He cambiado de Windows 10 a Windows 11: todo funcionaba muy lento hasta que hice estos cambios en la configuración

Imagen generada con IA

Con unos simples ajustes logré que mi ordenador con Windows 11 funcionara más rápido. No necesitas programas externos ni tener conocimientos: todo se hace desde el propio sistema.

Después de muchos años utilizando Windows 10 como mi sistema principal, el pasado 14 de octubre llegó el momento de despedirme de esta versión debido a que Microsoft puso fin al soporte oficial, lo que en la práctica significa que ya no habrá actualizaciones de seguridad ni parches.

Mantenerlo instalado era empezar a jugar con fuego, por el hecho de que no es seguro, así que no me quedó otra que dar el salto y actualizar a Windows 11, aunque lo hice con algo de recelo.

La instalación fue rápida, pero la ilusión duró poco, puesto que el ordenador, que con Windows 10 funcionaba sin problema, empezó a dar errores: tardaba más en arrancar, las apps abrían con retraso y el rendimiento general era malo. Por momentos pensé en volver atrás, pero no tenía sentido.

Antes de rendirme, decidí echar un vistazo a la configuración del sistema y, tras aplicar cinco cambios sencillos, todo cambió. El equipo volvió a funcionar como antes —o incluso mejor—. Por ello, si te ha pasado lo mismo tras actualizar, aquí te cuento los cinco ajustes que marcan la diferencia.

Desactiva las aplicaciones que se inician con el sistema

Cada vez que enciendes tu ordenador, hay programas que se abren automáticamente sin que lo sepas. Spotify, Zoom, Steam o Discord son algunos de los que más lastran el arranque y, cuantos más tengas, más tardará en encenderse el sistema.

Para solucionarlo, entra en Configuración > Aplicaciones > Inicio y desactiva lo que no necesites. También puedes hacerlo desde el Administrador de tareas con el atajo Ctrl + Shift + Esc.

En la pestaña Aplicaciones de inicio, deshabilita lo que no sea imprescindible y, después de hacerlo, el cambio en el rendimiento fue inmediato. Mi ordenador pasó de tardar más de un minuto en arrancar a estar listo en menos de veinte segundos.

Activa el Sensor de almacenamiento

Uno de los enemigos silenciosos del rendimiento es el espacio saturado con archivos temporales, caché del sistema o descargas antiguas que ocupan más de lo que imaginas. La solución está en una función poco conocida, pero muy útil, se trata del Sensor de almacenamiento.

Para activarlo, ve a Configuración > Sistema > Almacenamiento > Sensor de almacenamiento. Enciéndelo y configura cada cuánto tiempo quieres que limpie tu unidad: diariamente, semanalmente o cuando el disco esté casi lleno.

Yo lo configuré para limpiar cada semana y recuperé casi 30 GB de espacio. Luego de este ajuste, el ordenador volvió a comportarse con fluidez y desaparecieron los pequeños bloqueos que aparecían al usar varios programas a la vez.

Habilita el inicio rápido

Windows 11 tiene una opción que acelera el arranque guardando parte del estado del sistema antes de apagarse. Se llama Inicio rápido, y hace que el ordenador encienda como si despertara de una siesta, en lugar de arrancar desde cero.

Para activarlo, abre el Panel de control > Hardware y sonido > Opciones de energía > Elegir el comportamiento del botón de inicio/apagado. Haz clic en Cambiar la configuración actualmente no disponible y marca la casilla Activar inicio rápido.

Es importante mencionar que se trata de una de las funciones más efectivas que puedes tocar, porque el tiempo de arranque se reduce drásticamente. En lugar de esperar medio minuto, el escritorio aparece casi de inmediato.

Desactiva los efectos de transparencia

Windows 11 apuesta por una estética moderna con transparencias, bordes difuminados y menús semitransparentes. Visualmente, es atractivo, pero también consume recursos, especialmente si usas una tarjeta gráfica integrada o un ordenador de gama media.

Puedes desactivarlo fácilmente desde Configuración > Personalización > Colores, y luego desmarca la opción Efectos de transparencia.

El cambio visual es casi imperceptible, pero la respuesta del sistema mejora notablemente. Las ventanas se abren más rápido y el sistema parece más ligero. Si tu PC no es especialmente potente, este ajuste te vendrá de maravilla.

Ajusta la memoria virtual

Este cambio fue clave, puesto que la memoria virtual es un espacio en el disco que Windows utiliza como extensión de la memoria RAM cuando esta se llena. Si tu ordenador tiene poca memoria física, esta opción puede evitar que se bloquee al abrir varias aplicaciones.

Para configurarla, ve a Configuración > Sistema > Información > Configuración avanzada del sistema. En la ventana de Propiedades del sistema, entra en Rendimiento > Configuración > Opciones avanzadas > Memoria virtual > Cambiar.

Desactiva la casilla que permite a Windows gestionarla automáticamente y establece un tamaño personalizado. Una buena regla es asignar una vez y media la cantidad de RAM instalada.

Después de hacerlo, los programas pesados dejaron de ralentizar el equipo, por lo que a partir de ese momento, podrás editar, navegar, así como tener varias ventanas abiertas sin que el sistema se resienta.

Un Windows nuevo con solo cinco cambios

Lo curioso de Windows 11 es que muchas de sus mejores herramientas están ocultas entre menús. No necesitas programas de optimización, solo saber dónde activarlas. Estos ajustes no solo aceleran el sistema, también reducen el desgaste del disco duro y prolongan la vida útil del equipo.

Microsoft ha hecho un esfuerzo por automatizar muchas tareas, pero sigue dejando al usuario la responsabilidad de mantener el sistema afinado. Y si vienes de Windows 10, lo notarás aún más: el nuevo sistema exige una configuración inicial más cuidadosa.

Si acabas de actualizar a Windows 11 y notas que tu ordenador va más lento que antes, no desesperes. Estos cinco ajustes pueden transformar por completo tu experiencia, por lo que no necesitas reinstalar nada ni cambiar de ordenador, basta con ajustar la configuración correcta.

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