos más avanzados, donde tienen el supercomputador MareNostrum 5, se colabora con la predicción de catástrofes naturales o se diseñan arquitecturas de computación más sostenibles. 

Por eso, cuando Valero alza la voz para denunciar los riesgos de las redes sociales y el dominio digital de unas pocas empresas, conviene escucharlo. Según su análisis, el problema no reside únicamente en el uso masivo de plataformas como Instagram, TikTok o X, sino en el modelo que las sostiene. 

Un ecosistema donde todo se convierte en mercancía, sobre todo los datos personales. Y detrás de ese sistema, nombra sin rodeos a sus protagonistas: Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos, a quienes acusa de haber concentrado un poder que escapa a cualquier regulación democrática.

¿Hemos cedido demasiado por entretenimiento?

La verdadera preocupación de Valero está en la actitud colectiva. "Nos han hecho felices a cambio de perder la libertad", resume. Lo que denuncia es una forma de sumisión que se ha normalizado: a cambio de contenido gratuito, inmediatez y una falsa sensación de conexión, hemos aceptado ser rastreados, manipulados y moldeados por algoritmos que responden a intereses comerciales.

Y mientras tanto, Europa —dice— sigue actuando como árbitro en un partido que no juega. Considera que el continente ha perdido su autonomía digital por falta de visión estratégica y ambición tecnológica. No diseñamos chips, no lideramos plataformas, y los intentos de regulación —aunque necesarios— llegan tarde o son insuficientes.

Ante esto, se plantea alternativas que desarrollan en el BSC, él y su equipo trabajan para construir una inteligencia artificial que no dependa de modelos estadounidenses o chinos. Una IA desarrollada en Europa, con financiación pública y objetivos científicos, no comerciales.

El reto, reconoce, es inmenso. Crear herramientas que puedan competir con ChatGPT o Gemini no es solo una cuestión de capacidad técnica, sino de propósito. Mientras las grandes tecnológicas buscan rentabilidad, Valero quiere modelos que sirvan para mejorar la investigación médica, entender mejor el clima o acelerar la innovación en beneficio de la sociedad.

Y en ese camino, también insiste en otro frente estratégico, como son los semiconductores. La escasez global ha demostrado que no se puede depender por completo de terceros países. Por eso, desde el BSC están impulsando proyectos para que se recupere su capacidad de diseñar y fabricar sus propios chips, aunque esta es una tarea mucho más complicada, pero no imposible.

Mateo Valero no es un pesimista, pero tampoco es ingenuo. Su mensaje no va contra la tecnología, sino contra la forma en la que se está gestionando. No cuestiona el progreso, sino la falta de control sobre el rumbo que ha tomado. A su juicio, hablar de libertad en el siglo XXI sin soberanía tecnológica es una contradicción.

Y aunque sabe que revertir esta situación no será fácil, insiste en que aún estamos a tiempo. "La alternativa es la educación, la investigación, y la apuesta por un modelo diferente. No podemos quedarnos quietos viendo cómo unos pocos deciden por todos", asegura.

¿Estamos dispuestos a recuperar el control de nuestras vidas digitales o hemos aceptado ser simples espectadores en un sistema que ya no nos pertenece? La pregunta está lanzada. Y no proviene de un gurú de internet, sino de uno de los expertos más respetados del país.

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