Salah Sun, experto en electrodomésticos de Beko: "A la hora de llenar la lavadora, debes poder meter la mano"

Usar bien la lavadora va más allá del detergente o el programa de lavado elegido. Lo esencial es llenar el tambor con equilibrio y evitar la sobrecarga para mejores resultados.
Durante años, muchos hogares han pensado que llenar la lavadora hasta el límite era la mejor forma de ahorrar tiempo, agua y electricidad. Sin embargo, los fabricantes insisten en que ese hábito es uno de los que más acorta la vida útil del electrodoméstico y reduce la eficacia del lavado.
Salah Sun, experto de Beko, lo explica con una regla muy simple: "A la hora de llenar la lavadora, debes poder meter la mano". Ese espacio, que parece insignificante, garantiza que la ropa pueda moverse, que el detergente se disuelva correctamente y que el agua circule sin obstáculos.
El problema no es menor, porque sobrecargar el tambor no solo deja la ropa mal lavada, también aumenta el desgaste de los tejidos y multiplica las probabilidades de avería. Y en el otro extremo, lavar con el tambor casi vacío tampoco es recomendable, porque genera desequilibrios en el centrifugado, así como un gasto innecesario.
Por eso, la clave está en encontrar el punto medio, sobre todo aprovechar al máximo cada ciclo sin forzar la máquina. Los expertos coinciden en que llenar la lavadora hasta tres cuartos de su capacidad es lo ideal, una pauta sencilla que puede marcar la diferencia en el día a día.
La regla de la mano en la lavadora
El consejo de Salah Sun es fácil de recordar, ya que se debe dejar siempre un hueco en el tambor que te permita introducir la mano y girarla 90 grados sobre la ropa. Ese espacio garantiza que las prendas se muevan con soltura, que el agua circule correctamente y que el detergente se disuelva.
Fabricantes como Bosch coinciden en este punto y aportan una cifra concreta, donde lo ideal es llenar la lavadora hasta un 75% de su capacidad. Este equilibrio permite aprovechar al máximo cada ciclo sin comprometer la eficacia del lavado.
La diferencia entre seguir o no esta recomendación se nota. Una lavadora de 8 kilos puede albergar unas 40 camisas, mientras que un modelo de 12 kilos alcanza hasta 60. Forzar más allá de esos límites no significa que la máquina rinda mejor, sino que se reduce la calidad del lavado y aumenta el desgaste de sus piezas.
Además, respetar la regla de la mano ayuda a optimizar recursos. Con el tambor bien cargado, pero no saturado, se consume la cantidad justa de agua y electricidad, evitando despilfarros que, al final de mes, también se notan en la factura.
Elegir la lavadora adecuada para tu hogar
Otro error frecuente es pensar que todas las lavadoras sirven igual para cualquier tipo de hogar. Si en tu casa son varios y siempre hay montañas de ropa acumulada, la solución no pasa por apretar más la carga en una máquina pequeña, sino por invertir en un modelo de mayor capacidad.
Las lavadoras estándar de 7 u 8 kilos son suficientes para una o dos personas, mientras que las familias numerosas deberían apostar por tambores de 10 o 12 kilos. La diferencia no es solo de espacio, también de durabilidad. Una lavadora grande trabajando en condiciones óptimas se desgasta mucho menos que una pequeña sometida a sobrecargas continuas.
En otras palabras, elegir bien el electrodoméstico es parte de la estrategia para cuidar tanto la ropa como el bolsillo. Un aparato ajustado a tus necesidades evita reparaciones, alarga la vida útil y garantiza resultados más consistentes.
Hábitos que alargan la vida de los electrodomésticos
La lavadora es uno de los aparatos más esenciales en cualquier hogar. Su uso intensivo hace que esté sometida a un desgaste constante, por lo que los hábitos de cuidado marcan la diferencia. Seguir las recomendaciones de carga es solo el primer paso.
Otros gestos simples también ayudan; por ejemplo, limpiar regularmente el cajetín del detergente, revisar los filtros y no dejar la puerta cerrada después de cada ciclo para evitar la humedad y los malos olores. Estos cuidados básicos no solo prolongan la vida útil de la máquina, también aseguran mejores resultados en cada lavado.
No es casualidad que la lavadora sea el electrodoméstico favorito de muchas amas de casa y usuarios en general. Es sinónimo de comodidad, higiene y ahorro de tiempo, en pocas décadas ha pasado de ser un lujo a convertirse en imprescindible. Por eso, protegerla con buenos hábitos no es un capricho, es una inversión en calidad de vida.
Al fin y al cabo, el buen uso de un electrodoméstico depende más del usuario que del propio fabricante. Una lavadora puede durar más de una década si se utiliza correctamente, o desgastarse en pocos años si se abusa de ella con sobrecargas o falta de mantenimiento.

