David McWilliams (59), reconocido experto en economía, augura el fracaso absoluto de la IA: "Se basa en lechuga digital"

Economista David McWilliams
Economista David McWilliamsIA

El economista irlandés advierte que el boom de la inteligencia artificial podría acabar porque las empresas invierten fortunas en GPU que quedan obsoletas en pocos meses.

Si observas cómo está el sector tecnológico, ya habrás notado que la IA avanza a una velocidad difícil de sostener. No obstante, el economista David McWilliams, advierte que la industria está levantando sus cimientos sobre lo que denomina "lechuga digital".

El experto se refiere a las GPU que alimentan los modelos de IA, con chips carísimos que se devalúan rápido. Afirma que las grandes tecnológicas invierten miles de millones en hardware que, en cuestión de meses, queda desfasado por la llegada de modelos aún más potentes, creando un ciclo frenético que podría pasar factura al ecosistema de la inteligencia artificial.

La velocidad con la que se renuevan arquitecturas, procesos de fabricación y capacidades computacionales convierte cada generación de GPU en un bien limitado. Para McWilliams, este ritmo de obsolescencia convierte la expansión de la IA en un ciclo frágil, sostenido por inversiones que pierden valor antes de justificar su coste.

Cuando un boom tecnológico se construye sobre bienes que se marchitan tan rápido, la posibilidad de estallido aumenta. Aun así, reconoce que otros analistas, como Ed Yardeni, mantienen una visión menos alarmista y creen que la depreciación no será tan devastadora. Pero el debate ya está sobre la mesa.

Estados Unidos y la economía del riesgo permanente

Más allá de la tecnología, McWilliams insiste en que no se puede entender este fenómeno sin observar el sentido cultural del dinero en Estados Unidos. Cuenta que basta llegar a Los Ángeles y subirse a un coche para encontrar conversaciones sobre Bitcoin, Nvidia, fondos de inversión, startups o movimientos bursátiles.

Esa obsesión por el dinero no es superficial, puesto que forma parte de la estructura social del país desde hace más de un siglo. En su visión, el país norteamericano se ha configurado como una sociedad que abraza el riesgo, mientras Europa se comporta como si siempre necesitara una póliza de seguro.

Ese contraste cultural es el que, según él, explica por qué ciclos como el de la IA pueden nacer, crecer y, llegado el caso, derrumbarse sin destruir el sistema, por lo que el riesgo no es una amenaza, sino un combustible.

McWilliams repasa incluso el origen histórico de esta actitud, donde Estados Unidos se ha construido sobre la mezcla de ambición, velocidad y audacia. Para él, esa capacidad colectiva para aceptar que fracaso e innovación van juntos es la razón por la que el país lidera los grandes ciclos tecnológicos del último siglo.

El economista utiliza un enfoque particular para analizar estas dinámicas, donde considera el dinero una tecnología. Igual que el fuego transformó la forma en la que los humanos evolucionaron, el dinero cambió la forma en la que organizamos sociedades, estructuras productivas y relaciones económicas.

Esa idea vertebra su libro History of Money, donde combina economía, antropología e historia para explicar por qué los ciclos financieros funcionan como procesos evolutivos. Aquí incorpora la influencia de Joseph Schumpeter y su "destrucción creativa", y que menciona en Fortune.

Si algo define a las economías dinámicas, dice McWilliams, es la capacidad de destruir lo viejo para construir lo nuevo. Por eso no teme al estallido de la IA: lo considera parte natural del proceso. Si las GPU hoy son "lechuga digital", mañana serán otra cosa y el país volverá a reinventarse a partir de los restos.

¿Puede la IA volverse demasiado grande para caer?

En el plano político, McWilliams rechaza que la industria de la IA pueda convertirse en un sector protegido como el complejo militar-industrial. Advierte que el único riesgo real sería que las empresas tecnológicas lograran convencer al gobierno de blindar los chips como activos estratégicos, pero no lo ve probable.

Incluso anticipa que un perfil populista como Donald Trump sería más proclive a enfrentarse a Silicon Valley que a protegerlo. Lo dice sin rodeos: en Estados Unidos no se odia a los ricos, se desprecia a la clase profesional. Y ese elemento cultural, sostiene, impide que la IA se convierta en un sector intocable.

Ante esto, la inteligencia artificial avanza sobre una base tecnológicamente inestable, alimentada por hardware que caduca demasiado rápido para justificar el tamaño de la burbuja. Pero lejos de verlo como un riesgo sistémico, lo interpreta como un episodio más del ciclo económico estadounidense.

Para el economista, Estados Unidos seguirá liderando la innovación mundial, aunque la burbuja de la IA se estrelle. La razón es simple, porque la cultura del riesgo y la predisposición a transformar el fracaso en oportunidad son parte de su ADN económico.

La mezcla de audacia, velocidad e irreverencia convierte al país en un entorno capaz de levantarse después de cada colapso y construir la siguiente revolución tecnológica a partir de las ruinas de la anterior.

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