Un estudio confirma que escribir a mano activa en el cerebro redes neuronales mucho más complejas y extendidas que escribir con un teclado

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La neurociencia revela qué ocurre al escribir a mano y por qué este método puede favorecer la memoria, la concentración y la capacidad para aprender nuevos conceptos.
La tecnología ha cambiado muchos de nuestros hábitos y la forma de escribir es uno de los más evidentes. Lo que antes hacíamos con papel y lápiz ahora suele terminar en una pantalla, ya sea para tomar una nota, preparar una lista o escribir cualquier texto.
Para muchas personas, el teclado del móvil, la tablet o el ordenador se ha convertido en la herramienta habitual para estas tareas, sobre todo porque es rápido, cómodo y permite corregir cualquier error al instante.
Sin embargo, cambiar la escritura tradicional por la digital también ha despertado preguntas sobre qué ocurre en el cerebro cuando dejamos de utilizar lápiz y papel.
Cabe mencionar que un reciente estudio de un grupo de investigadores de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (NTNU) apunta a una diferencia relevante.
Los resultados muestran que escribir a mano implica una actividad cerebral más conectada y compleja que teclear, especialmente por la combinación de movimientos precisos, percepción visual y sensaciones que intervienen durante cada trazo.
Un experimento diseñado para observar el cerebro

Para estudiar estas diferencias, los investigadores recurrieron a un sistema de electroencefalografía (EEG) de alta densidad equipado con 256 electrodos.
El dispositivo permitió registrar con bastante precisión los cambios en la actividad eléctrica del cerebro mientras los participantes realizaban las distintas tareas. Un experimento que contó con 36 estudiantes universitarios, todos diestros.
Cada participante tuvo que escribir palabras utilizando un lápiz digital y, en otra situación, introducirlas mediante un teclado. De esta manera, los investigadores pudieron comparar qué sucedía en el cerebro cuando el movimiento de la mano era necesario para formar las letras y cuando la tarea consistía principalmente en pulsar teclas.
El objetivo no era medir quién escribía más rápido, sino comprobar cómo variaba la comunicación entre diferentes zonas cerebrales dependiendo del método utilizado.
Escribir a mano exige más coordinación

Los registros mostraron una mayor conectividad entre distintas áreas del cerebro durante la escritura manual, donde los patrones fueron visibles en regiones centrales y parietales, relacionadas con el procesamiento de información sensorial y motora.
También aparecieron patrones de actividad asociados a las bandas de frecuencia theta y alfa, que tienen relación con diferentes procesos cognitivos.
La cuestión importante no es que el cerebro esté simplemente “más activo”, sino que varias zonas parecen coordinarse de una manera más compleja mientras se escribe a mano.
El cerebro debe controlar el movimiento de los dedos y la mano, seguir visualmente lo que se está haciendo y recibir información sobre el desplazamiento de la mano. Esa combinación crea una experiencia mucho más rica que pulsar una tecla.
¿Por qué puede ayudar al aprendizaje?
Los investigadores relacionan esta conectividad con procesos que participan en la formación de recuerdos y el aprendizaje. Al escribir manualmente, la información no pasa únicamente por la identificación visual de una letra.
También intervienen movimientos y sensaciones que pueden ayudar al cerebro a procesar y codificar lo que se está escribiendo, por lo que esto tiene especial interés en el ámbito educativo.
Los autores plantean que escribir a mano debería conservar un espacio dentro de la enseñanza, sobre todo porque permite mantener esa interacción entre movimiento, percepción y procesamiento de información.
Eso no significa que los teclados sean perjudiciales ni que escribir a mano garantice mejores resultados académicos. El estudio compara dos formas de escribir y encuentra diferencias en la actividad cerebral, pero no demuestra por sí solo que una herramienta deba sustituir completamente a la otra.
En un entorno donde cada vez dependemos más de las pantallas para escribir, el lápiz sigue aportando una experiencia física que el teclado no reproduce de la misma manera y, para el aprendizaje, esa diferencia puede ser más importante de lo que parece.
