Tras el cierre de Sora, OpenAI apaga el "modo picante" de ChatGPT

Modo picante de ChatGPT
Modo picante de ChatGPTGenerado con IA

El modo adulto de ChatGPT iba a permitir conversaciones picantes solo para mayores de 18 años, pero OpenAI ha decidido no lanzarlo por ahora, al menos en el corto plazo.

Después de meses de rumores sobre su lanzamiento, OpenAI ha decidido pausar indefinidamente el desarrollo de un chatbot picante, un movimiento que va más allá de una simple cancelación de producto.  

Según un informe de Financial Times, la compañía ha optado por detener este servicio en un momento en el que la presión regulatoria sobre la inteligencia artificial no deja de aumentar.

La decisión refleja un cambio de enfoque donde no todo lo que es técnicamente posible tiene cabida en la estrategia comercial de una empresa que opera en el centro del debate sobre los límites de la IA.

El desarrollo de un chatbot picante formaba parte de las posibilidades que abre la tecnología actual. Y es que los modelos de lenguaje son capaces de adaptarse a distintos registros, contextos y niveles de interacción, lo que incluye también escenarios sensibles.

Sin embargo, llevar esa capacidad al mercado implica algo más que tecnología, supone definir qué tipo de producto se quiere ofrecer y, sobre todo, qué riesgos se está dispuesto a asumir.

Por qué OpenAI ha decidido parar el chat erótico

Cabe señalar que la pausa no responde a una combinación de factores externos e internos. El primero es el marco regulatorio, cada vez más exigente en lo que respecta al uso de inteligencia artificial, especialmente cuando entra en juego contenido delicado.

El segundo es reputacional. OpenAI no es una empresa cualquiera, por lo que cualquier paso en falso tiene un impacto que trasciende al producto en sí. Por ello, asociar su tecnología a determinados usos puede condicionar la relación con gobiernos y socios.

A esto se suma un tercer elemento, que es el control. Garantizar que un sistema de este tipo no genere contenido sexual o no cumpla con restricciones legales es un reto complejo, incluso con herramientas avanzadas.

Durante meses, la compañía trabajó en el modo adulto para ChatGPT con la idea de ofrecer conversaciones de corte sexual en formato texto a usuarios que lo activasen de forma voluntaria y que superasen controles de edad. 

Era una forma de abrir la puerta a un mercado enorme, donde otros modelos de IA ya se han movido con menos pudor, pero intentando mantener cierta distancia con la pornografía visual y los deepfakes.

Es importante mencionar que el plan encajaba con la fase en la que OpenAI buscaba nuevas fuentes de ingresos, más allá del chatbot generalista y de los acuerdos corporativos. 

Tras Sora, el modelo de vídeo que prometía revolucionar la generación de clips, el modo erótico se presentaba como otra apuesta agresiva en un terreno muy sensible, pero potencialmente muy rentable.

El problema de los límites en la IA

La decisión pone sobre la mesa una cuestión más amplia. ¿dónde están los límites de la inteligencia artificial? No se trata solo de lo que puede hacer, sino de lo que debería hacer en un entorno comercial y regulado.

En este contexto, tecnologías como la verificación o estimación de edad aparecen como posibles soluciones, pero también abren nuevos debates sobre privacidad, fiabilidad y responsabilidad.

En el fondo, el apagado del "modo picante" de ChatGPT pone en primer plano una tensión que atraviesa a toda la industria de la IA. Por un lado, existe un mercado dispuesto a pagar por experiencias íntimas con modelos generativos, desde compañía emocional hasta fantasías sexuales. 

Por otro, el despliegue masivo de estos servicios plantea preguntas incómodas sobre adicción, relaciones parasociales, consentimiento, privacidad y exposición de menores.

OpenAI ha optado, de momento, por sacrificar una posible vía de ingresos para no abrir ese melón en su propia plataforma. Otras empresas se están moviendo en dirección contraria, con modelos más laxos y menos preocupados por la imagen pública. 

La diferencia marcará no solo quién gana dinero a corto plazo, sino también quién asume los riesgos sociales, regulatorios y legales de esta nueva frontera.

Qué implica para el sector

OpenAI, que durante años ha simbolizado la carrera por ir un paso por delante, empieza a definir qué no está dispuesta a hacer, incluso cuando el incentivo económico es evidente. 

Ese gesto no resuelve el debate sobre contenido adulto y predicción de edad, pero sí dibuja una línea que otros actores tendrán que decidir si respetan o cruzan.

En la práctica, el apagado del modo picante de ChatGPT marca hasta dónde llega hoy la combinación de negocio, seguridad y reputación para una de las empresas más observadas del planeta. El resto del sector tomará nota, ya sea para imitar ese freno o para aprovechar el espacio que deja libre.

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