Después de más de medio siglo, la Voyager 1 aún tiene 74.000 años por delante hasta llegar a la estrella más cercana

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Próxima Centauri, la estrella más cercana al Sol, está a 4,24 años luz. La sonda Voyager, tras décadas viajando, apenas ha cubierto un "día-luz" y tardaría miles de años en llegar.
Después de casi medio siglo viajando sin pausa, Voyager 1 continúa alejándose del Sol a más de 61.000 kilómetros por hora. Este dato es impresionante si lo comparamos con el tamaño real del espacio.
Y es que después de 48 años de trayectoria, la sonda de la NASA ni siquiera ha recorrido una distancia equivalente a un solo día-luz. Ese contraste revela la escala del universo mejor que cualquier cifra teórica.
Aunque mantiene una velocidad constante, a ese ritmo todavía necesitaría unos 74.000 años más para alcanzar la estrella más cercana. Esto explica por qué Voyager 1 es una hazaña colosal a escala humana, pero diminuta frente al tamaño del cosmos.
Qué es Voyager 1 y por qué sigue siendo relevante
Cabe mencionar que Voyager 1 despegó el 5 de septiembre de 1977, cuya misión inicial era sobrevolar Júpiter y Saturno para obtener imágenes, estudiar atmósferas, medir radiación, así como analizar los campos magnéticos de los planetas gigantes.
Sin embargo, lo sorprendente es que la sonda superó su función primaria, escapó de la influencia del viento solar en 2012 y se convirtió en el primer objeto humano situado en espacio interestelar.
Casi cinco décadas después, continúa operativa gracias a generadores termoeléctricos que alimentan sus sistemas esenciales y la antena de gran ganancia con la que sigue transmitiendo datos.
De hecho, los instrumentos aún recogen información valiosa, como densidad de partículas, fluctuaciones del campo magnético, niveles de radiación y comportamiento del entorno interestelar.
Su electrónica, diseñada con tecnología de los setenta, no puede compararse con la de un móvil moderno de alta gama o un superordenador; sin embargo, sigue cumpliendo su propósito.
Por otro lado, la durabilidad es sorprendente, ya que la distancia alcanzada contextualiza el reto, donde más de 61.000 km/h permiten escapar del sistema solar, pero no acercarse de forma rápida a ninguna estrella cercana.
Por ese motivo la referencia siempre termina en el mismo punto. Proxima Centauri, a 4,24 años-luz, es la estrella más próxima al Sol. Si Voyager 1 estuviera orientada hacia ella —que no lo está— tardaría unos 74.000 años en llegar con su velocidad actual.
Esta estrella forma parte del sistema Alpha Centauri y concentra interés científico por sus exoplanetas, uno de ellos potencialmente rocoso, que funciona como referencia comprensible para medir lo lejos que estamos del viaje interestelar real.
Dónde está la sonda y cómo seguir su recorrido
Es importante mencionar que la NASA mantiene un visualizador 3D en el que se pueden observar las trayectorias de Voyager 1 y Voyager 2 en tiempo casi real. Allí se muestra su posición estimada respecto al Sol, los planetas y el límite del viento solar.
Verlo ayuda a dimensionar lo que las cifras no explican con la misma claridad: la sonda avanza sin pausa, pero la escala del espacio exterior hace que ese avance parezca mínimo. Cada año se aleja más, pero el mapa sigue siendo descomunal.
Voyager 1 no fue diseñada para llegar a una estrella, sino para ampliar las fronteras de medición del ser humano. El valor está en los datos que sigue enviando desde un entorno que ninguna otra misión ha alcanzado.
Su trayectoria demuestra que podemos salir del vecindario solar, aunque cruzarlo hacia otro sistema estelar siga fuera del alcance de la tecnología actual. Con el tiempo, nuevas formas de propulsión tendrán que sustituir el modelo que empuja a Voyager desde 1977.
Pero por ahora, se sigue observando el viaje más lejano jamás emprendido por una sonda humana, sabiendo que su destino es seguir alejándose durante miles de generaciones.

