Confirmado: los coches eléctricos tienen menos averías que los vehículos gasolina o diésel

Un coche eléctrico te dura más que uno de gasolina
Un coche eléctrico te dura más que uno de gasolinaImagen generada con IA

Los coches eléctricos inician una nueva era de mayor fiabilidad, superando a los de combustión en tasas de avería, especialmente en sus primeros años de funcionamiento.

Comprar un vehículo nuevo suele ir acompañado de cierta incertidumbre, especialmente cuando valoras dar el salto a la movilidad eléctrica. Al miedo sobre la autonomía o los puntos de carga se suma el temor a que una tecnología relativamente nueva sea propensa a fallos inesperados y costosos.  

Sin embargo, los datos empiezan a desmontar esa percepción de fragilidad que todavía persiste en gran parte del mercado. El informe del ADAC, el club de automovilistas más grande de Europa, ofrece una radiografía precisa sobre qué coches te dejan realmente tirado en la carretera.

Este organismo alemán ha analizado millones de asistencias en carretera para comparar el rendimiento real entre las diferentes motorizaciones. La conclusión del estudio es contundente y rompe con muchos prejuicios establecidos en el sector. 

Al contrastar vehículos de la misma antigüedad, los modelos de baterías presentan una tasa de incidencias drásticamente inferior a la de sus equivalentes de combustión.

Los resultados confirman que la probabilidad de sufrir una avería es mucho menor si conduces un eléctrico. Lejos de ser prototipos delicados, estos coches están demostrando una robustez mecánica superior en el uso diario. 

Y es que la arquitectura de estos coches juega a tu favor, eliminando de la ecuación cientos de componentes móviles que son fuente habitual de problemas en los motores tradicionales de gasolina o diésel.

La guerra de las cifras: coche eléctrico vs. coche de combustión

Es posible que leas titulares alarmantes sobre un aumento del 46 % en las averías de coches eléctricos respecto al año anterior, pero se debe contextualizar esa cifra. Este incremento responde únicamente a que ahora hay muchos más vehículos de este tipo circulando por las carreteras, no a que fallen más. 

La estadística clave reside en la tasa de averías por cada mil unidades matriculadas, y ahí es donde la victoria de la movilidad eléctrica es aplastante. Los datos de los coches matriculados entre 2020 y 2021, el ADAC registra solo 3,8 averías por cada 1.000 vehículos eléctricos. 

En comparación, los modelos de combustión interna de la misma añada suben hasta las 9,4 incidencias, lo que significa que un coche diésel o gasolina tiene más del doble de probabilidades de sufrir un fallo técnico grave que te obligue a llamar a la grúa que un modelo impulsado por baterías.

Esta diferencia de fiabilidad no es casualidad, sino pura física aplicada a la ingeniería. Y es que un motor térmico es una máquina enormemente compleja que funciona mediante explosiones controladas, generando vibraciones, calor extremo y fricción en miles de piezas móviles. 

En cambio, el motor eléctrico destaca por una simplicidad mecánica. Al prescindir de elementos críticos como la correa de distribución, el turbo, los inyectores, el filtro de partículas, el embrague o la junta de culata, eliminas automáticamente las averías asociadas a ellos.

Por ello, la ausencia de un sistema de transmisión complejo y la falta de necesidad de cambios de aceite o filtros de combustible reducen drásticamente el mantenimiento correctivo. 

El motor trabaja a temperaturas mucho más bajas y sufre un desgaste mecánico inferior. Básicamente, la arquitectura del vehículo eléctrico elimina los puntos de fallo más comunes que suelen vaciar tu cartera en el taller a partir del quinto año de uso.

El talón de Aquiles de los eléctricos es la batería de 12 voltios

No obstante, la tecnología eléctrica no es inmune a los problemas y comparte su principal enemigo con los coches tradicionales. La causa número uno de asistencia en carretera para ambos tipos de vehículos sigue siendo la batería auxiliar de 12 voltios. 

Esta pequeña pieza de plomo-ácido es la encargada de arrancar los sistemas y no la inmensa batería de litio que mueve las ruedas. En el caso de los eléctricos, este componente sufre un estrés particular. 

La gestión de una electrónica voraz y, sobre todo, el uso frecuente de aplicaciones móviles para consultar la carga o activar la climatización a distancia, obligan al coche a "despertarse" constantemente, drenando esta pequeña batería auxiliar. 

Si este componente falla, el sistema principal no arranca por seguridad, dejándote inmovilizado igual que si tuvieras un coche de gasolina con la batería muerta. La movilidad eléctrica no solo cambia la forma de repostar, sino también tu relación con el taller. 

A medida que la tecnología madure y se solucionen los problemas de la batería auxiliar, la brecha de fiabilidad se ampliará aún más. El futuro de la automoción promete ser menos rentable para los mecánicos, pero mucho más tranquilo para ti como conductor.

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