El creador de Doom, John Carmack, sobre la subida de precios para PC y consolas: "Todo funcionaría en hardware antiguo si optimizar software fuese una prioridad"

Los amantes de los videojuegos están preocupados por la subida de precios de las consolas, y un experto en código, como es el fundador de iD, acierta con la solución. La clave está en el software.
El precio de los PC y las consolas se ha disparado. Una tarjeta de Nvidia de gama alta vale tres veces más que antes de la pandemia, y una PS5 cuesta más cara ahora que cuando se lanzó hace casi cinco años. Y ya hemos hablado de la nueva Nintendo Switch 2 y sus juegos a 90 euros. Para John Carmack, no habría que cambiar tan a menudo de hardware, si se optimizara el software.
La reflexión parte de una propuesta curiosa de una investigadora de Google llamada Laurie, que propuso en X lo siguiente: ¿Qué pasaría si la humanidad olvidara cómo fabricar una CPU? ¿Y si, a partir del Día Zero, hay que sobrevivir solo con las CPU existentes?
Laurie especula con lo que ocurriría en los próximos 30 años, y John Carmack se ha apuntado al juego.
El pecado del hardware: un software mal optimizado
Según la visión de Laurie, si de repente dejasen de fabricarse procesadores, durante el primer año los precios de los ordenadores y móviles existentes se dispararían. Puesto que el calor y el alto consumo favorecen los fallos, los usuarios reducirían el voltaje de sus CPU e invertirían en refrigeración para alargar su ciclo de vida.
En tres años el mercado negro de procesadores sería tan perseguido como el de las drogas. Los procesadores Xeon valdrían más que el oro, y los gobiernos priorizarían los ordenadores para la energía, las comunicaciones y los militares.
En 7 años los móviles comenzarían a fallar por fatigas de las soldaduras, y los viejos coches "tontos", los que no necesitan chips para funcionar, dispararían su precio.
Pasados 15 años, Internet ya casi no funciona. Solo los ricos y privilegiados pueden acceder a través de conexiones privadas por satélite. Mientras, existe una red clandestina que se pasa información por SSD. Muchos de los discos duros que quedaban, han muerto.
En 30 años, casi todo el hardware con nodos pequeños, se ha estropeado. Los viejos procesadores que usan nodos grandes, más resistentes, son los más buscados.
Los iMac G3 se convierten en estaciones de trabajo para la élite, y la gente de la calle recurre a acondicionar el hardware de las GameBoy, los Macintosh SE, y los Commodore 64. Tecnológicamente, habríamos retrocedido 80 años, hasta los años 70 u 80 del siglo XX.
En este aterrador futuro distópico es donde interviene John Carmack, el creador de Doom, Quake, los primeros motores gráficos de iD, la tecnología gráfica de las gafas de realidad virtual Meta Quest, y mucho más:
"¡También he llevado a cabo este divertido experimento mental! Una mayor parte del mundo de lo que muchos imaginan podría funcionar con hardware obsoleto si la optimización del software fuera realmente una prioridad, y las señales de precios del mercado con una computación escasa lo harían posible", asegura Carmack.
Esto enlace directamente con la situación actual, en donde la optimización del software, a todos los niveles, es un desastre. Windows 11 tiene unos requisitos elevadísimos de memoria, 4 GB, cuando debería ser casi transparente. Los juegos modernos no funcionan ni a 30 fps con una tarjeta de 2.000 euros, y necesitan tecnologías de IA como DLSS o la generación de frames, para funcionar correctamente.
Esta mala optimización del software hace que la gente renueve el hardware más pronto, contribuyendo al aumento de los precios.
Lo que necesita el mercado actual de PC y consolas, es optimizar mejor el software. Así podría funcionar en hardware más antiguo, como dice John Carmack, el creador de Doom. Por desgracia, nadie tiene intención de hacerlo realidad.
