Un dron Shahed de Estados Unidos se encuentra con su "media naranja" en Irán

¡Giro histórico! EEUU usa el dron LUCAS en combate, su propia versión del Shahed iraní. Un arma de bajo coste que cambia las reglas de la guerra moderna. Conoce los detalles.
Durante la operación Epic Fury, EEUU ha usado por primera vez el dron LUCAS para golpear instalaciones de la Guardia Revolucionaria; esto durante la guerra contra Irán y el conflicto que se ha desatado en Oriente Medio.
Cabe señalar que el nombre de esta aeronave no tripulada son las siglas de Low‑cost Unmanned Combat Attack System. En la práctica, es una munición de largo alcance pensada para despegar, volar hasta el blanco y destruirse en el impacto.
En pocas palabras, es un dron de un solo uso, lo que significa que no vuelve a la base salvo en algunas configuraciones de reconocimiento muy concretas. Su configuración recuerda al Shahed‑136 iraní que se usa en la guerra en Ucrania.
Un dron kamikaze de bajo coste made in EEUU
LUCAS tiene un motor de combustión con hélice en la parte trasera, fuselaje sencillo y poca electrónica visible. Se lanza desde catapultas, rampas asistidas por cohetes o plataformas móviles, sin necesidad de pistas.
Su vuelo se programa antes del despegue con una ruta, altura y punto de impacto y, a partir de ahí, el dron navega de forma autónoma más allá de la línea de visión, combinando navegación por satélite e inercial para seguir en curso incluso si falla el GPS.
Esta simplicidad es clave, puesto que permite fabricar varios drones LUCAS en masa, distribuirlo en unidades de tierra y, en pruebas recientes, desplegarlo también desde buques como el USS Santa Barbara.
De acuerdo con Defenseone, este dron no está pensado para perseguir soldados, sino infraestructuras críticas. Y es que su objetivo son centros de mando, radares, baterías antiaéreas, lanzadores de misiles, depósitos de munición o bases aéreas.
El motor de combustión es más eficiente y silencioso que el de un Shahed, lo que complica su detección y alarga su alcance operativo. Tiene autopiloto avanzado, navegación inercial, receptor satelital y enlaces de datos que permiten integrarlo en redes de mando y control.
Sobre el fuselaje se monta una arquitectura modular capaz de alojar distintas cargas útiles: desde una ojiva explosiva de tamaño comparable a la de un misil ligero hasta sensores de inteligencia o módulos de guerra electrónica.
Aunque el concepto base es kamikaze, algunos perfiles de misión permiten recuperar el dron tras tareas de reconocimiento. Eso convierte a LUCAS en algo más versátil que el Shahed iraní, que se concibe como munición de un solo uso.
Clon táctico del Shahed‑136
El diseño de LUCAS reproduce la filosofía iraní de dron kamikaze barato de ala delta, pensado para recorrer largas distancias y saturar defensas cuando se lanza en salvas. Un desarrollo que parte de unidades de Shahed capturadas y analizadas.
A partir de ingeniería inversa, se ha creado una plataforma con la misma silueta y el mismo papel táctico, pero reconstruida con motor, electrónica y estructura adaptados a estándares estadounidenses.
El resultado es un dron que, visualmente, puede confundirse con su "primo" iraní, pero que integra componentes occidentales, mejor gestión de combustible, menor ruido y un diseño para añadir sensores o cambiar cargas según la misión.
En la práctica, LUCAS es el "Shahed estadounidense", porque ocupa el mismo segmento de munición merodeadora de bajo coste y está llamado a jugar un papel similar en la doctrina de EEUU.
¿Por qué ha decidido Estados Unidos usar LUCAS en la guerra contra Irán? La respuesta mezcla coste y política. Cada unidad ronda los 35.000 dólares, una cifra muy por debajo de misiles de crucero como el Tomahawk, que se mueven en el orden de millones por disparo.
Eso permite lanzar decenas o incluso cientos de drones en un mismo paquete de ataque sin vaciar el arsenal estratégico. La idea es aprender de conflictos como Ucrania o Gaza, donde el número de drones en el aire importa tanto como la precisión individual.
En lugar de depender solo de armas muy caras y escasas, se recurre a enjambres de plataformas que saturan radares, obligan a las defensas a gastar interceptores y abren huecos para ataques posteriores con misiles y aviones tripulados.
Cabe mencionar que en la misión Epic Fury, el papel de LUCAS ha sido precisamente ese. Los drones se emplearon para golpear centros de mando, sistemas de defensa aérea y sitios de misiles iraníes.
Al atacar en salvas, obligaron a la defensa a dispersar su atención y su munición, facilitando la entrada posterior de misiles de crucero y cazas estadounidenses e israelíes contra objetivos más protegidos. Todo ello sin exponer pilotos a las primeras oleadas de fuego antiaéreo.
Estados Unidos e Irán arrastran años de tensiones, ataques a buques en el Golfo, acciones de milicias respaldadas por Teherán contra bases estadounidenses en Irak y Siria, sabotajes y ciberoperaciones.
Durante mucho tiempo, ambos países han preferido el enfrentamiento indirecto, a través de aliados y grupos interpuestos. Pero la operación Epic Fury marca un punto de inflexión.
Estados Unidos pasa de responder solo a ataques puntuales a golpear directamente infraestructura militar iraní. Teherán, por su parte, contesta con lanzamientos de Shahed y misiles contra bases de EEUU en la región.
En esa escalada, LUCAS es una señal de hacia dónde se mueve este tipo de guerra: más automatización, más protagonismo de drones baratos y un peso creciente de plataformas desechables en la estrategia de ambos bandos.
