David Bueno, doctor en Biología: "Es más negativo para el cerebro adolescente ver constantemente a sus padres mirando el móvil, que las horas que ellos pasan frente a las pantallas"

Divulgador David Bueno
Divulgador David BuenoMontaje / El Consultori 

El comportamiento de los adultos influye más en los adolescentes de lo que muchas familias creen. Ver a sus padres en el móvil normaliza una relación automática con la tecnología.

El debate sobre adolescentes y pantallas suele centrarse siempre en la misma pregunta: ¿cuánto tiempo pasan los jóvenes frente al móvil? Sin embargo, el neurocientífico David Bueno plantea una idea muy distinta.

Durante una conversación en el pódcast El Consultori, el experto aseguró que para el cerebro de los menores puede resultar más perjudicial observar continuamente a sus padres pendientes del teléfono que las propias horas de pantalla que pasan ellos mismos.

Cabe mencionar que este problema ya no se limita al uso adolescente de la tecnología, sino al modelo de relación digital que los adultos muestran cada día dentro de casa, lo cual es un arma de doble filo.

El cerebro adolescente aprende mucho más observando que escuchando

La adolescencia es una etapa especialmente sensible para el aprendizaje social y emocional, ya que el cerebro todavía está construyendo mecanismos relacionados con el autocontrol, la gestión emocional, las relaciones sociales y la percepción de la atención.

Por eso los adolescentes absorben constantemente patrones de comportamiento del entorno cercano, y no solo escuchan normas o consejos, sino que interpretan cómo actúan realmente los adultos cuando conviven con ellos.

Según David Bueno, cuando un padre interrumpe una conversación para mirar una notificación, revisa el móvil durante la comida o permanece distraído mientras su hijo habla, el adolescente recibe un mensaje sobre cómo funcionan las relaciones humanas.

Uno de los conceptos que más fuerza está ganando en psicología y neurociencia es el de la presencia ausente. Se refiere a personas físicamente presentes, pero mentalmente absorbidas por la pantalla.

El problema no es únicamente tecnológico, sino que también afecta a la escucha, la validación emocional, la calidad de las conversaciones, así como a la percepción de conexión familiar.

Muchos adolescentes sienten que compiten constantemente contra el móvil por captar la atención de sus propios padres. Y eso termina influyendo en la forma en que entienden la comunicación y la convivencia.

El problema no son solo las horas de pantalla

La reflexión de David Bueno también cuestiona uno de los debates más repetidos en los últimos años, que limitar tiempo de uso no resuelve automáticamente el problema si los adultos mantienen una relación compulsiva con el teléfono delante de los menores.

Muchos padres imponen restricciones digitales mientras ellos mismos viven pendientes de mensajes, redes sociales, vídeos o correos electrónicos prácticamente todo el día.

Para el cerebro adolescente, este comportamiento cotidiano tiene mucho más peso que cualquier discurso teórico sobre el uso responsable de la tecnología. ¿Qué propone realmente la neurociencia?

Cabe mencionar que el mensaje no consiste en demonizar móviles ni eliminar pantallas de la vida diaria, ya que la tecnología forma parte del entorno actual y seguirá presente.

La clave está en recuperar espacios de atención real, como conversaciones sin interrupciones, comidas sin teléfonos sobre la mesa o momentos familiares donde el móvil deje de ocupar el centro de todo.

Así que la reflexión de David Bueno desplaza parte del debate hacia una realidad incómoda: los adolescentes aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.

Y en un entorno donde los móviles absorben cada vez más atención, el comportamiento digital de los adultos puede terminar moldeando profundamente la forma en que las nuevas generaciones entienden las relaciones, la presencia y la comunicación.

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