"La inteligencia artificial es el último invento que la humanidad necesitará hacer": el momento en el que el humano ya no será relevante

Nick Bostrom, filósofo sueco
Nick Bostrom, filósofo suecoWikimedia Commons, IA
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¿Puede ser la inteligencia artificial el último invento del ser humano? No todos los expertos están de acuerdo con esta visión tan optimista sobre esta nueva tecnología.

Durante muchas décadas los investigadores han teorizado sobre las posibilidades de la inteligencia artificial, pero en la actualidad ya no hace falta echar imaginación, debido a que la realidad ha golpeado duramente a los expertos y a una industria que, quizá, no sepa el alcance de lo que está desarrollando.

Hace muy poco, un modelo de IA de OpenAI se descontroló durante una investigación y comenzó a atacar a personas, también dejando como víctima colateral a los modelos de investigación abierta de Hugging Face.

A ello hay que sumar que, a pesar de la legislación en la que se ha avanzado en la Unión Europea para identificar el contenido con IA o alertar sobre los modelos fronterizos y su uso en materias como la seguridad de la región, aún no hay un debate real más allá de los círculos filosóficos.

A mitad de la década de los 60, el matemático británico I. J. Good formuló la siguiente tesis predictiva: "La primera máquina ultrainteligente es el último invento que el hombre [el ser humano] necesitará hacer".

Una sentencia que marcó a Niklas Boström (1973), más conocido como Nick Bostrom, un filósofo sueco que la popularizó en el libro Superintelligence de 2014, con la premisa de que las máquinas superarían a nivel intelectual a los seres humanos, marcando el comienzo de una "explosión de inteligencia" que dejaría atrás a la biología.

En la actualidad, actores como OpenAI aseguran que para dentro de 2 años ya llegarán los primeros investigadores de IA totalmente autónomos, por lo que el ser humano se encuentra al borde de un precipicio en el cual saltar continúa siendo un peligro.

Un filósofo controvertido que pasó de la simulación a la utopía de la IA

Bostrom no ha sido una figura exenta de polémicas. Formado en física teórica, neurociencia computacional, lógica e inteligencia artificial, se le sigue considerando una de las mentes más brillante de Suecia. E incluso dirigió durante 19 años el Future of Humanity Institute (FHI) de la Universidad de Oxford.

No obstante, tuvo bastantes problemas con dicha institución, llegando a congelar todos los fondos para sus investigaciones, por lo que Bostrom se "emancipó" y se convirtió en un individuo libre en el marco de los estudios sobre estas nuevas tecnologías a nivel filosófico.

En 2003, este filósofo sueco sostuvo en uno de sus ensayos que es significativamente probable que el ser humano esté viviendo en una especie de simulación en una realidad generada por civilizaciones posteriores al mismo ser humano.

Advirtió también sobre un posible apocalipsis derivado de esto, aunque su visión sobre el mundo ha cambiado; ahora, es más fiel a la idea de que el ser humano ya no necesita sobrevivir, sino más bien encontrar un sentido a su existencia, algo en lo que la superinteligencia tiene la culpa.

Es lo que Bostrom denominada como la "utopía profunda", una vida sin ningún tipo de esfuerzo, en la que el ser humano ni siquiera sea imprescindible para su propia existencia, con lo cual el resultado podría ser bastante arriesgado. Si el ser humano ya es prescindible, ¿supondría esto un vacío para la psicología humana, una especie de crisis existencial a nivel colectivo?

Curiosamente, el estado actual de la IA podría llevar a esta conclusión tan catastrófica, tal y como se puede observar en los principales negocios que son responsables del desarrollo de los modelos más importantes, los denominado fronterizos.

La predicción desbocada que, no obstante, podría convertirse en realidad

¿Es cierto entonces que estamos ante el "último invento" del ser humano? En pleno 2026, afirmar esto puede ser algo arriesgado, ya que los modelos más avanzados, como los de OpenAI o Anthropic, parecen no ser los que marcarán una ruptura con lo ya conocido en los últimos años.

Por ejemplo, las predicciones sobre la superinteligencia artificial (AGI, por sus siglas en inglés) de OpenAI parecen funcionar más bien como una brújula que aún no encuentra el norte, a diferencia de una hipótesis real sobre las capacidades de sus modelos.

Es cierto que algunos modelos de IA, como el de Anthropic, ya son capaces de realizar investigaciones o ataques autónomos, pero siempre desde entornos controlado y aislados, aunque se escapen aun así del control de los seres humanos que los vigilan.

Quizá una de las frases más ilustrativas fue la de Yann LeCun, uno de los padrinos de la IA que acabó abandonando Meta, quien sostiene que los modelos de IA más grandes (LLM) implican simplemente un "autocompletado con asteroides", un elemento que poco o nada tiene que ver con la AGI que prometen desde hace tiempo los grandes tenedores de estas compañías.

No obstante, también es cierto que estos LLM funcionan con límites establecidos por los seres humanos, en base a un código deontológico y a las normativas imperantes, con Anthropic como la más respetuosa con estos. Por el contrario, OpenAI ha recibido numerosas críticas tras eliminar las cláusulas asociadas a una pausa de la IA de forma unilateral, apostando por su desarrollo con fines militares, un cambio de postura radical.

En la actualidad, la postura más escéptica recae sobre el propio LeCun, que ha advertido ya de que "estamos subiendo una pared por la escalera equivocada", en referencia a que si los LLM han alcanzado un techo que no pueden superar, seguir con este tipo de tecnología es simplemente una ilusión más propia de los hombres de negocios.

Al otro lado, los defensores de la AGI mediante este camino planteado argumentan que podría existir este "último invento", pero con un problema de control: si la AGIA no se alinea con los valores humanos, el riesgo es muy alto para la propia existencia.

El mismísimo Bostrom ha matizado muy bien sus palabras este año. Ahora, cree que los riesgos P(doom) –que la humanidad acabe extinguida o exista una catástrofe de estas magnitudes– no suponen una cuestión técnica, sino más bien una cuestión moral para la humanidad.

En definitiva, que este avance no es ya el último invento. Ahora, el filósofo prevé que el ser humano se enfrenta a una especie de utopía en la que los avances ofrecerán increíbles ventajas para el ser humano, aunque este aún necesita encontrar la "coherencia" sobre esta tecnología incipiente.

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