Alan Turing, padre de la IA, sobre la revolución tecnológica: "Solo podemos ver un poco el futuro…"

Al igual que Albert Einstein, Turing se ha convertido en uno de los grandes iconos de la ciencia. Algunas de sus frases, tienen ahora más relevancia que nunca.
Existen personajes como Einstein o Tesla que han transcendido el mundo de la ciencia para convertirse en iconos populares. A este selecto grupo también pertenece Alan Turing, sobre todo por estar considerado uno de los padres de la IA. No porque en sus tiempos existiese esta tecnología, obviamente, sino porque él ya fue capaz de prever todo lo que permitiría la informática.
Prueba de ello son muchas de las frases célebres que dejó para la posteridad, y que cada vez se recuerdan con más frecuencia. No es ni mucho menos fruto de la casualidad. Su campo fue precisamente el de la computación teórica y la criptografía. Es decir, un primer paso hacia la informática moderna. Pero si por algo destacó Turing, fue por su convencimiento de que las máquinas serían capaces de pensar.
Alan Turing, el genio que fue capaz de ver el futuro (de la IA)

Suele citarse a Alan Turing para referirse a la IA, a los peligros relacionados con ella o incluso a los límites de la tecnología… suponiendo que exista tal cosa, claro. Pero a veces no se es del todo preciso a la hora de recordar lo que Alan Turing pensaba, o sus ideas se sacan interesadamente de contexto. En realidad, no es necesario hacerlo para tener conciencia de su relevancia.
Turing dijo aquello de "solo podemos ver un poco el futuro, pero lo suficiente para darnos cuenta de que hay mucho por hacer". Esta sentencia en concreto, ha sido analizada en profundidad, y parece creada específicamente para los tiempos modernos. Hoy, cuando la tecnología avance a pasos agigantados, como si se tratara de una carrera, ¿pero hacia dónde?
Lo que el "padre de la IA", ya parecía vaticinar allá por 1950, en su célebre artículo Computing Machinery and Intelligence, es que resulta imposible prever del todo qué pasará con la tecnología, si bien existe una apremiante necesidad por avanzar en ella. Está claro que este progreso humano, si se quiere llamar así, no tiene un objetivo como tal, un destino definitivo.
Por supuesto, esta frase ha conseguido una mayor relevancia en estos momentos. La revolución de la inteligencia artificial avanza a un ritmo que incluso sus propios creadores reconocen como difícil de prever. Modelos cada vez más complejos emergen en cuestión de meses, no de décadas, y transforman sectores como la educación, la medicina, el arte o la economía.
Un visionario en toda regla
Aunque Turing no vivió para ver la llegada de los ordenadores personales ni mucho menos Internet, su visión de una máquina universal -capaz de ejecutar cualquier proceso computable- es la base de toda la informática moderna. Desde los teléfonos móviles hasta los sistemas de IA, todo responde a principios que él ayudó a formalizar, en cierta manera.
De hecho, su nombre suele estar asociado una y otra vez a la inteligencia artificial. Sobre todo porque fue él quien planteó una duda clave: ¿pueden pensar las máquinas? La mayoría de expertos coinciden en que no. La IA no es inteligente, se llame como se llame, sino un conjunto de algoritmos que asocia conceptos. Un simulador de lenguaje, dicen algunos.
Pero esta no es una definición que convenza -y mucho menos tranquilice- a todo el mundo. Ni tan siquiera a algunos especialistas preocupados. Por si acaso, Alan Turing ya creó el conocido test que lleva su nombre, para saber si una máquina puede llegar a comportarse de una manera tan parecida a la humana que no sea posible distinguirla.
Quizá este método ya haya quedado atrás, visto cómo avanza la IA, pero el significado de sus preocupaciones no. Ciertamente, nadie puede ver del todo el futuro, pero quizá con un poco sea suficiente para no estar demasiado tranquilos.
Al menos, esa es la sensación que, según los estudios, mucha gente tiene con respecto a las nuevas tecnologías.
No hay que olvidar que la revolución actual no es solo técnica, sino también cultural. Estamos redefiniendo conceptos como creatividad, trabajo, autoría e incluso inteligencia. Y, como sugería Turing, es muy probable que apenas estamos viendo una pequeña parte del camino.
