Bosch logra lo impensable: convierte un motor de gasolina en uno de hidrógeno de 653 C

El resultado es el prototipo Ligier JS2 RH2 impulsado por hidrógeno, que es capaz de alcanzar 653 CV y 880 Nm de par sin renunciar a buena parte de los componentes originales.
La industria de la automoción lleva años buscando una forma de reducir emisiones sin renunciar por completo a todo lo aprendido con los motores de combustión.
Mientras gran parte del sector se concentra en la electrificación, Bosch ha decidido explorar otra posibilidad, que es conservar una mecánica conocida, cambiar su forma de alimentarse y comprobar hasta dónde puede llegar utilizando hidrógeno.
A través de un comunicado, la compañía ha dado a conocer la última evolución del Ligier JS2 RH2, un prototipo desarrollado junto a Ligier Automotive y Maserati.
Su punto de partida es el motor Maserati Nettuno, un V6 biturbo de gasolina y 3,0 litros que ha sido transformado para funcionar con hidrógeno sin perder el carácter de una mecánica deportiva.
El resultado alcanza 480 kW, equivalentes a 653 CV, y entrega 880 Nm de par. Más allá de estas cifras, lo verdaderamente importante es que Bosch no ha tenido que desechar el propulsor original para empezar desde cero.
La arquitectura básica, la culata y los turbocompresores se han mantenido, lo que demuestra que muchos de los conocimientos y componentes desarrollados durante décadas todavía pueden aprovecharse.
Transformar el motor exigió mucho más que cambiar el combustible

Cabe mencionar que el hidrógeno no se comporta igual que la gasolina dentro de una cámara de combustión, ya que se inflama con mayor facilidad y obliga a controlar con precisión la mezcla, la temperatura y el momento exacto en el que comienza a arder.
Para adaptarse a esas condiciones, Bosch Engineering modificó los pistones y desarrolló un sistema de encendido específico. También creó una gestión electrónica capaz de ajustar el funcionamiento del motor en cada momento, especialmente cuando trabaja bajo cargas elevadas o a regímenes propios de un coche de competición.
La mayor transformación se encuentra en la alimentación, donde el propulsor utiliza inyectores Bosch HIDI LCV, diseñados para introducir hidrógeno directamente en la cámara de combustión. Esta tecnología permite dosificar el combustible con precisión, estabilizar el proceso y extraer más potencia sin perder el control.
El objetivo no era simplemente conseguir que el motor arrancara. Bosch necesitaba mantener una combustión estable por encima de las 7.000 revoluciones por minuto, donde cualquier irregularidad puede provocar pérdida de rendimiento o daños mecánicos.
Evitar el preencendido fue uno de los grandes retos

El hidrógeno puede inflamarse antes del momento previsto, un fenómeno conocido como preencendido. En un motor sometido a grandes esfuerzos, este problema puede afectar a la fiabilidad y reducir las prestaciones.
Por ello, los ingenieros ajustaron la estrategia de inyección, la mezcla y el control electrónico para evitarlo durante todo el rango de funcionamiento.
Gracias a este trabajo, el motor ofrece cifras comparables a las de un hiperdeportivo moderno y mantiene unas emisiones reducidas de óxidos de nitrógeno.
La combustión de hidrógeno no produce dióxido de carbono en el escape como ocurre con la gasolina, pero las altas temperaturas todavía pueden generar otros contaminantes. Por eso la precisión del sistema de inyección y de la electrónica resulta esencial.
Asimismo, la adaptación no se limita al motor, ya que el Ligier JS2 RH2 necesita transportar suficiente hidrógeno sin comprometer el espacio, el reparto de pesos ni la seguridad.
Para conseguirlo, incorpora tres depósitos de fibra de carbono capaces de soportar una presión de hasta 700 bar. Uno está colocado detrás del habitáculo y los otros dos se sitúan en los laterales del vehículo.
Todo el conjunto está supervisado por la Hydrogen Storage Control Unit. Esta central desarrollada por Bosch controla la presión, la temperatura y el estado del sistema en tiempo real.
Si detecta una anomalía, puede avisar al conductor, aislar una parte del circuito o cortar por completo el suministro. El prototipo también incorpora sensores de fugas, conductos de ventilación y barreras destinadas a impedir que el gas se acumule en zonas sensibles.
Bosch ha demostrado que no todo debe desecharse
El Ligier JS2 RH2 ya acumula más de 8.000 kilómetros de pruebas en circuito. Este entorno permite someter el motor, los depósitos y la electrónica a condiciones mucho más duras que las habituales en carretera.
Bosch no está anunciando un coche de producción inmediata ni presentando el hidrógeno como la única respuesta al futuro del automóvil. El proyecto funciona como un laboratorio con el que validar tecnologías que podrían aplicarse más adelante.
Lo que sí ha demostrado es que una mecánica de gasolina puede evolucionar sin perder todos sus componentes originales. La culata, los turbocompresores y la base del V6 siguen presentes, mientras los sistemas clave se han adaptado a un combustible distinto.
