Christian Lous Lange, historiador y premio Nobel de la Paz: "La tecnología es un sirviente útil, pero un amo peligroso"

El historiador y pacifista noruego sostuvo que la tecnología no es buena ni mala en sí misma: su impacto depende de quién la controla y con qué propósito se utilice.
Hay frases que no envejecen porque no hablan de su época, sino de un patrón que se repite, y un claro ejemplo es Christian Lous Lange, historiador noruego y Premio Nobel de la Paz.
En 1921, dejó escrita una de esas frases hace más de cien años: "La tecnología es un sirviente útil, pero un amo peligroso." Hoy suena como si alguien la hubiera escrito en un debate sobre IA.
Pero cabe señalar que Lange no era tecnólogo ni ingeniero, dedicó su vida a construir estructuras internacionales para resolver conflictos sin recurrir a las armas y entendió algo que muchos especialistas de su época no vieron.
Es importante mencionar que, a pesar de los años, esta observación sigue describiendo con la misma precisión los debates actuales sobre redes sociales, algoritmos e inteligencia artificial.
Quién fue Christian Lous Lange
Fue secretario general de la Unión Interparlamentaria durante más de dos décadas, una organización que reunía a delegados de parlamentos de todo el mundo para fomentar el diálogo entre naciones.
Mantuvo viva esa institución incluso durante la Primera Guerra Mundial, cuando casi todo lo que representaba parecía derrumbarse.
En 1919 publicó su tesis doctoral sobre la historia del internacionalismo, un trabajo que influyó directamente en la creación de la Sociedad de Naciones, predecesora de la ONU.
Su manera de ver el mundo tenía una coherencia notable, ya que argumentaba que las fronteras territoriales eran un concepto político que la tecnología ya había vuelto obsoleto en términos económicos y comunicativos.
La humanidad vivía bajo dos realidades simultáneas, gobernada políticamente por el Estado territorial pero conectada de facto por comunicaciones globales. Estaba describiendo lo que décadas después llamaríamos globalización.
La misma advertencia, cien años después
Lange no desconfiaba de la innovación ni añoraba un mundo sin tecnología. Su advertencia es más específica: la tecnología es neutral en sí misma, pero su impacto depende por completo de quién la dirige y con qué propósito.
Usada como herramienta con criterio y responsabilidad, puede generar un beneficio enorme. Cuando deja de ser un medio y se convierte en el eje alrededor del que se organizan las decisiones, las relaciones, entonces el equilibrio de control ha cambiado de manos.
Lo observó en su época con el tren, el telégrafo y el armamento industrial. Tecnologías que transformaron el comercio y las comunicaciones a escala global, pero que también dotaron a los Estados de capacidades destructivas sin precedentes.
El problema no estaba en esas herramientas, sino en que la humanidad las había adoptado sin desarrollar en paralelo las estructuras éticas, políticas y sociales necesarias para controlarlas.
La velocidad del avance técnico superó a la velocidad del pensamiento institucional, y el resultado fue una guerra que mató a millones de personas.
Las redes sociales fueron diseñadas para conectar personas y hoy estructuran la opinión pública, amplifican la desinformación y condicionan decisiones políticas a una escala que ninguno de sus fundadores anticipó.
Los algoritmos de recomendación nacieron para personalizar la experiencia del usuario y hoy definen qué información consume, qué productos compra y en qué ideas refuerza sus convicciones una parte significativa de la población global.
Por otro lado, la inteligencia artificial promete automatización y eficiencia, pero plantea preguntas sobre sesgo, autonomía y control que todavía no tienen respuesta institucional clara en ningún país del mundo.
El patrón que Lange describió hace más de un siglo se repite con cada nueva ola tecnológica. Y es que adoptamos la herramienta antes de haber construido el marco para gestionarla.
Primero escala, luego regulamos. Primero implantamos, luego preguntamos si debíamos haberlo hecho. La pregunta que dejó abierta sigue sin respuesta: ¿estás usando la tecnología o es ella la que te organiza a ti?
El hecho de que un historiador pacifista del siglo XIX la formulara con más claridad que la mayoría de los debates tecnológicos del siglo XXI dice bastante sobre lo que hemos avanzado, y también sobre lo que no.

