Le pedimos a la IA que hiciera una ruta por los pueblos más extraños de España y esto fue lo que creó

ChatGPT, el chatbot de OpenAI, nos compartió una curiosa ruta en coche por algunos de los pueblos más extraños y singulares de España, desde Zamora hasta Jaén.
La inteligencia artificial ya no se limita a mantener una conversación, puede generar imágenes al estilo Ghibli, clonar voces, escribir código, traducir idiomas, crear filtros para redes sociales o proponer un plan de empresa. También transforma fotos pixeladas en retratos, convierte audios en texto con precisión y crea rutinas de entrenamiento personalizadas.
Ese es el nivel de versatilidad que le exigimos cuando le pedimos una ruta por carretera. Pero no queríamos recomendaciones turísticas típicas, nada de pueblos con encanto ni listas de miradores bonitos. Queríamos pueblos extraños, y el chatbot respondió con rutas que nos dejó boquiabiertos.
La ruta más surrealista por los pueblos de España (según la IA)
La IA no eligió destinos de postal, sino que fue directa a lo extraño, donde el itinerario arranca en Peleas de Abajo, en Zamora. El nombre ya invita a pensar en disputas, pero lo curioso es que el pueblo vivió años en un limbo administrativo, sin ayuntamiento.
Desde ahí, eligió Galicia hasta Villapene, en Lugo. El cartel ha sido robado tantas veces que está soldado al suelo. Para los vecinos no tiene nada de raro, pero en redes es un fenómeno, sobre todo por su nombre que está de más decir a lo que muchos lo asocian.
La siguiente parada es La Puda de Montserrat, en Barcelona, un balneario abandonado, con ruinas cubiertas de grafitis y un aire que atrae a exploradores. Luego viene Trasmoz, en Zaragoza, único pueblo excomulgado oficialmente por la Iglesia. Aquí se celebran ferias de brujería, hay un castillo asociado a aquelarres y su cementerio sigue fuera del amparo eclesiástico.
Más adelante, Cenicero, en La Rioja, cuyo nombre no tiene nada que ver con fumar, aunque lo parezca. Proviene de las cenizas agrícolas, pero aun así, muchos turistas siguen preguntando si hay algún museo del tabaco. Lo que sí hay es vino, y bastante.
La ruta continua por Belchite Viejo, un pueblo fantasma bombardeado en la Guerra Civil, con ruinas que no se han tocado desde entonces y en el cual el silencio pesa. Luego, la IA dirigió hacia Girona, donde una estatua gigante generó polémica y titulares durante semanas. Fue retirada, pero sigue viva en la memoria colectiva… y en Google Imágenes.
En Aldeacentenera, en Cáceres, lo raro es que durante años nadie supo cuántos habitantes vivían realmente en el pueblo, donde el censo oficial y la realidad no coincidían, por lo que es una de las rutas más extrañas que ha compartido ChatGPT.
El final llega en Guarromán, en Jaén. Cabe señalar que su nombre es tan llamativo que ya nadie se sorprende al ver bromas en redes. El origen es árabe —"río de los granados"— pero el pueblo ha sabido reírse de sí mismo, tanto, que celebra la Feria del Guarro.
Más que una lista para hacer turismo con amigos o familiares, esta ruta es un recorrido por la parte menos conocida del mapa de España. Lugares donde los nombres, las leyendas, las ruinas o las historias absurdas forman parte del encanto, y la IA lo sabe de sobra.

Lo curioso de este experimento no es solo los pueblos, sino el tipo de criterio que ha seguido. No se ha basado en fotos de Instagram ni en rankings de popularidad. Ha detectado qué lugares llaman la atención por su rareza, sus contradicciones o por tener un relato propio.
Eso plantea una pregunta incómoda, si la IA ya organiza viajes, resuelve papeleos, escribe textos, genera imágenes y hasta propone rutas con más gracia que algunas oficinas de turismo… ¿Qué papel nos queda a nosotros?
La inteligencia artificial no es una promesa a largo plazo, ya se está integrando en miles de tareas cotidianas, desde filtrar currículums hasta gestionar pedidos online. Escribe artículos, analiza contratos, diagnostica fallos en servidores y escribe música.
En el mundo del turismo, ya hay agencias que la usan para diseñar itinerarios automáticos, chatbots que gestionan reservas o asistentes que recomiendan escapadas según tu estado de ánimo.
Este tipo de avances no reemplazan del todo al factor humano, pero sí están cambiando cómo decidimos, cómo nos informamos y hasta cómo viajamos. La inteligencia artificial no solo nos acompaña, también nos sugiere qué ver y por qué.
Quizá la próxima vez que quieras hacer una ruta diferente no tengas que consultar foros ni blogs. Tal vez solo necesites hacer una pregunta bien formulada, porque si hasta una IA puede descubrirte pueblos como Villapene, Trasmoz o Guarromán, es que es el futuro del turismo y las recomendaciones.

