Tres puntos rojos sin ninguna explicación: la NASA en alerta ante un misterio que cambia todas las teorías sobre el Universo

James Webb
James Webb detecta un grupo de objetos extraños en el Universo cercanoImagen generada con IA

Han sido catalogados como una nueva clase de objetos cósmicos que viajan a 1.000 km/s y que no cuadran con estrellas cercanas, galaxias u otros fenómenos del Universo conocidos.

El telescopio espacial James Webb ha detectado una población de objetos en el universo que los astrónomos no saben cómo clasificar. Son puntos diminutos, extremadamente rojos y situados en una época en la que el cosmos tenía menos de 1.500 millones de años.

Los expertos afirman que no se comportan como galaxias normales ni como los núcleos activos que se conocen en el universo cercano, es por esta razón que han sido bautizados como little red dots. Ahora se intenta entender qué procesos físicos están detrás de este fenómeno nunca antes visto.

El problema no es que hayan aparecido tres o cuatro casos, sino que se han identificado cientos de estos objetos repasando datos públicos del Webb en campos profundos como CEERS, JADES o NGDEEP.

Cabe señalar que el análisis espectroscópico ha revelado que alrededor del 70% de una muestra estudiada hay gas moviéndose a velocidades cercanas a los 1.000 kilómetros por segundo. Este dato apunta directamente a la presencia de un agujero negro masivo en el centro, atrayendo materia a gran velocidad.

La pregunta que se plantean ahora los científicos es, ¿son galaxias compactas donde el brillo está dominado por un agujero negro en crecimiento rápido, o hay otra explicación que todavía no se ha considerado?

Una nueva clase de objetos cósmicos

Los puntos rojos aparecen como fuentes muy pequeñas en las imágenes del James Webb. Su color sugiere una combinación de distancia extrema y probablemente mucho polvo.

Para confirmar su naturaleza se han utilizado espectros obtenidos con programas como RUBIES. Estos espectros descomponen la luz y permiten medir líneas de emisión del gas.

Han aparecido líneas ensanchadas y desplazadas, típicas de material orbitando a gran velocidad alrededor de un objeto masivo. Sin embargo, eso no es lo que se vería en una región normal de formación estelar.

El telescopio espacial de la NASA tiene ventajas importantes para este tipo de estudios, y es que su sensibilidad en infrarrojo le permite captar objetos muy lejanos y oscurecidos por polvo que otros telescopios no detectan.

Además, su espectrógrafo puede caracterizar la composición química y la dinámica del gas con precisión suficiente para distinguir entre galaxias normales y núcleos activos.

Una señal procedente del Universo cercano

El indicador más claro está en las velocidades del gas. Las mediciones muestran movimientos del orden de 1.000 kilómetros por segundo, consistentes con material cayendo hacia un agujero negro supermasivo, lo que desvela que no es el comportamiento esperado en una galaxia dominada únicamente por estrellas.

Además, estos objetos no tienen equivalentes claros en el universo cercano. Eso sugiere que representan una fase corta en la evolución de ciertas galaxias, algo que solo ocurre en momentos específicos del crecimiento del agujero negro central. Después de esa fase, el objeto cambia de aspecto o desaparece de esta categoría.

La interpretación más directa es que el sistema empieza muy compacto, envuelto en gas y polvo que oculta parte de la luz y produce ese color rojo intenso. Con el tiempo, la actividad del núcleo y la formación estelar reorganizan el entorno, el material se dispersa y el objeto deja de verse así.

Los primeros resultados del Webb generaron titulares sobre galaxias "demasiado masivas" para su época. Si se atribuye todo el brillo a estrellas, se necesita masas estelares muy grandes en un momento en que el universo apenas había formado estructuras. Eso crea tensión con los modelos estándar.

Además, los puntos rojos ofrecen una solución parcial, porque si parte importante de la luz procede de un agujero negro en crecimiento y no solo de estrellas, la masa estelar necesaria se reduce.

El problema pasa de ser "galaxias imposibles" a "agujeros negros muy activos en galaxias compactas", por lo que al final, se siguen quedando cuestiones abiertas, pero el marco cambia.

Sin embargo, hay detalles que no terminan de encajar, y es que muchos núcleos activos conocidos en el universo cercano son brillantes en rayos X, mientras que varios de estos puntos rojos son discretos en esa banda.

Una explicación posible es el fuerte oscurecimiento por gas y polvo, o geometrías distintas de emisión. Otra opción es que haya procesos físicos en ese rango de masa y tiempo cósmico que aún no se comprenden bien.

Las explicaciones que barajan los expertos

Los científicos manejan dos hipótesis principales. La primera plantea que son núcleos activos ocultos que dominan el brillo. El agujero negro estaría creciendo rápido, el gas que cae hacia él generaría la mayor parte de la luz y el entorno estaría cubierto lo suficiente como para explicar el color rojo y la emisión discreta en rayos X.

La segunda hipótesis habla de una evolución "de dentro a fuera". El sistema arrancaría como un núcleo compacto enterrado en material. Con el tiempo, la actividad del agujero negro y la formación estelar expulsan parte del gas y polvo, redistribuyen la luz y el objeto deja de parecer un punto rojo.

Existen también modelos más extremos que proponen estructuras híbridas, donde un agujero negro queda incrustado en una envoltura estelar masiva y genera una luz peculiar. Son ideas que intentan explicar casos especialmente raros, aunque todavía están lejos de confirmarse.

Como suele ocurrir en la ciencia, un patrón confuso rara vez se resuelve con una única explicación. Suele haber varias maneras de interpretar las observaciones y el equilibrio se decide con más datos y mejores comparaciones con simulaciones.

Recreación generada con IA

Cabe señalar que si se confirma que la mayoría de estos puntos rojos son agujeros negros en crecimiento rápido en el universo temprano, se gana una pieza importante del puzle.

Se pueden conectar esos núcleos jóvenes con los cuásares brillantes de épocas posteriores y con los agujeros negros supermasivos que hoy ocupan el centro de muchas galaxias.

El origen de los agujeros negros supermasivos es uno de los grandes problemas sin resolver de la cosmología. Los modelos tradicionales sugerían un crecimiento gradual a medida que las galaxias se ensamblaban, pero las observaciones muestran objetos muy masivos en épocas muy tempranas.

Eso obliga a plantear mecanismos de crecimiento más rápidos o semillas iniciales más grandes. De esta manera, los puntos rojos detectados por el James Webb de la NASA aportan datos concretos para probar esas ideas.

También refuerza el papel del telescopio como herramienta para estudiar la coevolución entre galaxias y agujeros negros. Su capacidad para detectar objetos tan compactos y lejanos con espectros detallados permite ver fases que antes quedaban fuera del alcance de cualquier instrumento.

Qué viene ahora

El caso avanza ahora hacia pruebas más rigurosas, por lo que los próximos pasos incluyen espectros más profundos de una selección representativa de objetos, seguimientos con otros observatorios para buscar emisión en rayos X o radio y comparaciones más finas con simulaciones que incorporen núcleos activos oscurecidos.

No cabe duda de que la astronomía se reajusta cuando aparecen datos en el Universo que no encajan. Cuando un instrumento abre una ventana nueva, aparecen objetos que antes estaban ocultas.

Ahora, el trabajo consiste en entender cómo encajan en el relato más amplio de la formación de estructuras y qué dicen sobre procesos físicos que ocurrieron hace más de 13.000 millones de años.

Los puntos rojos detectados por el James Webb representan un reto para los modelos actuales, pero también una oportunidad para afinar la comprensión de cómo crecieron los primeros agujeros negros del universo.

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