Investigadores encuentra el laboratorio de un alquimista medieval y descubren un elemento sorprendente

¿Qué secretos guardaba el laboratorio de Tycho Brahe? Un hallazgo inesperado en los restos de su observatorio podría cambiar lo que sabemos sobre la alquimia y la medicina medieval.
Tycho Brahe es conocido principalmente por su legado en la astronomía, pero su faceta como alquimista ha capturado la atención de un equipo de investigadores. Gracias a recientes descubrimientos en su laboratorio, ubicado en el sótano de su observatorio Uraniborg en la isla de Ven (Suecia actual), se ha desvelado que Brahe empleaba sustancias desconocidas en su época.
Entre los elementos analizados, uno en particular ha sorprendido a los científicos: el wolframio, un metal que no se identificaría formalmente hasta el siglo XVIII.
La investigación publicada en Heritage Science, liderada por la Universidad del Sur de Dinamarca y el Museo Nacional de Dinamarca, analizó fragmentos del laboratorio de Brahe hallados en las excavaciones del jardín de su observatorio.
Los análisis realizados revelaron la presencia de varios metales comunes en las mezclas alquímicas, como el cobre, zinc y antimonio, pero el hallazgo de wolframio generó preguntas intrigantes sobre las prácticas de Brahe y su visión de la alquimia.
¿Qué hacía el wolframio en el laboratorio de Brahe?
El wolframio es un elemento químico que se clasifica en el siglo XVIII, lo que hace difícil explicar su presencia en el taller de Brahe. Kaare Lund Rasmussen, especialista en arqueometría de la Universidad del Sur de Dinamarca, planteó varias teorías.
Aunque este metal podría haber llegado al laboratorio a través de minerales naturales, también se especula que Brahe tenía acceso a una “sustancia secreta” que contenía este elemento, quizás para mejorar sus fórmulas medicinales.
Este descubrimiento sugiere que Brahe, conocido también por sus elixires medicinales, estaba en contacto con prácticas químicas avanzadas que influirían en sus preparaciones para la élite europea.
La conexión entre el wolframio y los medicamentos de la época puede parecer extraña, pero es posible que este alquimista explorara cada elemento en busca de propiedades terapéuticas y místicas, integrando sus conocimientos sobre la naturaleza y el cosmos en sus experimentos.

Para Tycho Brahe, la alquimia y la astronomía no estaban separadas; ambos campos eran reflejos de su visión del universo. Según el investigador danés Poul Grinder-Hansen, Brahe creía en una relación profunda entre los astros, los elementos de la Tierra y los órganos del cuerpo humano.
Esta percepción justificaba la mezcla de elementos en sus medicamentos, que incluían desde mercurio y oro hasta opio y hierbas.
Los alquimistas de la época solían asignar a cada órgano humano un elemento específico: el oro, por ejemplo, se asociaba al corazón y al Sol, mientras que la plata se vinculaba con el cerebro y la Luna. Aunque el rol del wolframio en este esquema es aún incierto, podría haber sido incluido en alguna mezcla experimental de Brahe, ampliando su conexión entre la medicina y el universo.
Las “recetas secretas” de Tycho Brahe eran conocidas, aunque nunca compartió los ingredientes completos. Su reputación como sanador creció cuando elaboró un famoso remedio contra la peste, que llegó a incluir hasta 60 ingredientes. Brahe, como otros alquimistas, protegía su fórmula como un bien preciado, mezclando ingredientes con significados alquímicos y propiedades curativas.
El descubrimiento del wolframio plantea la posibilidad de que este elemento formara parte de alguna de esas recetas ocultas.