Un iPhone 17 Pro cae desde más de 30 kilómetros de altura y sobrevive sin daños

Elígenos como tu fuente preferida en Google.
Un iPhone 17 Pro fue lanzado desde 30.607 metros de altura en Suecia y sobrevivió a una caída de 25 minutos sin daños visibles.
Un iPhone 17 Pro acaba de protagonizar una de las pruebas de resistencia más llamativas realizadas con un teléfono móvil. El dispositivo fue soltado desde 30.607 metros de altura, sobre el norte de Suecia, y consiguió llegar al suelo completamente funcional.
El experimento fue organizado por RhinoShield, fabricante de fundas para teléfonos, junto a la compañía aeroespacial Sent Into Space. El objetivo no era únicamente comprobar hasta dónde podía resistir el iPhone, sino establecer un nuevo récord Guinness para la caída de un teléfono móvil protegido por una funda sobre terreno natural.
El lanzamiento tuvo lugar el pasado 24 de junio desde Kiruna, Suecia, utilizando un globo de gran altitud. Una vez alcanzados los más de 30 kilómetros, el iPhone fue liberado y comenzó una caída que duró aproximadamente 25 minutos.
Y lo hizo sin paracaídas, sin un contenedor de protección alrededor y sin ningún sistema de calefacción que protegiera el dispositivo durante el descenso.
La caída sometió al teléfono a unas condiciones bastante más extremas que las de cualquier situación cotidiana. Durante el descenso, el iPhone llegó a atravesar zonas con temperaturas de hasta 60 grados bajo cero, además de experimentar cambios en la presión atmosférica mientras pasaba desde las capas superiores de la atmósfera hacia zonas cada vez más densas.
Sin embargo, hay un detalle de física que hace que la cifra de 30 kms resulte algo menos espectacular desde el punto de vista del impacto.
Un objeto que cae no acelera indefinidamente. La resistencia del aire aumenta a medida que lo hace la velocidad hasta alcanzar un límite conocido como velocidad terminal. En el caso de un teléfono que cae dando vueltas, la velocidad máxima podría haberse situado aproximadamente entre 50 y 160 km/h, dependiendo de su orientación.
Eso significa que, aunque el iPhone comenzó su descenso desde una altura enorme, probablemente no llegó al suelo a una velocidad muy superior a la que habría alcanzado después de una caída mucho más corta.
Después del impacto comenzó otra parte complicada del experimento: localizar el teléfono.
El sistema de rastreo permitió reducir la zona de búsqueda hasta aproximadamente dos kilómetros, pero el equipo necesitó más de cinco horas para encontrar finalmente el dispositivo.
Cuando recuperaron el iPhone, la sorpresa fue comprobar que seguía funcionando. Los responsables del récord verificaron que podía encenderse y apagarse, realizar llamadas y tomar fotografías. Además, el exterior del teléfono no presentaba daños visibles.
El récord Guinness ha quedado registrado oficialmente como el mayor lanzamiento de un teléfono móvil dentro de una funda sobre formaciones naturales.
El resultado convierte una campaña publicitaria bastante peculiar en una demostración extrema de resistencia.