El emperador chino Qianlong estampaba su sello en todo lo que le gustaba: destrozó cientos de obras de arte

Salvó miles de obras literarias, pero quemó otros tantas que no le gustaban. El emperador chino Qianlong marcó la cultura del país.
Seguramente es el gobernante más popular de China, y uno de los que más influyó en la formación del país, tanto desde un punto de vista militar como económico y artístico. Además, el emperador Qianlong, de la dinastía Quing, era un fanático de los sellos, tenía más de 1.800. Y los estampaba en todo lo que era de su agrado. Varias veces, y con diferentes sellos. Así “destrozó” miles de pinturas y caligrafías, aunque también salvó otras tantas.
El emperador Qianlong gobernó China entre 1735 y 1796, nada menos que 61 años. Se retiró para no superar el reinado de su abuelo, porque lo consideraba una falta de respeto. Falleció en 1799, a los 87 años de edad. Fue extremadamente longevo para su época.
Qianlong es uno de los gobernantes más influyentes de China. Durante su imperio la población se duplicó, con ayuda de nuevos cultivos provenientes de América, como el boniato o el maiz, pasando de 150 a 300 millones de habitantes. Cuando se convirtió en emperador emérito, uno de cada tres habitantes de la Tierra era chino.
La obsesión por los sellos del emperador Qianlong
Fue también un brillante militar. Ganó diez importantes campañas, que ampliaron el territorio de China hasta casi los límites actuales. En uno de los sellos que usaba ponía “El anciano de las Diez Grandes Campañas”.
El emperador Qianlong era un apasionado del arte. Él mismo escribió 42.000 poemas. Es recordado por poner en marcha la Siku Quanshu, la Biblioteca de los Cuatro Tesoros. Más de 15.000 copistas copiaron 36.000 volúmenes, 3.450 obras completas de los mejores autores de la historia de China.
Gracias a eso se han conservado miles que se habrían perdido. Pero este logro tiene su reverso oscuro. Durante la recopilación de las mejoras obras, se practicó una inquisición cultural: se quemaron miles de escritos que hablaban mal del emperador o que, consideraba, iban en contra de su dinastía. Docenas de escritores y artistas fueron decapitados, y si habían muerto antes de ser acusados, desenterraban sus cadáveres y los despedazaban.

El emperador Qianlong dedicó toda su vida a comprar obras de arte para la Colección Imperial, o las encargaba a los artistas de la época. Y aquí reside otra de sus polémicas. A todas las obras que añadía a la Colección Imperial les ponía uno o varios de sus sellos, y si le entusiasmaban, lo estampaba varias veces en distintos lugares. En la obra “Cinco bueyes”, del pintor Han Huang, llegó a poner su sello en ocho ocasiones. Puedes verlo en la imagen anterior.
Qianlong tenía unos 1.800 sellos. Según cuenta el medio local South China Morning Post, todas sus colecciones de arte llevaban el sello qianlong yulan zhi bao, es decir, “el tesoro del reconocimiento imperial del emperador Qianlong”.
Para las piezas que más admiraba, utilizaba sellos como yi zisun, “digno de la posteridad” o sanxitang, “el Salón de las Tres Raridades”, su sala del tesoro personal. Además poseía sellos que reflejaban sentimientos, como admiración, sorpresa, tristeza, etc.
Hay que decir que en China era una tradición estampar sellos en las obras de arte y las caligrafías ya desde mil años antes del emperador Qianlong. Lo hacían los propios artistas para firmar, los dueños de las obras, y los coleccionistas. Con el paso de los siglos se podían acumular más de una docena en un solo pergamino, como se ve en las fotos.
Entre los expertos, hay división de opiniones. Los amantes del arte lo ven como una aberración, porque estropean la composición de la pintura, y en muchos casos se estampaban en la propia caligrafía.
Para los historiadores en un tesoro, porque permite saber cómo esa obra fue pasando de mano en mano, y a quién perteneció. A los coleccionistas también les gusta, porque sirve para descifrar si una obra es auténtica, e incluso vale más si lleva el sello de la realeza.
El emperador Qianlong coleccionó miles de obras, y su sello está en todas ellas. Una mutilación para algunos, un trozo de historia para otros.

