Palmer Luckey, fundador de Anduril: "La IA debería decidir quién vive y quién muere en una guerra"

Palmer Luckey, fundador de Anduril
Palmer Luckey, defensor de la IA en la guerraAnduril

Fue el creador de la realidad virtual moderna, y ahora se dedica a diseñar armas de guerra. Quiere que la IA tenga permiso para matar humanos.

La inteligencia artificial tiene muchas aplicaciones controvertidas, pero la mayor de todas es su uso en la guerra. Ya se emplea para controlar drones militares, y el siguiente salto cualitativo es permitir que decida quién vive y quién muere. Palmer Luckey, fundador de Anduril, lo tiene muy claro: si la tecnología existe, ¿por qué no usarla?

Palmer Luckey se dio a conocer hace unos años por ser el fundador de Oculus, la compañía que desarrolló las Oculus Rift, las primeras gafas de realidad virtual de la era moderna. Vendió la empresa a Meta por 2.000 millones de dólares, que la usaría para desarrollar las Meta Quest.

En 2017 fundó Anduril, una empresa militar que ya tiene contratos con los ejércitos estadounidense y surcoreano para desarrollar drones kamikaze, y otras armas con IA. También ha sustituido a Microsoft para desarrollar las fallidas Hololens, gafas de realidad aumentada para el ejército.

La IA con permiso para matar humanos

Palmer Luckey es un tipo peculiar. Siempre va vestido con camisa hawaiana, y además de trabajar en Anduril desarrollando la tecnología de drones, ha creado un clon de la consola Game Boy, así como algunos juegos retro.

Ayer fue entrevistado por Fox News, y dijo algunas cosas polémicas. Se mostró a favor de permitir que la inteligencia artificial apriete el gatillo, y decida quién vive y quién muere en un conflicto bélico.

“Cuando se trata de tomar decisiones de vida o muerte, creo que es un ámbito demasiado delicado desde el punto de vista moral, demasiado crítico, como para no aplicar la mejor tecnología disponible, sea cual sea. Ya sea inteligencia artificial, cuántica o cualquier otra cosa. Si se trata de matar personas, hay que minimizar los daños colaterales. Hay que estar lo más seguro posible de todo lo que se hace”.

“Por lo tanto, para mí, no hay ninguna superioridad moral en utilizar tecnología inferior, aunque te permita decir cosas como: 'Nunca dejamos que un robot decida quién vive y quién muere'”.

Como suele ser habitual en los fabricantes de armas, Palmer Luckey ha eliminado todo componente ético y moral a la decisión de matar gente, aunque sea un enemigo. Es solo una cuestión técnica. Y si la IA ofrece mejores resultados, entonces la IA debería matar gente, según decida.

El problema es que la IA no tiene moral, ni miedo a matar, ni compasión. Y ese es el gran peligro. Que las armas estén en manos de una IA que no tiene conciencia para matar, ni miedo a morir.

Tal como cuenta TechSpot, hace unas semanas investigadores de la Universidad de Stanford, y otras, pusieron en marcha una simulación bélica gestionada por GPT-4, GPT-3.5, Claude 2.0, Llama-2-Chat, y GPT-4-Base. En casi todos los casos la guerra escaló de nivel, y en algunos escenarios, la IA lanzó bombas nucleares sin avisar. GPT-4 llegó a decir: “¡Las tenemos! ¡Usémoslas!”.