Dame Pamela Shaw, especialista en ELA: "Nunca he visto a un teleadicto sufrir de enfermedades de la neurona motora"

La enfermedad aparece con mucha más frecuencia en personas que han sido muy activas físicamente a lo largo de su vida, incluidos atletas profesionales, que en personas sedentarias.
Solemos asociar el deporte de alto rendimiento con una buena y excelente salud, pero la evidencia clínica reciente sugiere que para ciertos perfiles genéticos el esfuerzo extremo puede ser letal.
La profesora Pamela Shaw, neuróloga y directora del instituto SITraN, ha lanzado una advertencia basada en décadas de observación médica. Según recoge el diario The Telegraph, Shaw asegura que rara vez encuentra pacientes sedentarios o "teleadictos" en su consulta de enfermedades de la neurona motora (ELA).
Por el contrario, el perfil habitual es el de personas hiperactivas, deportistas constantes e incluso atletas de élite. El ejercicio no es la causa única, sino el detonante que activa una carga genética oculta.
El mecanismo del gen C9orf72
Para entender por qué el deporte puede volverse contra ti, hay que mirar al gen C9orf72. Todo ser humano tiene dos copias de este gen, pero en los casos estudiados por el equipo de Shaw, una de ellas presenta una alteración.
Se puede ver esto como un fallo en la resistencia de materiales del sistema nervioso. Si portas esta mutación, tus neuronas motoras tienen un umbral de tolerancia al estrés mucho más bajo.
Por ejemplo, si llevas una vida sedentaria, es probable que nunca alcances ese punto de ruptura y tus neuronas permanezcan intactas.
Sin embargo, si eres un atleta de alto rendimiento, sometes al sistema a una presión continua que estas células defectuosas no pueden reparar. Estás forzando una maquinaria que, genéticamente, no estaba preparada para ese nivel de exigencia.
El caso de los gemelos idénticos
La prueba más contundente de esta teoría reside en un caso clínico de gemelos idénticos analizado por la especialista Pamela Shaw. Ambos hermanos compartían la misma alteración en el gen C9, pero llevaban estilos de vida opuestos.
Uno de ellos era un triatleta que entrenaba a diario llevando su cuerpo al límite; desarrolló la enfermedad a los 30 años y falleció poco después. Su hermano gemelo, por el contrario, era una persona totalmente sedentaria que no realizaba actividad física.
Doce años después de la muerte del primero, este seguía vivo y sin síntomas. Cabe señalar que este contraste radical demuestra que la genética carga el arma, pero es el estrés físico intenso y continuado el que aprieta el gatillo.
A partir de este experimento, el instituto SITraN ha trasladado estas observaciones al laboratorio para aislar las variables. Los investigadores introdujeron el gen C9 humano en moscas de la fruta y las obligaron a realizar ejercicio físico intenso, haciéndolas escalar repetidamente una torre de vidrio.
Los resultados confirmaron la hipótesis. Mientras que las moscas normales aumentaban su fuerza y esperanza de vida con el ejercicio, las moscas portadoras de la mutación sufrían un deterioro acelerado y morían prematuramente.
Existe evidencia masiva en esquiadores y militares
Un estudio realizado en Suecia sobre los participantes de la Vasaloppet, la carrera de esquí de fondo más larga del mundo, reveló que los esquiadores con múltiples participaciones tenían un riesgo mucho mayor de desarrollar la enfermedad que los aficionados.
De igual forma, estadísticas del ejército de Estados Unidos muestran que el personal militar tiene una probabilidad cuatro veces mayor de sufrir ELA en comparación con la población civil.
El denominador común en ambos grupos es un régimen de entrenamiento físico extenuante que empuja al sistema motor más allá de sus límites habituales. No obstante, esto no implica que debas abandonar la actividad física.
La profesora Shaw es tajante al afirmar que el ejercicio moderado sigue siendo un protector fundamental para la salud de la inmensa mayoría de la población. El hallazgo, sin embargo, abre la puerta a una medicina preventiva real.
En el futuro, un análisis genético podría determinar no solo tu dieta ideal, sino la dosis exacta de esfuerzo físico que tu cuerpo puede tolerar antes de que el deporte deje de ser saludable y se convierta en un factor de riesgo neurológico.

