El plan radical de un investigador para salvar el planeta es detonar una bomba nuclear bajo el mar

Computer Hoy/Pixabay

Un investigador propone detonar una bomba nuclear en el fondo marino para acelerar la captura de CO₂ y combatir el cambio climático, desatando un debate global.

En la lucha contra el cambio climático, algunas ideas se salen de los límites de lo convencional. Una de las más extremas proviene del investigador Andy Haverly, del Rochester Institute of Technology, quien plantea usar una explosión nuclear submarina como herramienta geológica para acelerar la captura de carbono

La propuesta sugiere que, al detonar una bomba de hidrógeno bajo el fondo marino rico en basalto, se podría potenciar un proceso natural conocido como meteorización mejorada de rocas (Enhanced Rock Weathering, o ERW), que atrapa dióxido de carbono de la atmósfera. 

Esta teoría mezcla ciencia climática, energía nuclear y geología en una fórmula tan polémica como ambiciosa.

La arriesgada propuesta de un investigador para frenar el cambio climático

El lugar elegido por Haverly es la remota meseta de Kerguelen, en el Océano Austral, a varios kilómetros bajo la superficie marina. Allí, el basalto abunda, y es justamente este tipo de roca el que, al fracturarse y exponerse al agua, puede reaccionar químicamente con el CO₂, fijándolo durante miles de años. 

La explosión, según sus cálculos, pulverizaría el basalto y expondría enormes superficies al proceso de meteorización forzada, lo que permitiría absorber toneladas de carbono en un plazo relativamente corto.

El plan se inspira parcialmente en el olvidado Proyecto Ploughshare, un programa estadounidense de la Guerra Fría que entre los años 50 y 70 investigó las explosiones nucleares en entornos no dañinos. 

Aquella iniciativa pretendía emplear detonaciones atómicas para abrir canales, excavar minas o construir puertos. Uno de sus experimentos más recordados, la prueba "Sedan" de 1962, dejó un cráter de casi 400 metros de ancho en el desierto de Nevada. Aunque los resultados fueron técnicamente interesantes, la contaminación y la presión social acabaron enterrando el proyecto para siempre.

A diferencia del enfoque de Ploughshare, la propuesta de Haverly busca un beneficio climático directo. Asegura que la radiación liberada se mantendría en niveles locales, absorbida en gran parte por el propio basalto. 

Además, defiende que el impacto radiológico sería mínimo comparado con los daños del calentamiento global, que amenaza con desplazar a millones de personas, elevar el nivel del mar y provocar desastres climáticos cada vez más frecuentes.

Por supuesto, no todo el mundo ve con buenos ojos esta idea. Aunque el investigador afirma que los efectos inmediatos serían controlados y que la pérdida de vidas humanas sería prácticamente nula, reconoce que existiría un impacto a largo plazo sobre el medio ambiente y las personas

Aun así, lo relativiza: "Cada año emitimos más radiación procedente de las centrales eléctricas carbón y ya hemos detonado más de 2.000 artefactos nucleares", argumenta en su estudio publicado en la plataforma arXiv. En su visión, frente a una amenaza existencial como el cambio climático, este tipo de medidas deberían al menos ser consideradas.

La geoingeniería es un campo polémico, y esta propuesta en particular despierta temores comprensibles sobre posibles daños colaterales, contaminación marina y la peligrosa normalización del uso de armas nucleares, incluso con fines supuestamente pacíficos.

Además, existe un debate científico sobre la eficacia real de la meteorización forzada a gran escala. Si bien ya se investiga su aplicación en suelos agrícolas o regiones volcánicas, llevarla al fondo del océano con explosivos plantea más incógnitas que certezas. 

Otros artículos interesantes:

Más información sobre: