Kryptos K4, el misterioso código que ha vuelto loca a la CIA durante 35 años y que solo una persona en el mundo conoce la respuesta

El enigma de Kryptos podría resolverse al fin: su creador subastará el texto descifrado del último código secreto K4, aunque advierte que el verdadero misterio aún no termina.
Durante más de tres décadas, ni los mejores criptógrafos de la CIA han logrado descifrar un código que tienen delante de su propia sede. No está escondido en un archivo ni en una red secreta, sino grabado sobre una lámina de cobre en mitad del jardín principal de Langley, en Virginia, EEUU.
Se llama Kryptos, una escultura que desde 1990 guarda un mensaje que ha obsesionado a espías, matemáticos y aficionados a los enigmas. Tres de sus cuatro códigos ya fueron resueltos, pero el último, K4, sigue siendo un misterio que solo su creador conoce.
Fue creado por Jim Sanborn, quien pensó que el enigma duraría unos pocos años antes de ser resuelto, pero se equivocó. Treinta y cinco años después, ni los analistas de la CIA ni los expertos que han dedicado su vida al código han conseguido desentrañarlo.
Ahora, el artista ha decidido hacer algo que nadie esperaba: subastar la respuesta final, el texto descifrado del famoso K4, junto con los gráficos y notas que utilizó para construirlo. La venta, programada para el 20 de noviembre, podría alcanzar entre 280.000 y 470.000 euros.
El comprador podrá elegir si revelar el mensaje al mundo o mantenerlo en secreto. Para Sanborn, se trata de una especie de traspaso simbólico, pues después de más de tres décadas guardando el enigma, lo pasará a manos de otra persona.
El origen de Kryptos y por qué ha desconcertado tanto a la CIA
Kryptos no es una escultura cualquiera, puesto que en 1988, la Agencia Central de Inteligencia encargó a Sanborn una obra que representara el vínculo entre arte, conocimiento y comunicación secreta.
Para ello, el artista contó con la ayuda de Edward Scheidt, un veterano criptógrafo de la CIA que entonces dirigía el centro de criptología de la agencia. El resultado fue una gran lámina curva de cobre con 1.735 caracteres grabados, dividida en cuatro secciones independientes.
Cada una esconde un mensaje cifrado mediante técnicas clásicas de sustitución y transposición, pero con un nivel de complejidad creciente. Sanborn pretendía crear un reto intelectual que desafiara a los analistas de inteligencia. De hecho, confesó años después que pensó que la CIA lo resolvería en menos de una década.
Treinta y cinco años más tarde, el desafío sigue sin completarse, esto indica que lo que empezó como un juego artístico se ha convertido en uno de los rompecabezas más famosos del mundo, con comunidades enteras dedicadas a intentar resolverlo.
El código imposible
Los tres primeros mensajes de Kryptos fueron descifrados hace años. El primero habla de la ilusión entre la luz y la sombra; el segundo menciona un mensaje enterrado en algún punto de Langley; y el tercero recrea la emoción del arqueólogo Howard Carter al descubrir la tumba de Tutankamón.
No obstante, el cuarto, el célebre K4, ha resistido todos los intentos de descifrado. Ni los criptógrafos de la CIA ni los expertos de la NSA han podido con él. Tampoco los miles de aficionados que llevan décadas probando combinaciones de claves, frecuencias y métodos de cifrado.
Sanborn, consciente de la frustración que ha generado, ha ido dejando pistas sueltas a lo largo de los años: seis letras que forman "Berlín", luego la palabra "reloj", más tarde "noreste", pero ninguna ha servido para resolver el texto.
La razón es sencilla, y es que K4 no tiene una clave conocida, y se sospecha que el artista combinó varios métodos de cifrado en una misma secuencia, por lo que es un rompecabezas dentro de otro. Esta es el mensaje: OBKRUOXOGHULBSOLIFBBWFLRVQQPRNGKSSOTWTQSJQSSEKZZWATJKLUDIAWINFBNYPVTTMZFPKWGDKZXTJCDIGKUHUAUEKCAR.
Jim Sanborn creó la obra como una metáfora de la información oculta, del equilibrio entre lo visible y lo invisible, entre lo que se sabe y lo que nunca se sabrá. En cierto modo, la escultura es también un espejo de la propia CIA: un edificio que guarda secretos, situado frente a una obra que simboliza el misterio absoluto.
El interés por Kryptos ha sido constante, donde miles de personas en todo el mundo han dedicado años a estudiar su estructura, su simbología y sus errores ortográficos deliberados.
Algunos creen que cada sección es una pista para entender la siguiente, otros piensan que el verdadero mensaje no está en las letras, sino en su disposición física o en la geometría de la escultura.
Se calcula que el artista ha cobrado más de 40.000 dólares revisando supuestas soluciones enviadas por curiosos y criptógrafos amateurs. Aun así, nunca ha revelado una sola letra del mensaje final fuera de las pistas que él mismo decidió publicar.
Aunque el texto salga a la luz tras la subasta, su interpretación seguirá abierta. Quizá Kryptos K4 revele una frase simple o una metáfora compleja, pero el enigma no desaparecerá. Sanborn ha logrado lo que pocos artistas consiguen, que su obra viva en la mente de quienes intentan entenderla.

