Descubre cómo un error de Windows 11 hunde el rendimiento del disco SSD y advierte: "Hay que comprobarlo después de cada actualización"

Un fallo tras actualizar a Windows 11 vuelve a poner todo patas arriba con respecto a la SSD. Se ha comprobado que el rendimiento puede caer en picado en algunos casos.
Parece casi imposible de comprobar, pero para algunos usuarios especializados, comprobar qué tal funciona el rendimiento de una SSD es tan sencillo que acaban de sacarle los colores a Microsoft.
Esto es lo que acaba de suceder con un SSD Samsung 970 Evo que empezó a rendir muy por debajo de lo esperado tras actualizar su equipo de Windows 10 a Windows 11. En pruebas con CrystalDiskMark, el disco se quedó en torno a 897 MB/s en lectura secuencial y 859 MB/s en escritura, cifras que están bastante lejos de lo que promete este modelo en condiciones normales.
Para que te hagas una idea, este SSD está diseñado para alcanzar hasta 3400 MB/s en lectura y 2500 MB/s en escritura. Es decir, el rendimiento real detectado tras la actualización es absurdamente menor.
Pero esto no es todo porque, tal y como comenta, lo importante aquí es cuando todo esto ocurre y se ve cómo cae en picado. El problema aparece justo después de una actualización in situ a Windows 11, es decir, una instalación sobre el sistema anterior sin formatear el equipo. Según el propio usuario, el SSD no volvió a rendir bien hasta instalar un nuevo controlador.
Un SSD que debería ir rápido… pero Windows 11 lo deja a menos de la mitad
Curiosamente, no todo el rendimiento se vio afectado por igual. Las pruebas indican que el rendimiento aleatorio no sufrió una caída tan grande como el secuencial. Eso significa que ciertas tareas del sistema seguían funcionando como siempre, sin problema alguno.
Sin embargo, el rendimiento secuencial es vital en cargas pesadas, como mover archivos grandes, instalar juegos o trabajar con proyectos de edición. Ahí es donde más se nota el bajón, y donde el usuario nota que el equipo ha perdido velocidad.
Una vez se instala el driver, parece que el SSD recuperó gran parte de su rendimiento. El propio usuario habla de mejoras de más de cuatro veces en lectura y casi tres veces en escritura respecto a los valores iniciales tras la actualización.
Comentar que, pese a lo complejo que puede resultar esto de encontrar y de solucionar, parece que no es un caso aislado de ese SSD al entrar en contacto con Windows 11.
Cuando se hacen cambios de sistema operativo, especialmente en instalaciones en caliente, pueden quedarse drivers antiguos que no gestionan bien lo actual. Eso afecta directamente a cómo se comunica el sistema con el SSD.
De forma simple y, por así decirlo, el disco sigue siendo el mismo, pero el idioma que usa el sistema para hablar con él cambia, y si no se actualiza como se debe, el rendimiento cae en picado.
Por supuesto, también entra en juego el firmware del propio SSD. Fabricantes como Samsung lanzan actualizaciones para mejorar compatibilidad y estabilidad, por lo que es siempre vital estar al tanto y actualizar.
En tu caso, como usuario, lógicamente no vas a ponerte a comprobar con CrystalDiskMark de dónde viene el problema. Si te sucede algo parecido, simplemente prueba a actualizar drivers. De base, el mensaje que debes tener claro es que un cambio de sistema puede afectar al rendimiento sin que al hardware le pase absolutamente nada.

Carolina González
Redactora
Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.

