Steve Jobs, cofundador de Apple, sobre saber renunciar a tiempo: "Decidir qué no hacer es tan importante como decidir qué hacer"

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Steve Jobs, el que fuera CEO de Apple, defendía que renunciar a ciertas oportunidades podía mejorar los resultados y que decidir qué ideas, proyectos o tareas descartar permitía centrarse en lo realmente importante.
Podemos tener varias ideas, varios proyectos o diferentes caminos que nos gustaría explorar, pero intentar hacerlos todos al mismo tiempo acaba repartiendo nuestra atención hasta que ninguno recibe lo necesario. Así que elegir también significa descartar, aunque esa parte de la decisión resulte mucho menos atractiva, y Steve Jobs entendía esa dificultad, ya que convirtió la renuncia en una parte esencial de su forma de pensar. Cuando hablaba de concentración, no se refería simplemente a elegir una prioridad y dedicarle todos los esfuerzos, sino a cerrar la puerta a muchas otras posibilidades para poder avanzar de verdad en una sola dirección.
En Apple llevó esa manera de pensar hasta las decisiones de producto. Incuso cuando regresó a la compañía encontró una organización que trabajaba en demasiadas direcciones y acabó reduciendo de forma drástica ese abanico.
Así que la concentración no era para él una cuestión teórica, sino una herramienta importante para recuperar el control sobre aquello que la empresa podía hacer bien.
Jobs podía ser un jefe difícil, pero sabía imponer una dirección

Es importante mencionar que Steve Jobs tenía una personalidad especialmente exigente y su manera de dirigir estaba lejos de ser amable. Quienes trabajaron con él describieron episodios de gritos, enfrentamientos y una atención obsesiva por los detalles.
Mientras que algunos antiguos empleados también reconocieron que esa presión podía llevar a equipos a conseguir resultados que ellos mismos no creían posibles.
Esa contradicción forma parte de su legado, donde Jobs podía ser controlador y humillante con las personas que trabajaban a su alrededor, pero también tenía una capacidad poco habitual para fijar una dirección y exigir que todos entendieran qué debía importar en cada momento.
Su gestión no debería tomarse como un modelo de comportamiento, pero sí ayuda a entender por qué la idea de concentración ocupaba un lugar tan importante en su manera de trabajar.
Para Steve Jobs, decir no significaba proteger lo que sí merecía la pena

La frase sobre decidir qué no hacer cobra sentido cuando se entiende así. Jobs no defendía rechazar oportunidades por sistema, sino reconocer que incluso una buena idea puede convertirse en una distracción si obliga a repartir recursos entre demasiados objetivos.
En 2008 explicaba que Apple tenía menos de 30 productos principales pese a ser una empresa de unos 30.000 millones de dólares. Para él, esa reducción no suponía falta de ambición, sino todo lo contrario. Consideraba que elegir con cuidado dónde concentrarse permitía dedicar más talento y esfuerzo a cada producto.
El ejemplo más claro fue la negativa a desarrollar una PDA, donde Apple recibió durante años presión para entrar en ese mercado, pero Jobs pensaba que los móviles terminarían asumiendo buena parte de las funciones de estos dispositivos.
Al final decidió no dedicar recursos a esa categoría y, según explicó posteriormente, esa elección dejó margen para trabajar en el iPod, y posteriormente en otros productos que revolucionaron el mundo, como el iPhone y el iPad.
La misma idea puede servir fuera de Apple
La enseñanza no está en copiar las decisiones de Steve Jobs, sino en entender el coste de oportunidad que existe detrás de cualquiera de ellas. Cada hora dedicada a un proyecto es una hora que no podemos dedicar a otro, y aceptar constantemente nuevas obligaciones puede hacer que acabemos avanzando poco en todas.
Jobs también hablaba de las decisiones personales desde otra perspectiva. En su discurso en Stanford en 2005 explicó que recordar la propia mortalidad le ayudaba a distinguir entre lo verdaderamente importante y las expectativas, el miedo o el orgullo.
Aplicado a la vida cotidiana, el principio es sencillo, ya que no necesitamos llenar la agenda para avanzar ni conservar todas las opciones abiertas por miedo a equivocarnos. A veces, progresar consiste en identificar aquello que ya no merece nuestro tiempo y apartarlo para poder dedicar más atención a lo que sí queremos construir.
Ese era, en esencia, el sentido de la idea que Steve Jobs defendía, y quizá una de las decisiones más difíciles sea aceptar que renunciar a algo también puede ser una forma de elegir.
