La batería de estado sólido "milagrosa" de Donut Lab consiguen cargar de 0 al 80% en 4,5 minutos, aunque hay letra pequeña

El invento podría marcar un antes y un después en la carga de los coches eléctricos. Sin embargo, los expertos reconocen que no es oro todo lo que reluce.
Durante mucho tiempo se ha mantenido la promesa de una batería de estado sólido capaz de cargarse en un suspiro. Una proeza tecnológica que podría cambiar el mundo del coche eléctrico. Ahora, la compañía finlandesa Donut Lab asegura haber dado un paso decisivo: su celda experimental ha logrado cargar del 0 al 80% en solo 4,5 minutos. Un logro "milagroso".
Como era de esperar, la noticia, que además llega verificada por el centro tecnológico VTT Technical Research de Finlandia, ha tenido en enorme impacto. Todos dentro del sector han puesto inmediatamente los ojos en ella. ¿El problema? Que aunque lo que dice Donut Lab es cierto, existen matices. O como se suele decir en estos casos, hay letra pequeña.
La batería de estado sólido "milagrosa"… ¿lo es tanto realmente?
Según los resultados publicados y recogidos por medios especializados como Electrek, la prueba se realizó con una celda de 26 Ah sometida a tasas de carga muy elevadas (hasta 11C). En esas condiciones de laboratorio, la batería alcanzó el 80% en 4,5 minutos y la carga completa en poco más de siete minutos. Un auténtico hito a nivel de rendimiento.
Si se compara con las baterías de ion de litio convencionales, está claro que supone un progreso considerable. Hay que tener en cuenta que estas últimas requieren entre 20 y 40 minutos para alcanzar esa misma capacidad, incluso cuando se trata de los sistemas llamados de carga rápida. En teoría, esta tecnología podría reducir el tiempo que se está en las estaciones de carga.
Esa, al menos, es la teoría. Otro punto a tener en cuenta por los expertos es que, tras la carga ultrarrápida, la celda recuperó prácticamente toda su capacidad (es decir, en torno al 99% en la descarga inmediata posterior). Lo que esto sugiere es que el proceso no provoca una degradación instantánea. Sin embargo, aquí empieza lo que no es tan positivo.
Para empezar, y no es algo baladí, las pruebas se realizaron en condiciones controladas de laboratorio, no en un vehículo como tal. O lo que es lo mismo, no se trataba de un pack de batería integrado en un coche eléctrico con sistemas reales de refrigeración, gestión electrónica y variaciones ambientales. La historia ahí cambia mucho. Además, no fue el único problema.
Las condiciones importan, y no precisamente poco

Por si fuera poco, a esas tasas de carga extremas, la temperatura de la celda aumentó de forma considerable. ¿Qué quiere decir esto exactamente? Pues más que nada que en aplicaciones comerciales sería imprescindible un sistema avanzado de gestión térmica. Así que, dicen los expertos, es imposible saber cómo funcionaría en un coche normal y corriente, comercializado.
En cierto sentido, el algo similar a lo que sucede con la robótica. Casi cada día se pueden ver demostraciones impresionantes sobre robots humanoides haciendo de todo, desde bailar hasta practicar artes marciales. Pero siempre es en entornos controlados. Con la batería de estado sólido podría pasar algo parecido. Al menos, por ahora.
