Este país sustituyó el alumbrado público por carreteras fosforescentes: parecía la solución perfecta hasta que se encontraron con un grave problema

El gran problema de las carreteras fosforescentes
El gran problema de las carreteras fosforescentesGenerado con IA

La tecnología funcionaba absorbiendo la luz solar durante el día para emitir un resplandor durante la noche. Sin embargo, el proyecto colapsó por dos motivos fundamentales.

En 2023, Malasia puso en marcha un proyecto piloto en una carretera con una propuesta poco habitual: utilizar pintura fotoluminiscente en las líneas viales para iluminar la carretera sin necesidad de farolas.  

La idea tenía sentido en un país con costes elevados de infraestructura y miles de accidentes anuales (cerca de 6.000 muertes), por lo que mejorar la visibilidad nocturna sin consumo eléctrico era una buena alternativa. 

Sin embargo, tras su aplicación y uso en condiciones reales, el sistema no se extendió como se esperaba. Y no porque no funcionara, sino porque no lo hacía de forma fiable ni sostenible.

Una alternativa pensada para reducir costes y mejorar la seguridad

El objetivo era sustituir o reducir el alumbrado público en determinados tramos de la carretera y aprovechar la luz solar acumulada durante el día para generar visibilidad por la noche. 

Sobre el papel, era una solución eficiente, especialmente en zonas donde instalar farolas resulta caro o complicado. Sobre todo porque este tipo de iniciativas también respondía a un problema concreto. 

Y es que Malasia registra miles de muertes en carretera cada año, muchas de ellas en condiciones de baja visibilidad, por lo que cualquier mejora en señalización tiene impacto directo en la seguridad.

La pintura utilizada en las líneas tiene una mezcla de materiales capaces de absorber luz durante el día y liberarla progresivamente en la oscuridad. En entornos controlados, las líneas de la carretera permanecen visibles durante horas sin necesidad de electricidad.

El problema aparece cuando ese sistema se traslada a una carretera real, ya que la intensidad del brillo depende de la cantidad de luz recibida, del estado del material y del paso del tiempo. No es una fuente de luz constante, sino un sistema que se degrada.

El desgaste y el clima convierten la idea en un problema

Uno de los primeros obstáculos fue económico, y es que este tipo de pintura puede llegar a costar hasta veinte veces más que la señalización tradicional. Eso convierte cualquier despliegue en una inversión difícil de justificar.

El supuesto ahorro energético pierde sentido si el coste inicial es tan elevado y si, además, el material necesita reaplicarse con frecuencia. Así que la tecnología deja de ser eficiente en términos globales.

La pintura fotoluminiscente que Malasia probó para sustituir el alumbrado público en algunos tramos de sus carreteras empezó a mostrar sus límites cuando se aplicó sobre el asfalto en condiciones reales. 

Y es que no es lo mismo funcionar en un entorno controlado que hacerlo en una carretera sometida a tráfico constante, lluvia y cambios de temperatura.

En un país con lluvias intensas, humedad y calor, el material pierde eficacia con rapidez, porque la capacidad de absorber y emitir luz se reduce, el brillo se vuelve irregular y la señalización deja de ser consistente.

Con el paso de los meses, el sistema requería mantenimiento frecuente, el coste era elevado y el rendimiento no se mantenía estable. Esta combinación de factores hizo inviable su expansión en más carreteras del país.

Las autoridades optaron por no continuar con el despliegue a gran escala y centrarse en soluciones más previsibles, como mejoras en iluminación o señalización tradicional.

Una buena idea que no supera la realidad

Las infraestructuras exigen durabilidad, estabilidad y consistencia. Si una tecnología no cumple esos tres requisitos al mismo tiempo, deja de ser una opción viable, por muy atractiva que resulte sobre el papel.

Así que las carreteras que brillan en la oscuridad siguen siendo una propuesta interesante, pero este caso muestra sus límites con claridad. No basta con que algo funcione en condiciones ideales.

Tiene que hacerlo todos los días, con tráfico, con lluvia y con desgaste. Y cuando eso no ocurre, la innovación deja de ser una solución para convertirse en un problema difícil de sostener.

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