Luc Julia, padre de Siri, advierte de la peligrosa amenaza de la IA sobre Europa: "Necesitamos un sesgo"

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El experto en informática defiende que la UE debe desarrollar sus propios modelos de inteligencia artificial, entrenados con datos que reflejen su contexto histórico y social.

Durante años, Luc Julia ha estado involucrado en el desarrollo tecnológico más avanzado, puesto que es cofundador de varias startups, figura clave en Silicon Valley y uno de los padres del asistente de voz Siri. Por ello, ha sido testigo directo de la evolución de la inteligencia artificial desde dentro. 

Hoy, sin embargo, se muestra crítico con el rumbo que están tomando las grandes compañías del sector. No porque dude del potencial de la IA, sino porque considera que el modelo actual se está alejando del sentido común. 

Desde su cargo como director científico del Grupo Renault, Julia defiende una visión más realista, centrada en aplicaciones útiles y adaptadas a las necesidades reales de la sociedad. 

Y lanza una advertencia: si Europa quiere tener voz propia en esta nueva era, no puede limitarse a seguir el camino marcado por Estados Unidos o China. Afirma que debe construir su propio enfoque en IA, con identidad propia y anclado en sus referencias culturales, sociales, lingüísticas y políticas.

La IA generativa está sobrevalorada (y mal enfocada)

Pese al entusiasmo que despiertan los grandes modelos de IA generativa, como los de OpenAI (ChatGPT), Meta (Meta AI) o Google (Gemini), Luc Julia sostiene que esa ambición por crear una "IA total" está destinada a fracasar

Según él, llevamos décadas intentando construir una inteligencia artificial universal que lo abarque todo, y una y otra vez terminamos volviendo a soluciones más modestas, pero útiles. Julia cree que la clave no está en la magnitud, sino en la especialización. 

Las inteligencias artificiales que realmente funcionan son aquellas pensadas para tareas concretas, que son las que permiten desde gestionar una agenda hasta ayudar en un entorno industrial. 

En lugar de aspirar a "crear a Dios", como dice con ironía, propone centrarse en modelos concretos, que hagan bien su trabajo, todo ello sin necesidad de absorber ingentes cantidades de datos ni consumir recursos desmesurados.

Afirma que en un momento en que la mayoría de los titulares se centran en superordenadores, megamodelos y consumo energético, el padre de Siri apuesta por todo lo contrario. Cree que el futuro está en una IA frugal, que funcione con menos datos, menos energía y más sentido.

Pone como ejemplo a China, que ha sabido desarrollar soluciones eficaces con recursos limitados, como DeepSeek. Frente a los macrocentros de datos de Estados Unidos, sugiere un enfoque más local, más económico y mucho más sostenible. 

Europa necesita su propio sesgo (y dejar de copiar a EEUU)

Luc Julia insiste que "no podemos seguir usando modelos entrenados solo con datos anglosajones". Europa tiene una cultura, una historia y unas referencias propias, por lo que si queremos que las máquinas nos entiendan, deben compartir nuestras claves culturales.

El ejemplo que pone es que si le preguntas a una IA quién inventó la aviación, dirá que fueron los hermanos Wright, porque eso es lo que predomina en internet. Pero en Francia, el nombre de Clément Ader, que voló en 1890, forma parte de la historia. ¿Quién tiene razón? Ambas respuestas reflejan un sesgo cultural. 

Y Europa necesita que su propia IA tenga también su sesgo, su visión del mundo. Eso implica construir infraestructura, invertir en soberanía tecnológica y generar una base de datos propia que no dependa del filtro anglosajón. Por ello, es una condición indispensable si la UE quiere pintar algo en esta nueva era.

Otro de los puntos donde el experto en informática lanza una crítica directa es la regulación. No porque esté en contra —al contrario, defiende reglas claras—, sino porque cree que muchas de las normativas europeas se han diseñado sin contar con verdaderos expertos en inteligencia artificial.

Menciona el RGPD y la reciente Ley de IA como ejemplos de buenas intenciones mal ejecutadas. Según él, en lugar de centrarse en cómo se usan las tecnologías, se está intentando legislar la tecnología en sí, lo que frena el desarrollo de proyectos útiles.

Una de sus preocupaciones es que se esté bloqueando, por ejemplo, el uso del reconocimiento facial en aplicaciones que podrían mejorar la vida de personas con discapacidad, mientras se permite que las grandes plataformas continúen explotando datos sin control real. 

Europa tiene los cerebros, la formación y la capacidad para liderar un modelo propio, pero lo que le falta, asegura, es una visión clara y una estrategia coherente. Si seguimos dependiendo de lo que marquen empresas como OpenAI o Google, nunca saldremos de la sombra de Estados Unidos.

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