Diferencias y qué cambios sufrirás si decides pasar de Windows 10 a Linux

Generado con IA

Las distribuciones de Linux no son tan distintas a Windows 10. Algunas tienen las mismas características, pero con diferencias claras que podrían cambiar tu experiencia.

Ahora que hay millones de usuarios considerando cambiar Windows 10 por una distro de Linux debido al fin de soporte, surgen cada vez más dudas y ese miedo a probar algo nuevo que no es lo que siempre ha ofrecido Microsoft

¿Un sistema operativo distinto al de Bill Gates y macOS? Muchas personas probablemente ni conocen cómo funcionan las distribuciones del kernel de Linus Torvalds. Como es necesario hacer este cambio para que el ordenador no se exponga a vulnerabilidades cuando deje de recibir actualizaciones, es crucial saber cómo es que funcionan antes de hacer la transición.

Tanto el diseño, como la gestión, seguridad y compatibilidad, son distintos. Si bien puedes adaptarte fácilmente, existen varias cosas a considerar cuando te desplaces por la interfaz, algunas pueden ser muy beneficiosas y otras tal vez te cuesten un poco, pero sin duda va a convencerte quedarte por lo versátiles que son las opciones como Ubuntu, Linux Mint y Fedora.

Mejor gestión y seguridad

Una de las cosas más importantes cuando se trata de visualizar las diferencias entre Windows y Linux es la seguridad. No solamente dejarás de preocuparte porque el soporte de seguridad termine pronto, sino también que vas a tener la certeza de que tu equipo estará protegido en todo momento.

El sistema operativo de Microsoft utiliza UAC y ACL como protección, mientras que Linux incorpora comandos sudo con permisos UNIX, lo cual hace que tenga un mayor control y defensas ante los ciberataques. La razón de esto es que los usuarios no cuentan con privilegios excesivos porque es granular y restrictivo. 

Al mismo tiempo, tiene una arquitectura modular, herramientas como SELinux o AppArmor y una capacidad de detección de vulnerabilidades avanzada. Todos estos aspectos juntos son esenciales para que haya menos probabilidades de sufrir por malwares o ataques directos.

Personalización e interfaz

Cuando se trata de la interfaz, muchas personas tienen miedo a encontrarse con algo completamente distinto a lo que se encuentra en el SO del gigante de Redmond, pero no hay nada que temer. Existen numerosas distros con distintos diseños interesantes e intuitivos que se adaptan a cualquier gusto.

En vez de tener una sola opción, aquí puedes escoger entre distintos entornos de escritorio como GNOME, KDE Plasma, XFCE, Cinnamon y otros por el estilo. Cada uno de ellos tiene algo que aportar tanto en barra de tareas, como en menú de inicio, estructura y capacidad de personalización. 

Además, todas varían y si todavía te cuesta adaptarte a estos nuevos diseños, existen algunas que replican diversas versiones de Windows, como Zorin OS, Q4OS, Linuxfx y Linux Mint. Por lo tanto, solo tendrías que asegurarte de que tenga la compatibilidad y funcionalidades que requieres.

Gestión de actualizaciones

Aquí no hay Windows Update, pero tal vez esa sea una de las mejores cosas que puedes encontrar en las mencionadas alternativas, ya que no realiza una programación de parches de seguridad, sino que se hacen las actualizaciones por medio de gestores de paquetes. 

Más allá de que da la ventaja de que se hacen actualizaciones sobre herramientas y apps fundamentales, también es una ventaja porque no suele ser necesario reiniciar tras completar el proceso, teniendo la posibilidad de evitar todas las interrupciones. Entre todo esto, está una categoría de distros inmutables que ofrecen una mayor seguridad.

Compatibilidad de software y hardware

Sin duda, lo que a muchos puede frenar el hecho de usar un sistema distinto del Pingüino Tux es la compatibilidad, ya que a veces no hay apps que puedan ser ejecutadas aquí, incluyendo las exclusivas de Windows, evidentemente.

Pero que eso no sea un impedimento para el paso que piensas dar, están herramientas como Wine o Flatpak que sirven para instalar muchos programas populares y de gran utilidad. Al mismo tiempo, te vas a encontrar con alternativas que no tienen nada que envidiar, como el LibreOffice que es como Microsoft Office.

En cuanto a requisitos de instalación, la compatibilidad es mucho más amplia porque en su mayoría no se requiere de TPM 2.0 y algunos piden hasta menos de 1 GB de RAM. Así que, no hay excusas para que tu ordenador no tenga uno, pues sufrir las consecuencias de que se quede “obsoleto” es peor.

No tienes que pagar lo mismo que en Windows

A diferencia de las licencias de Windows 11, donde la versión Home vale 145 euros y la versión Pro tiene un precio de 259 euros, Linux es libre y gratis. No tienes que pagar una membresía, ni un producto, todo está disponible en las páginas oficiales de las empresas que ofrecen los sistemas operativos.

Si lo que te preocupa es el soporte, una gran parte ofrece actualizaciones por muchos años y si hay que pasarse a una nueva versión superior también están las opciones LTSC o requisitos muy bajos que permiten hacer el cambio muy fácil y no como se está haciendo con Windows 10 y Windows 11.

En fin, Linux realmente está lleno de sorpresas y si de verdad no te sientes del todo seguro para hacer esta transición, dale una oportunidad al menos probando algunas de las más conocidas, como Ubuntu, Debian y similares.

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