María Salvatrice Randazzo, investigadora jurídica: ni Sam Altman ni Bill Gates tienen razón, la IA es "una amenaza mundial a la dignidad humana"

Una nueva investigación resulta contundente: si todo sigue como hasta ahora, la inteligencia artificial puede poner en riesgo derechos humanos fundamentales.
En los últimos tiempos, expertos del calibre de Sam Altman o Bill Gates se han pasado el día hablando de los supuestos beneficios de la inteligencia artificial. Para ellos, igual que para el mismísimo Elon Musk, esta tecnología supondrá un salto para la humanidad. Permitirá colonizar el espacio, retirar a la gente de trabajar e incluso, con un poco de suerte, hasta conseguirá vencer a la muerte.
El problema es que no todo el mundo está de acuerdo. Expertos menos mediáticos pero más certeros en sus mediciones no tienen nada claro que las cosas vayan a suceder así. Para ellos la IA es un dolor de cabeza ahora, y lo será mucho más en el futuro. Una especialista, de hecho, acaba de ser rotunda y contundente al afirma que la se trata de "una amenaza mundial a la dignidad humana".
Que nadie se confunda: la IA no tiene ningún entendimiento
Desde hace décadas, la ciencia ficción ha mostrado sistemas de inteligencia artificial súper inteligentes que de alguna manera llegaban a un grado de conciencia humano. Entonces decidían, desarrollando su propia voluntad, eliminar a la raza humana o cualquier cosa por el estilo. No obstante, ¿y si el problema fuese realmente el contrario, su falta de entendimiento?
Eso es lo que teme la doctora María Salvatrice Randazzo, tal y como ha expuesto en un nuevo estudio creado en la Universidad Charles Darwin, y publicado en el Australian Journal of Human Rights. La experta es muy clara en sus afirmaciones: los sistemas de IA pueden parecer avanzados, pero en realidad no tienen ningún tipo de entendimiento consciente similar al de los humanos.
No es la primera vez que un conocedor de la materia dice algo similar. Otros han especificado anteriormente que la IA no comprende el lenguaje como tal, y que su nombre es todo lo engaño que se pueda imaginar: no es inteligente, no funciona como la mayoría de la gente cree. Así pues , lo lógico es formularse la siguiente pregunta: ¿cómo funciona entonces realmente esta tecnología?
Para la doctora Randazzo, ahí radica su principal inconveniente: que no se sabe. Es lo que en inglés se conoce como "black box problem". La mayoría de modelos de IA destacan por su opacidad, lo que dificulta que incluso gente como Sam Altman sepan cómo se comportan. Y de esta forma es imposible garantizar derechos fundamentales de privacidad o seguridad para la gente.
Un problema a nivel global
Según la autora de la investigación, gente como Geoffrey Hinton, el llamado "padre de la IA" no exagera ni un ápice al repetir las amenazas que la IA trae consigo. Y no solo se trata de pérdidas de trabajo. Sin la sin regulación adecuada, es muy probable que incluso pudiera poner en riesgo los principios democráticos, o crear brechas sociales más profundas que las que ya existen.
Todo parece indicar que, si todo continúa igual, la IA perfectamente puede interpretar a los seres humanos como "puntos de datos". Es decir, algo sin ningún valor o dignidad. Y eso es preocupante, claro.
