Elon Musk se convierte en un apestado incluso para Donald Trump: "Está acabado, se acabó, la gente lo odia"

El CEO de Tesla y SpaceX pasa de aliado clave a figura incómoda para Trump, tras fracasos políticos y económicos; ya casi no se le menciona en la Casa Blanca.
En los últimos meses, el nombre de Elon Musk ha desaparecido casi por completo del universo de Donald Trump. Tras un arranque de año en el que el magnate de Tesla parecía omnipresente en el entorno presidencial, su presencia se ha diluido hasta casi desaparecer.
Donde antes había fotos conjuntas, menciones constantes en Truth Social y elogios en discursos oficiales, ahora hay silencio. Incluso para los seguidores más fieles de Trump, el magnate ya no es ese aliado mediático tan valioso.
La relación entre ambos había tomado fuerza con la creación del grupo de trabajo DOGE (Departamento de Eficiencia Gubernamental), en el que Musk lideraba iniciativas para reducir gastos y eliminar despilfarros en la administración pública.
Elon Musk, en caída libre
Durante un tiempo, el multimillonario fue una figura casi institucional, asistía a reuniones de gabinete, daba ruedas de prensa en la Casa Blanca y hasta viajaba en el Air Force One. Todo apuntaba a que su rol como asesor temporal marcaría una nueva etapa en la política económica republicana.
Sin embargo, el entusiasmo ha durado poco. Desde principios de abril, Musk ha dejado de ser mencionado en reuniones del Congreso y apenas se le ve cerca del círculo presidencial. Según Politico, ni siquiera en privado se habla ya con el mismo respeto de él.

Y lo más llamativo es que, desde el 31 de marzo, Trump no ha vuelto a mencionarlo en su red Truth Social. Un dato revelador si se tiene en cuenta que durante febrero lo citaba varias veces por semana.
Uno de los factores que podría haber precipitado esta desconexión fue la derrota estrepitosa que sufrió Musk en las elecciones judiciales de Wisconsin. Apoyó con entusiasmo (y con 21 millones de dólares) a un candidato que acabó perdiendo por diez puntos.
La derrota fue tan visible que, según algunos analistas políticos, hizo que muchos empezaran a verle como una figura tóxica más que como un activo valioso.
La situación se agravó cuando una encuesta de la Universidad Marquette mostró que la mayoría de la población desaprueba tanto su gestión como su figura pública. Más del 60% de los encuestados declararon tener una mala opinión de él, y el porcentaje era aún mayor entre votantes independientes.
Un asesor del Partido Republicano fue tajante y declaró a Politico: "Está acabado, se acabó, se fue. Sus encuestas son pésimas. La gente lo odia".
A esto se suma un desempeño económico poco favorable. Tesla, su empresa estrella, ha tenido una caída del 71% en sus beneficios durante el primer trimestre de 2025. Esto obligó a Musk a anunciar que reduciría su implicación en DOGE a solo uno o dos días por semana, priorizando la gestión de sus negocios privados.
Y no solo ha perdido apoyo político, su promesa de lograr un ahorro público de 2 billones de dólares parece más utópica que nunca.
Aunque el grupo DOGE afirma haber generado alrededor de 170.000 millones en recortes, estos resultados han sido ensombrecidos por medidas polémicas, como el despido de cientos de auditores del IRS, lo que podría reducir la recaudación fiscal entre grandes contribuyentes.
A pesar de todo, el multimillonario no ha sido completamente apartado. Ha seguido asistiendo a ciertos eventos selectos, como la reunión de gabinete del 30 de abril y un viaje diplomático junto a Trump en Catar y Arabia Saudita. Sin embargo, estas apariciones tienen un aire más protocolario que real.
Algunos dentro del Partido Republicano aún conservan la esperanza de que vuelva a ser un aliado útil, sobre todo si decide invertir en futuras campañas o amplificar ciertos mensajes desde sus redes sociales. Pero para muchos otros, Elon Musk ha pasado de ser un símbolo de eficiencia y modernidad a convertirse en una carga política difícil de justificar.
