Científicos chinos desarrollan un microelectrodo estirable y flexible que puede adaptarse dinámicamente al movimiento del cerebro

Un cable que tiene que leer tus pensamientos, pero que, al mínimo movimiento de cabeza, se desconecta o daña el tejido cerebral. Ese ha sido el gran quebradero de cabeza hasta hoy.
Seguramente has oído hablar hasta la saciedad de Elon Musk y su viral Neuralink. Si bien ha sido todo un éxito, a su manera, ha tenido que lidiar con ciertos problemas que no muchos conocen.
Este sistema tiene un fallo y es que el cerebro humano no es una pieza de nuestro cuerpo precisamente simple y se mueve constantemente dentro del cráneo. Científicos chinos del Instituto de Investigación Cerebral de Beijing se han dado cuenta de que no basta con que los electrodos sean flexibles; tienen que ser, sobre todo, estirables.
Si el cerebro late y el cable no se estira con él, este desarrollo poco tiene de funcional, e incluso podría causar cicatrices en las neuronas.
Este equipo, liderado por la investigadora Fang Ying, acaba de publicar en Nature Electronics lo que se podría llamar el Santo Grial de las interfaces cerebro-computadora (BCI).
Han creado un microelectrodo que se adapta al movimiento de nuestro cerebro. Hasta ahora, los electrodos convencionales, usados en parte por Neuralink y otras empresas americanas, solían sufrir lo que los expertos llaman retracción.
En pocas palabras, el electrodo se salía de su sitio porque el cerebro se movía para un lado y el cable, anclado al cráneo, tiraba para el otro.
Sin ir más lejos, cuando Musk implantó su primer chip en un humano, el 85% de los canales dejaron de funcionar a las pocas semanas porque los cables se retrajeron. Los científicos chinos han cogido ese tipo de casos para darle forma a toda una nueva generación de chips.
¿Por qué este diseño chino hace que Neuralink parezca tecnología antigua?
Que realmente funcione todo este sistema es gracias a su estructura en espiral. Es muy fino, casi invisible, por lo que su rigidez es casi inexistente. Lo que han hecho estos investigadores es diseñar el electrodo de forma que, cuando el cerebro se mueve, el cable no se estira sufriendo tensión, sino que simplemente se desenrolla o se retuerce.
Esa delicadeza es la que evita que el cuerpo detecte el implante como algo que no debería estar ahí y provoque inflamación o esas cicatrices que acaban taponando la señal eléctrica.
El equipo de Fang Ying lo ha probado en monos, y los resultados son bastante positivos. Han conseguido implantar una matriz de 1.024 canales, que es la misma densidad que el chip de Musk, y las señales se mantienen estables a largo plazo. No hay tirones, no hay pérdida de conexión y, sobre todo, el cerebro del animal no rechaza el dispositivo.
Por el momento, el proyecto sigue su curso, aunque, como siempre, todavía hacen falta muchas pruebas. La gran ventaja para este país asiático es que todo este desarrollo ha sido incluido por el gobierno chino en las recomendaciones para su 15.º Plan Quinquenal.
Esto significa que hay mucho dinero, recursos y una estrategia muy bien creada para conseguir adelantar por la derecha a EEUU. Siguiendo la estela de otras novedades en tecnología, ellos juegan a largo plazo, aprendiendo en parte de los errores del resto, dando pie así a un desarrollo estable, sin grieta y, sobre todo, sin que genere problemas a corto o largo plazo en los seres humanos.

Carolina González
Redactora
Carolina González, redactora de actualidad, reportajes a fondo, análisis de todo tipo de productos y vídeos para el canal de Youtube.

