Wendy Suzuki, neurocientífica: "¿No eres persona sin un café nada más despertarte? Es posible que tu cerebro en realidad tenga sed"

Mujer tomando café en la cama
Mujer tomando una taza de caféFreepik / Computer Hoy

La necesidad de café al despertar no se debe a la cafeína, sino a la deshidratación tras horas de sueño, que reduce líquidos en el cerebro y ralentiza su actividad.

El consumo de café inmediatamente después de despertar es uno de los hábitos más comunes en el mundo. Millones de personas confían en la cafeína como el único mecanismo capaz de activar su sistema cognitivo tras el sueño.

Sin embargo, la comunidad científica ha comenzado a cuestionar la eficacia de este hábito. La doctora Wendy Suzuki, neurocientífica y profesora en la Universidad de Nueva York, advierte que la dependencia del café a primera hora responde a un diagnóstico erróneo de las señales fisiológicas.

Según su investigación, la sensación de lentitud mental, falta de concentración y bajo estado de ánimo al levantarse no son indicativos de un déficit de estimulantes, sino síntomas claros de deshidratación cerebral.

La tesis de Suzuki es sencilla, pero implica un cambio estructural en los hábitos dietéticos. Y es que el cerebro humano no pide cafeína al despertar, pide agua.

Cabe señalar que la confusión entre estos dos estados fisiológicos lleva a gran parte de las personas a tratar un problema de hidratación con una sustancia diurética, lo que a largo plazo compromete el rendimiento cognitivo en lugar de optimizarlo.

La fisiología del sueño y la pérdida de fluidos

Para comprender por qué el agua es crítica en los primeros minutos del día, es necesario analizar qué ocurre en el organismo durante la noche. Durante un ciclo de sueño de entre siete y ocho horas, el cuerpo humano no recibe ningún tipo de ingesta líquida, pero continúa perdiéndola.

Procesos vitales como la respiración —especialmente si se duerme con la boca abierta o en ambientes secos— y la transpiración provocan una pérdida constante de fluidos.

Al despertar, el cuerpo se encuentra técnicamente en un estado de deshidratación leve. Aunque esta carencia no representa un riesgo vital, sí tiene un impacto profundo en la función celular. El cerebro, compuesto en un alto porcentaje por agua, es extremadamente sensible a estas variaciones.

La doctora Suzuki explica que, ante la falta de líquido, el tejido cerebral puede experimentar una ligera contracción física, alejándose mínimamente de las paredes del cráneo. Este fenómeno físico altera la homeostasis del órgano y dificulta su funcionamiento óptimo.

Las neuronas se vuelven más lentas

Las neuronas no funcionan de manera aislada; se comunican a través de señales eléctricas. Para que esta transmisión de información —conocida como potencial de acción— ocurra, se requiere un entorno acuoso adecuado que permita el flujo de electrolitos como el sodio y el potasio a través de las membranas celulares.

Cuando el cerebro está deshidratado, la conductividad eléctrica se ve comprometida. La señalización entre neuronas se vuelve más lenta y requiere un mayor gasto energético para completarse.

En la práctica diaria, esto se manifiesta como una disminución en la velocidad de procesamiento, dificultades para retener información en la memoria de trabajo y una notable reducción en la capacidad de atención sostenida.

Esa sensación de bloqueo o lentitud al intentar realizar tareas complejas por la mañana es, en realidad, una respuesta fisiológica a un entorno neuronal con baja conductividad.

El error de interpretación del cerebro

La doctora Suzuki señala que el cerebro a menudo tiene dificultades para diferenciar la señal de sed de otras sensaciones como la fatiga general o el hambre. Al despertar con el sistema ralentizado por la falta de agua, el cerebro emite una señal de baja energía.

Ante esto, la respuesta de la mayoría de las personas es interpretar esa señal como cansancio, recurriendo inmediatamente al café. La cafeína actúa bloqueando los receptores de adenosina, lo que reduce la sensación de sueño, pero no soluciona el problema subyacente de la falta de fluidos.

Al beber café sin haberse hidratado previamente, el usuario fuerza a su cerebro a operar a un ritmo acelerado sin haber repuesto la materia prima necesaria para la transmisión eléctrica eficiente.

La propuesta de la doctora Suzuki y otros expertos no busca demonizar el consumo de café, que tiene beneficios probados en dosis moderadas, sino corregir la secuencia de ingesta. Se debe establecer un protocolo de rehidratación antes de la estimulación.

El método sugerido consiste en ingerir un vaso de agua completo (aproximadamente 250-300 ml) inmediatamente después de levantarse, antes de realizar cualquier otra actividad o consumir alimentos.

Este aporte hídrico rápido entra en el torrente sanguíneo y llega al cerebro, restaurando el volumen de los tejidos y facilitando el intercambio de electrolitos. Suzuki aconseja complementar esta primera toma con otro vaso de agua a media mañana y uno más por la tarde para mantener los niveles estables.

El cambio en la rutina genera efectos medibles en un plazo relativamente corto. Según la especialista de la Universidad de Nueva York, los individuos que adoptan la hidratación previa al café reportan una mejora en la estabilidad de sus niveles de energía.

Al eliminar el estrés fisiológico de la deshidratación, se reducen los picos y caídas bruscas de atención que suelen asociarse al consumo exclusivo de estimulantes. Además de la mejora cognitiva, una hidratación adecuada desde primera hora influye en la regulación del estado de ánimo.

La producción de neurotransmisores también dependen de un medio celular hidratado. En consecuencia, beber agua al despertar no solo prepara al cerebro para pensar con mayor claridad, sino que establece una base fisiológica para afrontar el estrés diario.

Cabe destacar que la neurociencia afirma que la mejor manera de despertar al cerebro no es mediante la química de la cafeína, sino a través de la física de la hidratación. El café puede seguir formando parte del desayuno, pero su lugar es siempre después del agua.

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