Edén Diez Ruiz, profesor de autoescuela, sobre los límites de velocidad: "Prefiero que vayan a 140 km/h que alguien que va a 80 km/h sin sentido; si te da miedo, no vayas por la autovía"

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Conducir despacio por el carril central obliga a otros vehículos a desplazarse varios carriles para adelantar correctamente. Esto interrumpe la fluidez y genera retenciones en toda la autovía.
Conducir por una autovía no consiste únicamente en mantener el coche entre dos líneas y vigilar el velocímetro. Estas vías están pensadas para que el tráfico avance de manera continua, con incorporaciones rápidas, adelantamientos previsibles y vehículos que mantienen un ritmo relativamente estable.
Cuando alguien rompe esa dinámica sin que exista tráfico, lluvia, niebla o cualquier otra causa que lo justifique, obliga a los demás a reaccionar.
Eso es lo que critica Edén Diez Ruiz, profesor de autoescuela, cuando habla de quienes circulan a 70 u 80 km/h como si estuvieran solos en la carretera.
Asegura que prefiere encontrarse con alguien que va a 130 o 140 km/h, pendiente de la vía y consciente de lo que ocurre alrededor, antes que con un conductor que avanza mucho más despacio sin mirar cómo afecta al resto.
Eso no significa que recomiende superar el límite. En España, la velocidad máxima para turismos y motocicletas en autopistas y autovías es de 120 km/h. Su argumento apunta a otra cuestión: cumplir una cifra no convierte automáticamente una conducción en segura.
El coche lento puede estar mucho más cerca de lo que parece

Uno de los riesgos está en la forma en la que calculamos la distancia. Si un conductor circula a 120 km/h y ve un vehículo lejos, puede asumir que ambos avanzan a una velocidad parecida. Pero si el coche de delante va a 70 km/h, la separación desaparece mucho antes de lo esperado.
En pocos segundos, quien se acerca tendrá que levantar el pie, cambiar de carril o frenar con fuerza. Si hay otros vehículos alrededor, la maniobra se complica. Y si el conductor no mantiene la distancia adecuada, puede producirse un alcance.
La responsabilidad de anticiparse sigue siendo de quien llega por detrás. Aun así, una diferencia de velocidad tan grande reduce el margen de reacción y convierte un vehículo lento en un obstáculo difícil de calcular a simple vista.
Diez Ruiz también pone el foco en los vehículos pesados, donde los camiones están limitados a 90 km/h, por lo que adelantar a un turismo que circula a 80 u 85 km/h requiere mucho tiempo y espacio.
El tráiler sale al carril contiguo, avanza poco a poco y puede bloquearlo durante cientos de metros. Los coches que llegan por detrás reducen la velocidad y esa frenada se transmite a toda la fila.
El carril central convierte el problema en un embudo

La situación empeora cuando el conductor lento permanece en el carril central mientras el derecho está libre. Por ello, quien quiera adelantar correctamente debe desplazarse hasta el izquierdo y regresar después a la derecha.
Un solo coche obliga así a varios vehículos a cruzar dos carriles, buscar huecos y modificar su velocidad. Cuando el tráfico aumenta, cada uno de esos cambios añade nuevos puntos de conflicto.
Por eso Diez Ruiz es tajante con los conductores que circulan con miedo: “Si te da miedo, creo que estás provocando más situaciones que te lleven a un accidente así que yendo por una convencional”.
Lo que defiende es que una persona incapaz de mantener un ritmo estable, incorporarse con decisión o utilizar bien los carriles debería ganar experiencia antes de exponerse a una vía rápida con mucho tráfico.
