Richard Restak, neurocientífico, contradice un consejo clásico de Platón: "Recomiendo a mis pacientes de 65 años abstinencia total"

Richard Restak, neurocientífico, contradice un consejo clásico de Platón: "Recomiendo a mis pacientes de 65 años abstinencia total"
Richard Restak y Platón.Freepik.

Según el filósofo clásico, maestro de Aristóteles, el vino era un regalo del dios Dionisio para que los seres humanos pudiesen llevar la senectud con cierta dignidad.

Según Platón, recurrir cada vez con más frecuencia al dios Baco a medida que se envejece, es una costumbre plenamente recomendable. Es decir, tomar vino. El filósofo ateniense lo expresó con total naturalidad en muchas de sus obras, como en sus célebres Leyes. Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo. Entre ellos, Richard Restak, un neurocientífico que opina todo lo contrario. 

Para Restak, los ancianos deben caracterizarse por lleva una vida abstemia. Sobre todo una vez han pasado los 65 años de edad. Eso es lo que él recomienda a todos sus pacientes, como ha reiterado en unas recientes declaraciones. Sus argumentos parecen inapelables, como en su día también lo fueron los de Platón. Así que el debate, por qué no reconocerlo, está servido.

El neurocientífico Richard Restak contradice a Platón

El filósofo Platón escribió en sus Leyes (concretamente en el Libro II de las mismas), que los ancianos tienden a perder el "calor" y la vivacidad propios de la juventud. O lo que es lo mismo, acostumbran a volverse más hoscos, rígidos y melancólicos. Ya se sabe, aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Un buen remedio para todo eso, decía él, es el vino.

¿Por qué? Para Platón el consumo de vino, siempre que sea de manera ordenada, reaviva el ánimo, da vigor, mejora el carácter y facilita la conversación. En especial cuando uno sufre irremediablemente los achaques propios de la vejez. De hecho, Dionisio habría entregado el vino como un remedio a los humanos para poder sobrellevar mejor la senectud.

Para el neurocientífico Richard Restak, en cambio, sucede todo lo contrario. Él mismo lo ha dejado claro al opinar hace poco sobre el tema: “Recomiendo a mis pacientes de 65 años abstinencia total”, dice el científico. Su argumento no tiene demasiado misterio: el alcohol es una neurotoxina, recuerda, y por lo tanto se trata de una sustancia que afecta negativamente a las neuronas.

Para él lo importante es el cerebro. Con el paso de los años, este reduce la plasticidad neuronal, y es por eso por lo que generalmente se produce el deterioro cognitivo. En ese contexto, el alcohol interfiere en la comunicación sináptica y puede afectar a la memoria o al juicio, dice Restak. Así que su recomendación es rotunda: nada de alcohol, ni siquiera en cantidades moderadas.

Dos formas de entender las cosas

Montaje/Pexels/Freepik

Por supuesto, en la Grecia de Platón no sabían nada acerca de la neurotoxicidad a la que se refiere Richad Restak… aunque quizá tampoco lo necesitaran. En lugar de medir los efectos del vino (del alcohol, vaya) desde un punto de visto puramente científico, su perspectiva resultaba más amplia y filosófica: desde la ética de su consumo hasta sus consecuencias sociales y psicológicas.

Al final, seguramente no exista una respuesta correcta, tal vez porque quizá las dos lo sean. Como suele suceder en la vida, al final todo tiende a reducirse a dos cosas: gustos y prioridades. Y eso no cambia por ser joven, adulto... o tener más de 65 años.

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