Le preguntamos a la IA qué pasaría si desapareciera Internet por una semana: "Un caos total"

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La inteligencia artificial ve un mundo que colapsaría en pocas horas, no solo por fallos técnicos, sino por una crisis que paralizaría la economía, los servicios y la vida cotidiana.

Internet ya no es solo una herramienta para comunicarnos, hoy es la columna vertebral de casi todo lo que nos rodea. La usamos sin darnos cuenta cada vez que pagamos con tarjeta, pedimos un Uber desde el móvil, consultamos las cuentas en las apps bancarias o al teletrabajar. 

Pero también la utilizan los hospitales para acceder a historiales médicos, los bancos, así como las administraciones para coordinar servicios. La red sostiene la economía, la logística, el transporte, la educación, la seguridad e incluso muchas de tus relaciones personales

Por eso, no es ninguna locura preguntarnos qué pasaría si un día internet dejara de funcionar por completo. No por unos minutos o unas horas, como ya ha ocurrido en algunos países como España tras el apagón, sino durante una semana entera.

Esa fue la pregunta que le hicimos a ChatGPT y la respuesta no dejó lugar a interpretaciones: "Un caos total". Sin matices, una descripción que resume el impacto de desconectar, de golpe, la infraestructura que mantiene en marcha al planeta en todos los ámbitos. 

La caída de Internet durante una semana implicaría una reacción en cadena, por lo que desde el primer momento notarías que tu móvil deja de recibir mensajes, que las aplicaciones no funcionan y que los navegadores no cargan nada. Pero lo grave vendría después.

Según la IA, las comunicaciones entre personas y empresas se interrumpirían, y las operaciones bancarias quedarían congeladas, las plataformas en la nube dejarían de sincronizar datos, y la logística internacional entraría en pausa. 

Las áreas que colapsarían en cuestión de horas

En cuestión de horas, los gobiernos, los servicios de emergencia, así como los proveedores esenciales quedarían desconectados, sin margen para coordinar respuestas, en general, sería un problema que iría va más allá de lo técnico, un problema estructural. 

Los primeros efectos serían silenciosos, con servicios como redes sociales, Google Drive o YouTube que no se abren, llamadas de videoconferencia que no conectan, y una red móvil con cortes intermitentes. Pero después se traducirían en fallos sistémicos en sectores clave:

  • Sanidad: hospitales sin acceso a historiales médicos, plataformas de atención digital paralizadas, dispositivos sin conexión a bases de datos.
  • Transporte y logística: rutas comerciales bloqueadas por la falta de comunicación, control aéreo sin datos en tiempo real, almacenes sin gestión de stock.
  • Banca y pagos: tarjetas de crédito inservibles, cajeros desconectados, imposibilidad de realizar transferencias o compras online.
  • Educación y trabajo: clases virtuales canceladas, teletrabajo suspendido, oficinas sin acceso a documentos ni herramientas colaborativas.
  • Administración pública: citas aplazadas, sistemas digitales inoperativos, servicios sin respuesta automatizada ni atención ciudadana.

"Sin Internet, no solo dejarías de navegar en la web, los humanos dejarían de funcionar", afirma la IA. En este caso, la rutina diaria, tanto a nivel individual como colectivo, se vería interrumpida sin alternativa inmediata.

A medida que pasaran los días, los efectos dejarían de ser solo operativos para convertirse en problemas sociales, económicos y políticos. 

En los hogares, pronto se notaría el desabastecimiento. Supermercados y gasolineras sin sistema, farmacias sin capacidad para tramitar pedidos. La falta de acceso al dinero, a la comunicación con familiares o a información básica podría provocar una oleada de incertidumbre y pánico.

En el plano internacional, los gobiernos tendrían dificultades para coordinar respuestas conjuntas, lo que derivaría en aislamiento diplomático o incluso en tensiones entre países, esto ocasionaría que la economía global, basada en transacciones, sufriría un parón sin precedentes.

Asimismo, en países altamente conectados como España, la caída afectaría a redes ferroviarias, plataformas fiscales, sanidad pública, además de sistemas de protección civil autonómicos. Todo lo que depende de la conectividad permanente quedaría expuesto.

¿Puede pasar? Y más importante aún: ¿estamos preparados?

La respuesta de la inteligencia artificial no es una predicción, sino una advertencia, puesto que la pregunta no es si pasará, sino qué ocurriría si pasa. Porque, aunque improbable, los precedentes existen.

En octubre de 2021, una caída global de los servicios de Facebook dejó sin comunicación a millones de personas y paralizó negocios durante horas. En 2016, un ataque al proveedor Dyn afectó a media Internet en Estados Unidos y parte de Europa. Ninguno de estos casos duró más de un día, pero fueron suficientes para poner en jaque a múltiples sectores.

¿Existen planes de contingencia en gobiernos, instituciones o grandes empresas frente a una desconexión total? En la mayoría de los casos, no. La realidad es que dependemos de una red que no sabríamos sustituir si dejara de funcionar, ni siquiera de forma temporal.

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