Pablo Ojeda, experto en nutrición, desvela el truco para engañar al cerebro y eliminar el antojo de dulce

¿Antojo de dulce tras comer? Pablo Ojeda revela que el truco no es prohibir el azúcar, sino cambiar cómo masticas. Descubre el sencillo gesto que engaña a tu cerebro.
Muchas personas notan un antojo intenso de dulce justo después de comer. El nutricionista Pablo Ojeda explica que, en muchos casos, la causa principal no es el tipo de alimento, sino la forma de comer.
A través de un vídeo publicado en su cuenta de Instagram, el experto afirma que ajustar este hábito diario permite reducir de forma clara la necesidad de comer azúcar.
El problema es cómo comes
Cuando comes muy deprisa y masticas poco, la glucosa de la comida entra en el torrente sanguíneo con rapidez. Cuando esto sucede, la glucemia sube, el páncreas libera más insulina y, pasado un rato, se produce un bajón de azúcar.
Cabe señalar que este descenso relativo es uno de los disparadores típicos del deseo de dulce, puesto que el cerebro interpreta que necesita energía rápida y te orienta a alimentos azucarados.
Además, al comer con prisas, la señal de saciedad llega tarde al cerebro. Aunque hayas comido suficiente, la sensación no es completa.
Es importante mencionar que esa combinación de bajón de glucosa y saciedad tardía facilita que aparezca el antojo de algo dulce justo al terminar de digerir tus alimentos.
El enfoque de Ojeda se centra en el ritmo de la comida. Señala que muchas personas que creen tener "adicción al dulce" repiten un patrón de comer rápido, con pocas masticaciones y casi siempre con distracciones como el móvil o la televisión.
Insiste en que, si corriges la forma de comer, el antojo pierde intensidad. No plantea de entrada eliminar por completo determinados alimentos, sino ajustar el contexto en el que se produce ese deseo de dulce.
El truco para eliminar el antojo de dulce después de comer
La herramienta principal que propone Pablo Ojeda es la comida consciente, que está compuesta por tres pautas básicas:
1. Masticar cada bocado muchas más veces de lo habitual.
2. Comer despacio, sin el móvil ni otras distracciones.
3. Prestar atención a los sabores y a la sensación de saciedad que va apareciendo.
Al masticar más, la digestión comienza de forma más eficaz en la boca. Se produce más saliva, se activa mejor el nervio vago y el cerebro recibe antes la señal de que se está comiendo.
Esto hace que la saciedad aparezca con menos cantidad de comida y de forma más gradual. Al alargar ligeramente el tiempo de la comida, la subida de glucosa en sangre suele ser más progresiva.
Al final, la respuesta de insulina no tiene que ser tan intensa y la posterior bajada de azúcar es menos acusada. Con esa curva más estable, el disparador fisiológico del antojo de dulce se reduce.
Aplicar estas pautas tiene varios efectos prácticos, y uno de los inmediatos es que disminuyes la urgencia por consumir chocolate, galletas u otros dulces justo después de comer.
Del mismo modo, reduces los bajones de energía de media tarde, al evitar picos y caídas marcadas de glucosa. Y también permites recortar la sensación de estar en una dieta rígida.
Si masticar más y comer más despacio se convierten en hábito, es probable que el antojo de dulce después de comer se reduzca por sí solo y que seas tú quien decida cuándo comerlo.

