El arma nuclear más devastadora jamás creada: capaz de arrasar un país entero como España

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Sundial, la bomba nuclear que nunca se construyó, tenía la capacidad teórica de arrasar continentes y alterar el clima del planeta para siempre. Fue diseñada para liberar 10 gigatones de energía, el doble de todo el arsenal nuclear de los años 50.

La historia de las armas nucleares está llena de hitos impactantes, pero hay una que nunca llegó a construirse y que podría haber sido la más devastadora de todas. 

Se trata de Sundial, un proyecto diseñado en los años 50 por Edward Teller, conocido como el "padre de la bomba de hidrógeno". Este artefacto, también llamado Reloj de Sol, tenía una potencia teórica de 10 gigatones, suficiente para arrasar continentes y cambiar el clima global.

Aunque la Bomba del Zar es conocida como la más potente detonada, con sus 50 megatones, Sundial prometía superar esa cifra de manera apabullante. Su diseño marcaba un punto de no retorno en la carrera armamentística, pero también planteaba serias dudas sobre las consecuencias éticas y ambientales de un arma de semejante magnitud.

El concepto detrás de Sundial

En un momento en que Estados Unidos y la Unión Soviética competían por el dominio nuclear, Teller presentó la idea de Sundial a la Comisión de Energía Atómica de EEUU en 1950, según cuenta La Vanguardia.

Este dispositivo no era solo una bomba, sino una demostración de poder absoluto. Con un rendimiento estimado de 10.000 megatones de TNT, superaba a cualquier arma concebida hasta entonces.

Para ponerlo en perspectiva, Sundial habría liberado una energía equivalente a 670.000 bombas como la de Hiroshima. No solo sería capaz de destruir cualquier ciudad, sino que amenazaba con provocar un "invierno nuclear" global, un fenómeno en el que el polvo y los residuos suspendidos en la atmósfera bloquearían la luz solar, causando un enfriamiento drástico de la Tierra y una hambruna global.

El diseño de esta arma se basaba en el mecanismo Teller-Ulam, un método de explosiones nucleares en cadena que permite rendimientos prácticamente ilimitados. Este concepto también se usó en otras bombas de hidrógeno, como la Bomba del Zar o el dispositivo estadounidense Castle Bravo.

Sundial habría requerido un "primario" llamado Gnomon, una bomba más pequeña con una potencia de 1.000 megatones, para detonar el dispositivo principal. Esta explosión inicial iniciaría una serie de reacciones de fusión en cascada, liberando la energía colosal del Reloj de Sol.

Sin embargo, el proyecto no avanzó más allá de los planos. Las implicaciones de probar un arma de semejante tamaño eran aterradoras, además de la destrucción local, los efectos globales habrían sido catastróficos.

Aunque nunca se construyó, los cálculos teóricos sobre el impacto de Sundial son escalofriantes. Si se hubiera detonado en un lugar como Madrid, la bola de fuego inicial habría alcanzado un diámetro de 800 kilómetros, calcinando todo a su paso. La península ibérica habría desaparecido prácticamente al instante, y los efectos de la radiación y la onda expansiva se habrían extendido mucho más allá.

La decisión de no llevar a cabo este proyecto no solo fue técnica, sino también política y ética. Aunque algunos científicos, como Teller, creían en el valor estratégico de un arma así, muchos otros se opusieron firmemente. I.I. Rabi, uno de los físicos más influyentes de la época, describió el concepto como: "Una amenaza para toda forma de vida".

Además, las pruebas de armas nucleares de gran escala, como la Operación Castle Bravo, ya habían generado controversia por su impacto ambiental y humano. La posibilidad de construir un arma como Sundial quedó archivada, y el enfoque se trasladó hacia arsenales más "controlables".

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